/ lunes 24 de febrero de 2020

Reforma fiscal, primera llamada

Los cambios fiscales llegaron antes, los requerimientos financieros del gobierno han impuesto una nueva ruta crítica.

La producción de petróleo durante enero generó el primer déficit para las finanzas públicas. De acuerdo con la Comisión Nacional de Hidrocarburos, en ese mes la producción alcanzó 1.724 millones de barriles diarios.

El lado positivo: es la mayor cantidad desde octubre de 2018. El adverso: está lejos de los 1.95 millones de barriles diarios con los que se elaboró el presupuesto 2020.

El saldo en contra es de 226 mil barriles diarios. También debe recordarse que el precio de la mezcla mexicana sufrió una reducción de 56 a 48 dólares en enero.

Además, la apreciación del peso en ese mes implicó una reducción de ingresos petroleros del sector público.

Por otra parte, falta conocer las cifras de ingresos tributarios por IVA e Impuesto Sobre la Renta, sin embargo, las cifras de empleo proporcionadas por el IMSS permiten adelantar que las noticias podrían ser poco favorables.

En enero el IMSS reportó el menor crecimiento de empleo en 10 años: al compararse con el primer mes de 2019 el incremento de los trabajadores asegurados fue de 316 mil: menos de 50 por ciento alcanzado un año antes.

¿Cuál será el impacto de la menor generación de empleo sobre la recaudación de IVA? De inicio se conoce que en 2019 el consumo privado promedió una tasa de crecimiento de únicamente 1 por ciento, menos de la mitad del registrado desde 2001.

Por su parte, el registro de patrones ante el IMSS durante el mes de enero mostró una heterogeneidad que podría repercutir en la recaudación del impuesto sobre la renta: las grandes empresas y los micronegocios de hasta cinco empleados siguen presentando una tendencia a la baja. Son las pequeñas y medianas empresas las que evitaron una contracción en este indicador.

¿Cuál será el efecto neto sobre la economía y la recaudación del Impuesto Sobre la Renta? La duda comenzará a develarse al final de febrero, cuando se presente la situación de las finanzas públicas del primer mes de 2020.

La recientes declaraciones del subsecretario de Hacienda y Crédito Público, así como la debilidad estructural de los ingresos tributarios permiten prever que el Gobierno de México ya está ponderando las alternativas.

En el corto plazo será complejo que ello llegue vía el crecimiento económico o la formalización de la economía, sería lo adecuado, pero es poco factible ante la ausencia de un programa de reactivación productiva: durante 2019 se tuvo que recurrir al ahorro dispuesto en el Fondo de Estabilización para cubrir los requerimientos de gasto e inversión del gobierno.

Por ello ya se adelantó parte de la estrategia: aumentar la recaudación proveniente del sector formal y eliminar la elusión fiscal.

Las grandes empresas están en el centro de la estrategia. Después el uso de efectivo: las facultades otorgadas a la autoridad fiscal se utilizarán para eliminar los incentivos a la elusión y evasión fiscal.

¿Cuál será el efecto sobre la economía? El resultado se observará durante el año, pero se puede adelantar que si la lógica es sólo recaudatoria y el sector privado no genera propuestas que favorezcan a la inversión, el resultado podría ser similar al registrado durante todas las décadas de los últimos 50 años: cambios fiscales restrictivos que terminaron por frenar la capacidad de crecimiento.

Los cambios fiscales llegaron antes, los requerimientos financieros del gobierno han impuesto una nueva ruta crítica.

La producción de petróleo durante enero generó el primer déficit para las finanzas públicas. De acuerdo con la Comisión Nacional de Hidrocarburos, en ese mes la producción alcanzó 1.724 millones de barriles diarios.

El lado positivo: es la mayor cantidad desde octubre de 2018. El adverso: está lejos de los 1.95 millones de barriles diarios con los que se elaboró el presupuesto 2020.

El saldo en contra es de 226 mil barriles diarios. También debe recordarse que el precio de la mezcla mexicana sufrió una reducción de 56 a 48 dólares en enero.

Además, la apreciación del peso en ese mes implicó una reducción de ingresos petroleros del sector público.

Por otra parte, falta conocer las cifras de ingresos tributarios por IVA e Impuesto Sobre la Renta, sin embargo, las cifras de empleo proporcionadas por el IMSS permiten adelantar que las noticias podrían ser poco favorables.

En enero el IMSS reportó el menor crecimiento de empleo en 10 años: al compararse con el primer mes de 2019 el incremento de los trabajadores asegurados fue de 316 mil: menos de 50 por ciento alcanzado un año antes.

¿Cuál será el impacto de la menor generación de empleo sobre la recaudación de IVA? De inicio se conoce que en 2019 el consumo privado promedió una tasa de crecimiento de únicamente 1 por ciento, menos de la mitad del registrado desde 2001.

Por su parte, el registro de patrones ante el IMSS durante el mes de enero mostró una heterogeneidad que podría repercutir en la recaudación del impuesto sobre la renta: las grandes empresas y los micronegocios de hasta cinco empleados siguen presentando una tendencia a la baja. Son las pequeñas y medianas empresas las que evitaron una contracción en este indicador.

¿Cuál será el efecto neto sobre la economía y la recaudación del Impuesto Sobre la Renta? La duda comenzará a develarse al final de febrero, cuando se presente la situación de las finanzas públicas del primer mes de 2020.

La recientes declaraciones del subsecretario de Hacienda y Crédito Público, así como la debilidad estructural de los ingresos tributarios permiten prever que el Gobierno de México ya está ponderando las alternativas.

En el corto plazo será complejo que ello llegue vía el crecimiento económico o la formalización de la economía, sería lo adecuado, pero es poco factible ante la ausencia de un programa de reactivación productiva: durante 2019 se tuvo que recurrir al ahorro dispuesto en el Fondo de Estabilización para cubrir los requerimientos de gasto e inversión del gobierno.

Por ello ya se adelantó parte de la estrategia: aumentar la recaudación proveniente del sector formal y eliminar la elusión fiscal.

Las grandes empresas están en el centro de la estrategia. Después el uso de efectivo: las facultades otorgadas a la autoridad fiscal se utilizarán para eliminar los incentivos a la elusión y evasión fiscal.

¿Cuál será el efecto sobre la economía? El resultado se observará durante el año, pero se puede adelantar que si la lógica es sólo recaudatoria y el sector privado no genera propuestas que favorezcan a la inversión, el resultado podría ser similar al registrado durante todas las décadas de los últimos 50 años: cambios fiscales restrictivos que terminaron por frenar la capacidad de crecimiento.