/ miércoles 6 de noviembre de 2019

Rendición de cuentas en alcaldías

Por: Gabriela Salido

En el Congreso de la Ciudad de México terminó la glosa del Primer Informe de la Jefa de Gobierno, por lo que en el Recinto de Allende y Donceles inició la “pasarela” de los 16 alcaldes para rendir cuentas de la forma como gastaron el presupuesto, y para presentar los proyectos a desarrollar el próximo año.

La curva de aprendizaje en algunos casos fue más que evidente y costosa para el erario; no es lo mismo hacer politiquería que ser servidor público y desempeñar el encargo mediante la correcta administración de los recursos humanos, materiales y financieros.

Todos los Alcaldes y Alcaldesas manifestaron sus esfuerzos de ahorro, con medidas de austeridad dictadas desde el Gobierno Federal; sin embargo, la moderación económica mal entendida también puede traducirse en deficiencias en la operación o atención ciudadana.

El tiempo empleado en el despacho de trámites en áreas de atención como Ventanilla Única, la Oficialía de Partes o la Dirección General de Asuntos Jurídicos de cada alcaldía, por ejemplo, trae como consecuencia la generación de derechos o responsabilidades que pueden ser tan terribles como la corrupción misma.

Un indicador importante fue el avance en la evolución del gasto, donde algunas Alcaldías presentan un retraso tal que resulta inevitable la conclusión del año con subejercicio, como son los casos de Álvaro Obregón, Coyoacán y Magdalena Contreras, y aún así solicitaron incrementos a su presupuesto del próximo año. Iztapalapa, aunque su titular tiene experiencia, también cayó en subejercicio.

En contraste, las alcaldías de Benito Juárez, Venustiano Carranza y Cuauhtémoc mostraron un ejercicio oportuno del gasto y proyectos de infraestructura con un grado de avance importante.

La pregunta es, ¿qué debe hacer el legislativo ante estas circunstancias?

En estricto apego al propósito de un ejercicio de transparencia, como lo son estas reuniones de trabajo en el Congreso de la CDMX, el legislador deberá evaluar los resultados por Alcaldía, que aunados a un diálogo franco con los y las titulares, el calado e impacto de los proyectos desarrollados, así como sus propuestas para 2020, podrán proporcionar un criterio para incrementar, o no, el presupuesto.

Lo anterior, naturalmente, considerando el piso parejo que pretende proporcionar la fórmula de asignación presupuestal determinada por la Secretaría de Finanzas, y con esto lograr un reparto justo de los recursos a fin de impulsar a las alcaldías a mantener finanzas sanas con objetivos claros.

En la realidad, empero, esto no es así. Dejando claro que la falta de experiencia de los titulares de estas alcaldías es un problema, el segundo obstáculo al que se enfrentan los gobiernos más cercanos a la ciudadanía son servidores públicos sin experiencia en cargos comprometidos, en algunos casos, por acuerdos políticos o cuotas asignadas en las estructuras, pero con desconocimiento de funciones sustantivas.

¿En qué deriva esto? En que la buena intención del legislador se vea minimizada y, por el contrario, que el presupuesto se vuelva un recurso no aprovechado o desperdiciado por mantener la paz en los grupos de poder que hoy controlan la mayoría de las Alcaldías en la Ciudad de México.

Otro factor a reflexionar, por último, es la autonomía de gestión y presupuestal que aún no puede desarrollarse en su totalidad, hecho que se volvió en algunos casos el pretexto perfecto para justificar la incapacidad de atención en materias tan delicadas como la seguridad.

Así las cosas y con este escenario veremos como termina el año.

Por: Gabriela Salido

En el Congreso de la Ciudad de México terminó la glosa del Primer Informe de la Jefa de Gobierno, por lo que en el Recinto de Allende y Donceles inició la “pasarela” de los 16 alcaldes para rendir cuentas de la forma como gastaron el presupuesto, y para presentar los proyectos a desarrollar el próximo año.

La curva de aprendizaje en algunos casos fue más que evidente y costosa para el erario; no es lo mismo hacer politiquería que ser servidor público y desempeñar el encargo mediante la correcta administración de los recursos humanos, materiales y financieros.

Todos los Alcaldes y Alcaldesas manifestaron sus esfuerzos de ahorro, con medidas de austeridad dictadas desde el Gobierno Federal; sin embargo, la moderación económica mal entendida también puede traducirse en deficiencias en la operación o atención ciudadana.

El tiempo empleado en el despacho de trámites en áreas de atención como Ventanilla Única, la Oficialía de Partes o la Dirección General de Asuntos Jurídicos de cada alcaldía, por ejemplo, trae como consecuencia la generación de derechos o responsabilidades que pueden ser tan terribles como la corrupción misma.

Un indicador importante fue el avance en la evolución del gasto, donde algunas Alcaldías presentan un retraso tal que resulta inevitable la conclusión del año con subejercicio, como son los casos de Álvaro Obregón, Coyoacán y Magdalena Contreras, y aún así solicitaron incrementos a su presupuesto del próximo año. Iztapalapa, aunque su titular tiene experiencia, también cayó en subejercicio.

En contraste, las alcaldías de Benito Juárez, Venustiano Carranza y Cuauhtémoc mostraron un ejercicio oportuno del gasto y proyectos de infraestructura con un grado de avance importante.

La pregunta es, ¿qué debe hacer el legislativo ante estas circunstancias?

En estricto apego al propósito de un ejercicio de transparencia, como lo son estas reuniones de trabajo en el Congreso de la CDMX, el legislador deberá evaluar los resultados por Alcaldía, que aunados a un diálogo franco con los y las titulares, el calado e impacto de los proyectos desarrollados, así como sus propuestas para 2020, podrán proporcionar un criterio para incrementar, o no, el presupuesto.

Lo anterior, naturalmente, considerando el piso parejo que pretende proporcionar la fórmula de asignación presupuestal determinada por la Secretaría de Finanzas, y con esto lograr un reparto justo de los recursos a fin de impulsar a las alcaldías a mantener finanzas sanas con objetivos claros.

En la realidad, empero, esto no es así. Dejando claro que la falta de experiencia de los titulares de estas alcaldías es un problema, el segundo obstáculo al que se enfrentan los gobiernos más cercanos a la ciudadanía son servidores públicos sin experiencia en cargos comprometidos, en algunos casos, por acuerdos políticos o cuotas asignadas en las estructuras, pero con desconocimiento de funciones sustantivas.

¿En qué deriva esto? En que la buena intención del legislador se vea minimizada y, por el contrario, que el presupuesto se vuelva un recurso no aprovechado o desperdiciado por mantener la paz en los grupos de poder que hoy controlan la mayoría de las Alcaldías en la Ciudad de México.

Otro factor a reflexionar, por último, es la autonomía de gestión y presupuestal que aún no puede desarrollarse en su totalidad, hecho que se volvió en algunos casos el pretexto perfecto para justificar la incapacidad de atención en materias tan delicadas como la seguridad.

Así las cosas y con este escenario veremos como termina el año.

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