/ viernes 25 de septiembre de 2020

Represión e intolerancia en la CdMx

Lo sucedido hasta el momento alrededor del llamado movimiento FRENA parece remontarnos al pasado de un México que pensamos que ya habíamos dejado atrás.


La flagrante violación a la libre manifestación de las ideas y a la libertad de expresión, derechos fundamentales consagrados en nuestra Constitución y para los cuales no existe argumento que permita coartarlos, solo podemos traducirlo en un paso delicado hacia el autoritarismo.


Como todas y todos sabemos, el pasado sábado 19 de septiembre se impidió el paso a las personas que, haciendo valer su derecho, acudieron al centro de esta capital con la intención de expresar libremente sus ideas encontrando un muro de intolerancia y represión por parte de las autoridades.


Mismas autoridades que en boca del ejecutivo local en 2018, por referir un ejemplo, citaba en redes sociales: “Restableceremos la libertad de expresión, de reunión y de encuentro. El gobierno no utilizará a la policía para reprimir ninguna movilización social #InnovaciónYEsperanza”, nada más lejano a nuestra actual realidad.


La autoridad ha empleado distintos argumentos para tratar de justificar el artero bloqueo implementado por la fuerzas policiales, mismas que deberían de encargarse de salvaguardar a los y las ciudadanas en esta ciudad.


Aunque de origen las autoridades aseguraron que no se había impedido el paso a la plancha del zócalo, la evidencia que demostraba lo contrario, obligándolos a cambiar el argumento una y otra vez, para decir que lo que se buscaba era evitar confrontaciones con otros grupos de manifestantes, hasta llegar al punto de asegurar que lo sucedido fue para proteger las instalaciones de la catedral.


El miércoles pasado los manifestantes lograron llegar al zócalo, la estrategia fue sencilla, ante tal arbitrariedad los integrantes de FRENA, obtuvieron un amparo que garantizaba a los manifestantes el libre tránsito.


Así las cosas, ni en los peores momentos del país, se había llegado al grado de obtener un amparo para continuar con una manifestación. Que quede claro, esto fue un logro ciudadano, no una concesión del Gobierno como algunos pretendieron hacerlo parecer.


Bajo ninguna circunstancia, el pensar de forma diferente puede o debe ser motivo de represión, menos aun cuando los que hoy se han convertido en la autoridad, en su momento ocuparon esta y otras tantas vías para manifestarse inconformes y protestar en contra de aquello que consideraban justo y en su derecho.


Sin duda estamos en presencia de un Gobierno que trae inmersa la razón, que se cree con el “legítimo” derecho de hacer y deshacer cuanto se le ocurra con el país, país que se les olvida es de todas y todos y que hoy se encuentra sumergido en una realidad de desatinos e indolentes ocurrencias.


Es por eso, que desde el Congreso de la capital, máxima tribuna de esta ciudad, aunque para muchos esto no se reconoce ni convenientemente se respeta, hice un exhorto a las autoridades capitalinas para hacer valer lo dicho en nuestra Carta Magna, a respetar el ejercicio de los derechos, en un estricto acto de congruencia con el antecedente de su proceder en su paso por la oposición, retomando la obligación que como autoridad tiene de propiciar y establecer el diálogo y que prevalezca por sobretodo la tolerancia hacia aquellos que piensan distinto y se atreven a decirlo.

Lo sucedido hasta el momento alrededor del llamado movimiento FRENA parece remontarnos al pasado de un México que pensamos que ya habíamos dejado atrás.


La flagrante violación a la libre manifestación de las ideas y a la libertad de expresión, derechos fundamentales consagrados en nuestra Constitución y para los cuales no existe argumento que permita coartarlos, solo podemos traducirlo en un paso delicado hacia el autoritarismo.


Como todas y todos sabemos, el pasado sábado 19 de septiembre se impidió el paso a las personas que, haciendo valer su derecho, acudieron al centro de esta capital con la intención de expresar libremente sus ideas encontrando un muro de intolerancia y represión por parte de las autoridades.


Mismas autoridades que en boca del ejecutivo local en 2018, por referir un ejemplo, citaba en redes sociales: “Restableceremos la libertad de expresión, de reunión y de encuentro. El gobierno no utilizará a la policía para reprimir ninguna movilización social #InnovaciónYEsperanza”, nada más lejano a nuestra actual realidad.


La autoridad ha empleado distintos argumentos para tratar de justificar el artero bloqueo implementado por la fuerzas policiales, mismas que deberían de encargarse de salvaguardar a los y las ciudadanas en esta ciudad.


Aunque de origen las autoridades aseguraron que no se había impedido el paso a la plancha del zócalo, la evidencia que demostraba lo contrario, obligándolos a cambiar el argumento una y otra vez, para decir que lo que se buscaba era evitar confrontaciones con otros grupos de manifestantes, hasta llegar al punto de asegurar que lo sucedido fue para proteger las instalaciones de la catedral.


El miércoles pasado los manifestantes lograron llegar al zócalo, la estrategia fue sencilla, ante tal arbitrariedad los integrantes de FRENA, obtuvieron un amparo que garantizaba a los manifestantes el libre tránsito.


Así las cosas, ni en los peores momentos del país, se había llegado al grado de obtener un amparo para continuar con una manifestación. Que quede claro, esto fue un logro ciudadano, no una concesión del Gobierno como algunos pretendieron hacerlo parecer.


Bajo ninguna circunstancia, el pensar de forma diferente puede o debe ser motivo de represión, menos aun cuando los que hoy se han convertido en la autoridad, en su momento ocuparon esta y otras tantas vías para manifestarse inconformes y protestar en contra de aquello que consideraban justo y en su derecho.


Sin duda estamos en presencia de un Gobierno que trae inmersa la razón, que se cree con el “legítimo” derecho de hacer y deshacer cuanto se le ocurra con el país, país que se les olvida es de todas y todos y que hoy se encuentra sumergido en una realidad de desatinos e indolentes ocurrencias.


Es por eso, que desde el Congreso de la capital, máxima tribuna de esta ciudad, aunque para muchos esto no se reconoce ni convenientemente se respeta, hice un exhorto a las autoridades capitalinas para hacer valer lo dicho en nuestra Carta Magna, a respetar el ejercicio de los derechos, en un estricto acto de congruencia con el antecedente de su proceder en su paso por la oposición, retomando la obligación que como autoridad tiene de propiciar y establecer el diálogo y que prevalezca por sobretodo la tolerancia hacia aquellos que piensan distinto y se atreven a decirlo.

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