/ viernes 11 de septiembre de 2020

(Re)toman la CNDH

La historia de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos data de 1990, pero fue hasta finales de esa década que obtuvo plena autonomía y verdadera fuerza institucional para acompañar a las víctimas y alzar la voz ante las violaciones a los derechos humanos.

Y es que, para entender la labor de esta institución, hay que tomar en cuenta que es principalmente el Estado y sus brazos operativos quienes vulneran las prerrogativas fundamentales de las personas, es decir, la CNDH es primordial para que la ciudadanía pueda hacer frente ante la injusticia perpetrada por aquellos que, se suponía, debían protegerles.

Desapariciones forzadas, tortura, impunidad ante feminicidios, asesinatos y crímenes sexuales son solo algunos ejemplos de la situación que se vive diariamente en nuestro país.

Durante los últimos años el órgano constitucional autónomo se había ganado a pulso la credibilidad de las y los ciudadanos, pues además de brindar atención a las víctimas, denunció la inconstitucionalidad de diversas leyes como la de Seguridad Interior o la llamada “Ley Garrote”

Sin embargo, el 07 de noviembre del año pasado la CNDH sufrió un atentado por la imposición de Rosario Piedra Ibarra como su nueva titular.

Ese día, el presidente y sus portavoces en el Congreso de la Unión le arrebataron a las personas una institución que desde hace más de veinte años, se encontraba madurando para convertirse en una auténtica defensoría del pueblo.

Desde que Piedra Ibarra asumió el cargo, ha guardado silencio ante el hecho de que 98% de los delitos quedan sin resolver en nuestro país; ha hecho oídos sordos ante los hallazgos de las más de 3,000 fosas clandestinas en México; ha sido omisa en señalar que en los últimos siete años más de 500 activistas fueron asesinados, ha pasado por alto que el año anterior los delitos en contra de las personas periodistas aumentaron en un 11%

Tampoco ha resuelto los más de 1000 reportes registrados ante dicha institución en contra de las fuerzas armadas, como la Guardia Nacional, sólo durante el primer año de mandato de AMLO.

El presidente intentó decir que, por su trayectoria e historia personal, Piedra Ibarra desempeñaría un buen papel como ombudsperson, sin embargo, su complicidad con el gobierno federal y la falta de actuación ante el contexto del país, le costó que el viernes pasado victimas de violaciones a derechos humanos, familiares y colectivas tomaran las instalaciones de dicho ente en el centro histórico capitalino.

La realidad social y la exigencia de justicia le explotaron en las manos, la ocupación del edificio de la Comisión Nacional de Derechos Humanos no es más que una consecuencia del gran descontento comunitario ante la situación que se vive en el país, es verdaderamente lamentable que se haya tenido que llegar a esto para que, quienes sufren la injusticia en carne propia, obtengan la atención de las autoridades.

Hoy las mujeres que permanecen en las oficinas de la Comisión exigen la renuncia de su titular, con este acto le quitaron al gobierno aquella institución popular que les arrebató el presidente en noviembre del año pasado, irónicamente la (re)tomaron para devolverla a quienes más la necesitan.



Diputada de la Cdmx por el PAN

La historia de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos data de 1990, pero fue hasta finales de esa década que obtuvo plena autonomía y verdadera fuerza institucional para acompañar a las víctimas y alzar la voz ante las violaciones a los derechos humanos.

Y es que, para entender la labor de esta institución, hay que tomar en cuenta que es principalmente el Estado y sus brazos operativos quienes vulneran las prerrogativas fundamentales de las personas, es decir, la CNDH es primordial para que la ciudadanía pueda hacer frente ante la injusticia perpetrada por aquellos que, se suponía, debían protegerles.

Desapariciones forzadas, tortura, impunidad ante feminicidios, asesinatos y crímenes sexuales son solo algunos ejemplos de la situación que se vive diariamente en nuestro país.

Durante los últimos años el órgano constitucional autónomo se había ganado a pulso la credibilidad de las y los ciudadanos, pues además de brindar atención a las víctimas, denunció la inconstitucionalidad de diversas leyes como la de Seguridad Interior o la llamada “Ley Garrote”

Sin embargo, el 07 de noviembre del año pasado la CNDH sufrió un atentado por la imposición de Rosario Piedra Ibarra como su nueva titular.

Ese día, el presidente y sus portavoces en el Congreso de la Unión le arrebataron a las personas una institución que desde hace más de veinte años, se encontraba madurando para convertirse en una auténtica defensoría del pueblo.

Desde que Piedra Ibarra asumió el cargo, ha guardado silencio ante el hecho de que 98% de los delitos quedan sin resolver en nuestro país; ha hecho oídos sordos ante los hallazgos de las más de 3,000 fosas clandestinas en México; ha sido omisa en señalar que en los últimos siete años más de 500 activistas fueron asesinados, ha pasado por alto que el año anterior los delitos en contra de las personas periodistas aumentaron en un 11%

Tampoco ha resuelto los más de 1000 reportes registrados ante dicha institución en contra de las fuerzas armadas, como la Guardia Nacional, sólo durante el primer año de mandato de AMLO.

El presidente intentó decir que, por su trayectoria e historia personal, Piedra Ibarra desempeñaría un buen papel como ombudsperson, sin embargo, su complicidad con el gobierno federal y la falta de actuación ante el contexto del país, le costó que el viernes pasado victimas de violaciones a derechos humanos, familiares y colectivas tomaran las instalaciones de dicho ente en el centro histórico capitalino.

La realidad social y la exigencia de justicia le explotaron en las manos, la ocupación del edificio de la Comisión Nacional de Derechos Humanos no es más que una consecuencia del gran descontento comunitario ante la situación que se vive en el país, es verdaderamente lamentable que se haya tenido que llegar a esto para que, quienes sufren la injusticia en carne propia, obtengan la atención de las autoridades.

Hoy las mujeres que permanecen en las oficinas de la Comisión exigen la renuncia de su titular, con este acto le quitaron al gobierno aquella institución popular que les arrebató el presidente en noviembre del año pasado, irónicamente la (re)tomaron para devolverla a quienes más la necesitan.



Diputada de la Cdmx por el PAN

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