/ miércoles 20 de marzo de 2019

Robots y salarios bajos

El otro día me encontraba, como sucede con frecuencia, en una conferencia hablando sobre los salarios rezagados y la creciente desigualdad. El debate era interesante y nutrido. Sin embargo, una de las cosas que me sorprendió fue cuántos participantes asumieron sin más ni más que los robots son una gran parte del problema, que las máquinas están acaparando los buenos empleos o incluso los trabajos en general. En gran medida, esto ni siquiera se asumía como una hipótesis, sino como parte de algo que todos sabemos.

Además, esta suposición tiene implicaciones reales para el debate sobre políticas públicas. Por ejemplo, buena parte de la agitación por el ingreso básico universal resulta de la creencia de que los empleos serán aún más escasos a medida que el apocalipsis robótico se apodere de la economía.

Así que parece una buena idea señalar que en este caso lo que todo mundo sabe no es cierto. Las predicciones son difíciles, en especial en lo que respecta al futuro, y tal vez los robots en realidad nos dejen sin trabajo uno de estos días. No obstante, la automatización no es una parte importante de la historia de lo que les ocurrió a los trabajadores estadounidenses en los últimos 40 años.

En efecto, tenemos un gran problema, pero tiene poco que ver con la tecnología, y mucho que ver con la política y el poder.

Vamos a retroceder por un minuto y preguntémonos: para empezar, ¿qué es un robot? Claramente, no tiene que ser algo que se vea como C-3PO o que ande por ahí diciendo: “¡Exterminar! ¡Exterminar!”. Desde una perspectiva económica, un robot es cualquier cosa que usa la tecnología para hacer un trabajo que anteriormente hacían los seres humanos.

En ese sentido, los robots han estado transformando nuestra economía literalmente desde hace siglos. David Ricardo, uno de los padres fundadores de la economía, ¡escribió sobre los efectos perturbadores de la maquinaria en 1821!

Estos días, en los que la gente habla sobre el apocalipsis robótico, no solemos pensar en cosas como la minería a cielo abierto o la remoción de la cima de las montañas. Sin embargo, estas tecnologías transformaron radicalmente la minería de carbón: la producción de carbón casi se duplicó entre 1950 y 2000 (sólo comenzó a disminuir hace pocos años). Sin embargo, el número de mineros de carbón cayó de 470 mil a menos de 80 mil.

O piensen en el transporte de carga en contenedores. Los estibadores solían ser una parte relevante de la industria en las ciudades portuarias más importantes. No obstante, aunque el comercio mundial ha aumentado considerablemente desde la década de los setenta, la porción de trabajadores estadounidenses que trabajan en el “manejo de carga marítima” ha disminuido dos terceras partes.

Entonces, la afectación tecnológica no es un nuevo fenómeno. A pesar de ello, ¿sigue acelerándose? No, según los datos. Si los robots realmente estuvieran remplazando en masa a los trabajadores, esperaríamos ver un aumento importante en la cantidad de cosas que produce cada trabajador restante: productividad laboral. De hecho, la productividad creció mucho más rápido desde mediados de los noventa hasta mediados de la década de 2000, de lo que ha crecido desde entonces.

Así que el cambio tecnológico es un viejo cuento. Lo nuevo es que los trabajadores no logran compartir los frutos de ese cambio tecnológico.

El otro día me encontraba, como sucede con frecuencia, en una conferencia hablando sobre los salarios rezagados y la creciente desigualdad. El debate era interesante y nutrido. Sin embargo, una de las cosas que me sorprendió fue cuántos participantes asumieron sin más ni más que los robots son una gran parte del problema, que las máquinas están acaparando los buenos empleos o incluso los trabajos en general. En gran medida, esto ni siquiera se asumía como una hipótesis, sino como parte de algo que todos sabemos.

Además, esta suposición tiene implicaciones reales para el debate sobre políticas públicas. Por ejemplo, buena parte de la agitación por el ingreso básico universal resulta de la creencia de que los empleos serán aún más escasos a medida que el apocalipsis robótico se apodere de la economía.

Así que parece una buena idea señalar que en este caso lo que todo mundo sabe no es cierto. Las predicciones son difíciles, en especial en lo que respecta al futuro, y tal vez los robots en realidad nos dejen sin trabajo uno de estos días. No obstante, la automatización no es una parte importante de la historia de lo que les ocurrió a los trabajadores estadounidenses en los últimos 40 años.

En efecto, tenemos un gran problema, pero tiene poco que ver con la tecnología, y mucho que ver con la política y el poder.

Vamos a retroceder por un minuto y preguntémonos: para empezar, ¿qué es un robot? Claramente, no tiene que ser algo que se vea como C-3PO o que ande por ahí diciendo: “¡Exterminar! ¡Exterminar!”. Desde una perspectiva económica, un robot es cualquier cosa que usa la tecnología para hacer un trabajo que anteriormente hacían los seres humanos.

En ese sentido, los robots han estado transformando nuestra economía literalmente desde hace siglos. David Ricardo, uno de los padres fundadores de la economía, ¡escribió sobre los efectos perturbadores de la maquinaria en 1821!

Estos días, en los que la gente habla sobre el apocalipsis robótico, no solemos pensar en cosas como la minería a cielo abierto o la remoción de la cima de las montañas. Sin embargo, estas tecnologías transformaron radicalmente la minería de carbón: la producción de carbón casi se duplicó entre 1950 y 2000 (sólo comenzó a disminuir hace pocos años). Sin embargo, el número de mineros de carbón cayó de 470 mil a menos de 80 mil.

O piensen en el transporte de carga en contenedores. Los estibadores solían ser una parte relevante de la industria en las ciudades portuarias más importantes. No obstante, aunque el comercio mundial ha aumentado considerablemente desde la década de los setenta, la porción de trabajadores estadounidenses que trabajan en el “manejo de carga marítima” ha disminuido dos terceras partes.

Entonces, la afectación tecnológica no es un nuevo fenómeno. A pesar de ello, ¿sigue acelerándose? No, según los datos. Si los robots realmente estuvieran remplazando en masa a los trabajadores, esperaríamos ver un aumento importante en la cantidad de cosas que produce cada trabajador restante: productividad laboral. De hecho, la productividad creció mucho más rápido desde mediados de los noventa hasta mediados de la década de 2000, de lo que ha crecido desde entonces.

Así que el cambio tecnológico es un viejo cuento. Lo nuevo es que los trabajadores no logran compartir los frutos de ese cambio tecnológico.

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