/ martes 15 de octubre de 2019

Ruido y silencio público

Nuestro país camina a una velocidad nunca antes vista. Todos los días hay miles de noticias, sucesos y declaraciones. No existe tiempo para reflexionar, a profundidad, una sola cosa. Medina Mora renunció sin causa justificada la semana pasada, y ahora ya se está hablando de los nombres para sustituirlo en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

El país lleva un ritmo inusitado que nos permite hablar de todo y nada al mismo tiempo. Todo lo digerimos sobre las rodillas. En esta semana se puede hablar de la Ley Bonilla, de Medina Mora, la reforma fiscal, la suspensión del magistrado Jorge Camero o el proceso para nombrar al nuevo rector de la UNAM. La velocidad de los eventos nos impide pensar, a pie juntillas, cada uno de los temas y su trascendencia para el país. Existe demasiado ruido público.

Hay pensadores que hablan del silencio acordado. Esto sucede cuando un grupo social no quiere hablar de un tema y lo mantienen callado, por ejemplo: la enfermedad de un familiar, la ausencia de opiniones políticas en la Unión Soviética en tiempos de Stalin, o los conflictos más sencillos al interior de una pareja. Esos temas que echamos debajo del tapete. En sentido contrario, en nuestro país tenemos un ruido acordado.

La renuncia de Medina Mora generó opiniones a favor y en contra de manera inmediata. Pocas opiniones fueron pausadas. Las redes sociales se llenaron de largas discusiones. Un fenómeno que no había sucedido en el México contemporáneo se volvió trivial en menos de cinco días. Este evento podría ser materia de varios estudios, pero la celeridad de los sucesos nacionales lo convirtió en un asunto de apariencia elemental. Esta semana ya estamos pensando sobre la suspensión del magistrado Camero, ese juez que conoció de los asuntos del aeropuerto de Santa Lucía, y al mismo tiempo tenemos el caso Lesvy o las declaraciones del gobernador de Puebla. Asuntos del mayor calado se debaten con mucho corazón y poca reflexión. Al parecer, tenemos un acuerdo nacional para debatir todo y hasta la última letra hasta convertir todos los temas nacionales en una trivialidad, por vía del desgaste. Nos esmeramos demasiado en redes sociales, en el café, en las mesas familiares para discutir y resolver el país, pero todo a bote pronto. Mucho ruido y poca sustancia.

Al parecer, el país no va a correr en un ritmo más lento. Lo que sí podemos hacer, es tratar de ser más pausados en nuestros debates, en tomarnos un tiempo para analizar la relevancia de los hechos y tratar de no hacer un ruido innecesario, sino un debate más informado y pausado. El feminicidio de Lesvy merece toda nuestra atención, la suspensión del magistrado Camero nos debería invitar a la reflexión sobre independencia judicial. Deberíamos tratar de no dejarnos llevar por opiniones de cliché o de bote pronto. Todas las opiniones son valiosas, pero poco abonamos al debate con opiniones dogmáticas, de cajón o poco informadas. Ojalá se detenga el ruido innecesario en redes sociales sobre la vida pública, y se sustituya por un debate más respetuoso, tranquilo y pausado. Las redes sociales han amplificado la libertad de expresión de manera espectacular, esperemos que permitan construir una sociedad más democrática con discusiones más progresivas y asentadas, con menos corazón y mayor reflexión.

Nuestro país camina a una velocidad nunca antes vista. Todos los días hay miles de noticias, sucesos y declaraciones. No existe tiempo para reflexionar, a profundidad, una sola cosa. Medina Mora renunció sin causa justificada la semana pasada, y ahora ya se está hablando de los nombres para sustituirlo en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

El país lleva un ritmo inusitado que nos permite hablar de todo y nada al mismo tiempo. Todo lo digerimos sobre las rodillas. En esta semana se puede hablar de la Ley Bonilla, de Medina Mora, la reforma fiscal, la suspensión del magistrado Jorge Camero o el proceso para nombrar al nuevo rector de la UNAM. La velocidad de los eventos nos impide pensar, a pie juntillas, cada uno de los temas y su trascendencia para el país. Existe demasiado ruido público.

Hay pensadores que hablan del silencio acordado. Esto sucede cuando un grupo social no quiere hablar de un tema y lo mantienen callado, por ejemplo: la enfermedad de un familiar, la ausencia de opiniones políticas en la Unión Soviética en tiempos de Stalin, o los conflictos más sencillos al interior de una pareja. Esos temas que echamos debajo del tapete. En sentido contrario, en nuestro país tenemos un ruido acordado.

La renuncia de Medina Mora generó opiniones a favor y en contra de manera inmediata. Pocas opiniones fueron pausadas. Las redes sociales se llenaron de largas discusiones. Un fenómeno que no había sucedido en el México contemporáneo se volvió trivial en menos de cinco días. Este evento podría ser materia de varios estudios, pero la celeridad de los sucesos nacionales lo convirtió en un asunto de apariencia elemental. Esta semana ya estamos pensando sobre la suspensión del magistrado Camero, ese juez que conoció de los asuntos del aeropuerto de Santa Lucía, y al mismo tiempo tenemos el caso Lesvy o las declaraciones del gobernador de Puebla. Asuntos del mayor calado se debaten con mucho corazón y poca reflexión. Al parecer, tenemos un acuerdo nacional para debatir todo y hasta la última letra hasta convertir todos los temas nacionales en una trivialidad, por vía del desgaste. Nos esmeramos demasiado en redes sociales, en el café, en las mesas familiares para discutir y resolver el país, pero todo a bote pronto. Mucho ruido y poca sustancia.

Al parecer, el país no va a correr en un ritmo más lento. Lo que sí podemos hacer, es tratar de ser más pausados en nuestros debates, en tomarnos un tiempo para analizar la relevancia de los hechos y tratar de no hacer un ruido innecesario, sino un debate más informado y pausado. El feminicidio de Lesvy merece toda nuestra atención, la suspensión del magistrado Camero nos debería invitar a la reflexión sobre independencia judicial. Deberíamos tratar de no dejarnos llevar por opiniones de cliché o de bote pronto. Todas las opiniones son valiosas, pero poco abonamos al debate con opiniones dogmáticas, de cajón o poco informadas. Ojalá se detenga el ruido innecesario en redes sociales sobre la vida pública, y se sustituya por un debate más respetuoso, tranquilo y pausado. Las redes sociales han amplificado la libertad de expresión de manera espectacular, esperemos que permitan construir una sociedad más democrática con discusiones más progresivas y asentadas, con menos corazón y mayor reflexión.

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