/ domingo 1 de marzo de 2020

Sanjuanismo, alma del liberalismo yucateco

El sanjuanismo fue el alma del liberalismo yucateco que hizo suyo al liberalismo gaditano plasmado en la Constitución de Cádiz. Así lo comprueban los periódicos que se imprimieron en la capital yucateca entre 1813 y 1814 en la imprenta de José Francisco Bates, como El Redactor Meridano, El Semanal de la Diputación Provincial, El Aristarco, El Misceláneo y Clamores de la fidelidad americana contra la opresión o fragmentos para la historia futura de Mérida de Yucatán, en muchos de ellos, con evidente influencia masónica. Imprenta que sería confiscada una vez abolida la Constitución gaditana en España y Yucatán, dando inicio con ello a un calvario muy doloroso al que a su vez fueron sometidos algunos de los sanjuanistas más notables.

¿Qué era ser un “sanjuanista”? A José Matías Quintana, uno de sus más destacados exponentes, debemos su credo, el credo que adoptaría el liberalismo yucateco y que podría haberlo sido también del liberalismo en general, según el cual un sanjuanista es aquél que “ama la Constitución: que vive sujeto a las leyes; que respeta a las autoridades en tanto cuanto éstas cumplen con las obligaciones de su ministerio; y a quienes no obedecen cuando sus mandatos no son conformes con la expresión de la voluntad pública, que es lo que propiamente forma el carácter divino de la santidad de la ley; … [porque] el sanjuanista verdadero, jamás separa de su corazón esta máxima sagrada como regla de su conducta, que la autoridad no debe ser respetada sino en cuanto cumpla con el objeto de su institución, [y se distingue] por la sencillez de sus trajes, por la modestia de su conducta, por la sinceridad de sus expresiones, por la dulzura de sus costumbres y aquel atractivo encantador con que estos hombres cultos y humanos se saben hacer amar de cuantos seres los comunican, es lo que en realidad debe llamarse y reputarse un perfecto San Juanista”.

Los sanjuanistas constituyeron un grupo integrado por clérigos y laicos, en su mayor parte procedentes del Seminario Conciliar de san Ildefonso de la cátedra del padre Pablo Moreno, de quien abrevaron nociones de filosofía moderna y de crítica hacia los antiguos sistemas gnoseológicos, principalmente del escolasticismo, del que Moreno era un feroz detractor. Por lo regular se reunían semanalmente, luego de acudir a misa, en torno al padre Vicente María Velázquez, capellán de la Ermita de San Juan Bautista, edificada ésta al sur de la ciudad de Mérida de Yucatán, en honor al santo al que periódicamente los emeritenses invocaban cuando había plagas de langostas. Sus tertulias, inicialmente, abordaron cuestiones religiosas, pero pronto derivaron en el análisis de problemas políticos, económicos y sociales.

Muchos de ellos destacaron no sólo en la política local yucateca, fueron también agentes trascendentales de cambio tanto de la política nacional como aún de la internacional. Entre los más conocidos y jóvenes del grupo podemos citar a Andrés Quintana Roo y a Lorenzo de Zavala, pero también figuraron otros menos conocidos por la historia oficial pero cuya obra sería fundamental en la construcción de la sociedad peninsular del Mayab como Manuel Jiménez Solís –llamado el “Padre Justis”-, Pedro José de Guzmán, Pedro Manuel de Regil, Buenaventura del Castillo, Francisco Calero, Tomás Domingo Quintana, Pantaleón Cantón, Pedro Almeida, Agustín Domingo González, Agustín Zavala, el propio Bates, entre otros, además de mujeres como María Anna Roo y Joaquina Cano Roo.

Entre los principales objetivos que perseguían, como grandes apasionados defensores del liberalismo gaditano y cuyas ideas buscaban la reivindicación social a partir de una conciencia crítica y de compromiso frente a la realidad de su provincia, figuraban: en materia agraria, luchar por la restitución al indígena de todos los derechos que debía gozar como hombre libre y que la Conquista le había suprimido; en materia económica: pugnar por un reparto equitativo de la riqueza, tal y como lo demostraron al participar en la abolición de las obvenciones parroquiales decretada por las Cortes españolas; en materia ideológica: impulsar la reacción del “ser colectivo” contra las usurpaciones, y en materia política: fomentar la participación popular democrática en toda elección, comprendiendo a los indios como electores y elegibles.

Sus opositores, por consecuencia, eran los “rutineros” o “serviles”, de filiación absolutista, quienes se encargaron, una vez abolida la Constitución española, de que los principales sanjuanistas (Zavala, Bates y Quintana) fueran recluidos en las tinajas de San Juan de Ulúa; Almeida, aprisionado en Mérida, y tanto el padre Velázquez como el cura Jiménez Solís, vejados públicamente. Sin embargo, ello no impidió que siguieran adelante, aún desde sus prisiones y que su voz siguiera viva y palpitante, al grado que hoy, a doscientos años de distancia: “ser Sanjuanista” sigue siendo un paradigma para todo el que cree en el constitucionalismo moderno y que hace suyo como forma de vida el pensamiento liberal.

bettyzanolli@gmail.com

@BettyZanolli

El sanjuanismo fue el alma del liberalismo yucateco que hizo suyo al liberalismo gaditano plasmado en la Constitución de Cádiz. Así lo comprueban los periódicos que se imprimieron en la capital yucateca entre 1813 y 1814 en la imprenta de José Francisco Bates, como El Redactor Meridano, El Semanal de la Diputación Provincial, El Aristarco, El Misceláneo y Clamores de la fidelidad americana contra la opresión o fragmentos para la historia futura de Mérida de Yucatán, en muchos de ellos, con evidente influencia masónica. Imprenta que sería confiscada una vez abolida la Constitución gaditana en España y Yucatán, dando inicio con ello a un calvario muy doloroso al que a su vez fueron sometidos algunos de los sanjuanistas más notables.

¿Qué era ser un “sanjuanista”? A José Matías Quintana, uno de sus más destacados exponentes, debemos su credo, el credo que adoptaría el liberalismo yucateco y que podría haberlo sido también del liberalismo en general, según el cual un sanjuanista es aquél que “ama la Constitución: que vive sujeto a las leyes; que respeta a las autoridades en tanto cuanto éstas cumplen con las obligaciones de su ministerio; y a quienes no obedecen cuando sus mandatos no son conformes con la expresión de la voluntad pública, que es lo que propiamente forma el carácter divino de la santidad de la ley; … [porque] el sanjuanista verdadero, jamás separa de su corazón esta máxima sagrada como regla de su conducta, que la autoridad no debe ser respetada sino en cuanto cumpla con el objeto de su institución, [y se distingue] por la sencillez de sus trajes, por la modestia de su conducta, por la sinceridad de sus expresiones, por la dulzura de sus costumbres y aquel atractivo encantador con que estos hombres cultos y humanos se saben hacer amar de cuantos seres los comunican, es lo que en realidad debe llamarse y reputarse un perfecto San Juanista”.

Los sanjuanistas constituyeron un grupo integrado por clérigos y laicos, en su mayor parte procedentes del Seminario Conciliar de san Ildefonso de la cátedra del padre Pablo Moreno, de quien abrevaron nociones de filosofía moderna y de crítica hacia los antiguos sistemas gnoseológicos, principalmente del escolasticismo, del que Moreno era un feroz detractor. Por lo regular se reunían semanalmente, luego de acudir a misa, en torno al padre Vicente María Velázquez, capellán de la Ermita de San Juan Bautista, edificada ésta al sur de la ciudad de Mérida de Yucatán, en honor al santo al que periódicamente los emeritenses invocaban cuando había plagas de langostas. Sus tertulias, inicialmente, abordaron cuestiones religiosas, pero pronto derivaron en el análisis de problemas políticos, económicos y sociales.

Muchos de ellos destacaron no sólo en la política local yucateca, fueron también agentes trascendentales de cambio tanto de la política nacional como aún de la internacional. Entre los más conocidos y jóvenes del grupo podemos citar a Andrés Quintana Roo y a Lorenzo de Zavala, pero también figuraron otros menos conocidos por la historia oficial pero cuya obra sería fundamental en la construcción de la sociedad peninsular del Mayab como Manuel Jiménez Solís –llamado el “Padre Justis”-, Pedro José de Guzmán, Pedro Manuel de Regil, Buenaventura del Castillo, Francisco Calero, Tomás Domingo Quintana, Pantaleón Cantón, Pedro Almeida, Agustín Domingo González, Agustín Zavala, el propio Bates, entre otros, además de mujeres como María Anna Roo y Joaquina Cano Roo.

Entre los principales objetivos que perseguían, como grandes apasionados defensores del liberalismo gaditano y cuyas ideas buscaban la reivindicación social a partir de una conciencia crítica y de compromiso frente a la realidad de su provincia, figuraban: en materia agraria, luchar por la restitución al indígena de todos los derechos que debía gozar como hombre libre y que la Conquista le había suprimido; en materia económica: pugnar por un reparto equitativo de la riqueza, tal y como lo demostraron al participar en la abolición de las obvenciones parroquiales decretada por las Cortes españolas; en materia ideológica: impulsar la reacción del “ser colectivo” contra las usurpaciones, y en materia política: fomentar la participación popular democrática en toda elección, comprendiendo a los indios como electores y elegibles.

Sus opositores, por consecuencia, eran los “rutineros” o “serviles”, de filiación absolutista, quienes se encargaron, una vez abolida la Constitución española, de que los principales sanjuanistas (Zavala, Bates y Quintana) fueran recluidos en las tinajas de San Juan de Ulúa; Almeida, aprisionado en Mérida, y tanto el padre Velázquez como el cura Jiménez Solís, vejados públicamente. Sin embargo, ello no impidió que siguieran adelante, aún desde sus prisiones y que su voz siguiera viva y palpitante, al grado que hoy, a doscientos años de distancia: “ser Sanjuanista” sigue siendo un paradigma para todo el que cree en el constitucionalismo moderno y que hace suyo como forma de vida el pensamiento liberal.

bettyzanolli@gmail.com

@BettyZanolli