/ miércoles 11 de noviembre de 2020

¡Se quemó!

Y de paso nos achicharra a los mexicanos. La negativa de López Obrador, a felicitar por su triunfo electoral a Joe Biden, sólo es equiparable a la de otros autócratas del mundo, como Bolsonaro de Brasil, Erdogan de Turquía, Putin de Rusia y Xi Jinping de China.

El resto de mandatarios, incluido el tirano Maduro de Venezuela, o el presidente de Cuba, de inmediato dieron sus congratulaciones a la mancuerna, Biden-Harris, ganadora de los comicios y del número de delegados suficientes, para declarar válido el proceso.

Le gana la soberbia y la tozudez, sin medir las consecuencias de sus actos. De entrada, convertirse en el hazmerreír internacional –incluso en los noticiarios de España lo sacaron como noticia, con todo y el ridículo discurso que lanzó-. De nuevo sus complejos e inseguridades, refiriéndose a los “fraudes” que le hicieron a él, de los que no existe una sola prueba.

En segundo término, hace a un lado el futuro del trato entre ambas naciones, como si no dependiéramos de ello, a grado sumo. Para él, lo único importante son las remesas que mandan los connacionales, a quienes Trump arrastró a cuatro años de terribles penurias, por su racismo y políticas en contra de cualquiera que no sea caucásico puro.

Nada le ha importado a AMLO de una relación en la que, con insistente frecuencia, el hotentote de los pelos de elote nos sobajó, humilló y agredió. Se ha hecho sordo y ciego a las penurias de nuestros hermanos asentados en aquel territorio, a los que se les ha convertido en parias sociales, a la defensiva del odio que despertó en la población, este individuo.

Entre tantas de las “gracejadas” Trumpianas, una de las más notorias fue la de separar a las familias de indocumentados. Más de 500 niños han perdido a sus padres y ahora, parece imposible dar con ellos. Expulsaron a los adultos, mientras a los pequeños los habían trasladado a otros estados. Muchos de ellos ignoran el nombre de sus progenitores, o su ciudad de origen. Un auténtico horror, que parece imposible de resolverse.

Dejó morir a más de 200 mil estadounidenses, por su falta de políticas en relación al Covid, al que niega y considera como una “gripita”.

Creó una división social aguda, al fomentar el racismo (Propio de su persona) y los grupos supremacistas que florecieron bajo su sombra. El número de afroamericanos asesinados –un alto porcentaje por policías- es el mayor en más de una década. A los supremacistas los ha puesto en pie de guerra.

Su trato a las mujeres es despreciable, ofensivo, misógino, a extremos que una mayoría aplastante votó en su contra. Tiene una larga fila de demandas por abusos e incluso, violación, aunque resolvió algunas a base de comprar el silencio de sus víctimas.

Eliminó cualquier provisión contra el cambio climático y fomenta la energía sucia, en contra de la ideología internacional. Abandonó los Acuerdos de París, así como la Organización Mundial de la Salud, la OTAN y otros organismos garantes de Derechos Humanos, desarrollo y seguridad del Orbe.

Reconstruir a la nación desgarrada y en ruinas, va a suponer una labor titánica. Biden, como se empieza a ver, es un político hecho y derecho, que podría convertirse en un estadista, sin las estridencias ni patanerías, del autócrata de marras. El populismo destruye a velocidades impensables, aunque, a pesar de la polarización, los estadounidenses demostraron que se puede mandar al caño de la historia. ¡Bien por ellos!

catalinanq@hotmail.com

@catalinanq

Y de paso nos achicharra a los mexicanos. La negativa de López Obrador, a felicitar por su triunfo electoral a Joe Biden, sólo es equiparable a la de otros autócratas del mundo, como Bolsonaro de Brasil, Erdogan de Turquía, Putin de Rusia y Xi Jinping de China.

El resto de mandatarios, incluido el tirano Maduro de Venezuela, o el presidente de Cuba, de inmediato dieron sus congratulaciones a la mancuerna, Biden-Harris, ganadora de los comicios y del número de delegados suficientes, para declarar válido el proceso.

Le gana la soberbia y la tozudez, sin medir las consecuencias de sus actos. De entrada, convertirse en el hazmerreír internacional –incluso en los noticiarios de España lo sacaron como noticia, con todo y el ridículo discurso que lanzó-. De nuevo sus complejos e inseguridades, refiriéndose a los “fraudes” que le hicieron a él, de los que no existe una sola prueba.

En segundo término, hace a un lado el futuro del trato entre ambas naciones, como si no dependiéramos de ello, a grado sumo. Para él, lo único importante son las remesas que mandan los connacionales, a quienes Trump arrastró a cuatro años de terribles penurias, por su racismo y políticas en contra de cualquiera que no sea caucásico puro.

Nada le ha importado a AMLO de una relación en la que, con insistente frecuencia, el hotentote de los pelos de elote nos sobajó, humilló y agredió. Se ha hecho sordo y ciego a las penurias de nuestros hermanos asentados en aquel territorio, a los que se les ha convertido en parias sociales, a la defensiva del odio que despertó en la población, este individuo.

Entre tantas de las “gracejadas” Trumpianas, una de las más notorias fue la de separar a las familias de indocumentados. Más de 500 niños han perdido a sus padres y ahora, parece imposible dar con ellos. Expulsaron a los adultos, mientras a los pequeños los habían trasladado a otros estados. Muchos de ellos ignoran el nombre de sus progenitores, o su ciudad de origen. Un auténtico horror, que parece imposible de resolverse.

Dejó morir a más de 200 mil estadounidenses, por su falta de políticas en relación al Covid, al que niega y considera como una “gripita”.

Creó una división social aguda, al fomentar el racismo (Propio de su persona) y los grupos supremacistas que florecieron bajo su sombra. El número de afroamericanos asesinados –un alto porcentaje por policías- es el mayor en más de una década. A los supremacistas los ha puesto en pie de guerra.

Su trato a las mujeres es despreciable, ofensivo, misógino, a extremos que una mayoría aplastante votó en su contra. Tiene una larga fila de demandas por abusos e incluso, violación, aunque resolvió algunas a base de comprar el silencio de sus víctimas.

Eliminó cualquier provisión contra el cambio climático y fomenta la energía sucia, en contra de la ideología internacional. Abandonó los Acuerdos de París, así como la Organización Mundial de la Salud, la OTAN y otros organismos garantes de Derechos Humanos, desarrollo y seguridad del Orbe.

Reconstruir a la nación desgarrada y en ruinas, va a suponer una labor titánica. Biden, como se empieza a ver, es un político hecho y derecho, que podría convertirse en un estadista, sin las estridencias ni patanerías, del autócrata de marras. El populismo destruye a velocidades impensables, aunque, a pesar de la polarización, los estadounidenses demostraron que se puede mandar al caño de la historia. ¡Bien por ellos!

catalinanq@hotmail.com

@catalinanq

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