/ lunes 29 de julio de 2019

Seis meses: el mensaje de la economía

El mensaje es claro y contundente, la desaceleración económica se profundiza. Se puede debatir sobre si México está en recesión o no, pero hay un hecho innegable: la actividad productiva se debilita. Hasta mayo, el ciclo del Indicador Global de la Actividad Económica mantiene su tendencia a la baja.

El crecimiento promedio de los primeros seis meses del sexenio es de apenas 0.3 por ciento, el menor para un mismo periodo en las últimas cuatro administraciones.

La contracción de mayo, (-) 0.3 por ciento, confirmó la necesidad de modificar la tendencia de la economía, de otra forma resultados como el reportado por el IMSS en junio continuarán: el número de trabajadores afiliados a la institución retrocedió en más de 14 mil personas.

La pérdida de empleo formal representa una de las características más desafortunadas de la desaceleración: las familias pierden su fuente de ingreso y también de estabilidad.

Con la información disponible no se prevé el inicio de una recuperación: la industria y los servicios, también manifiestan un ciclo económico con tendencia negativa.

Las cifras son transparentes: el crecimiento industrial es el menor en los primeros seis meses de las últimas cuatro administraciones federales: (-) 1.8 por ciento.

Durante el mismo periodo el sector servicios aumentó sólo 1.1 por ciento, la cifra más baja en el inicio de los cuatro últimos sexenios.

Hay un hecho adicional: el reporte de junio del Inegi en materia de comercio exterior mostró que la importación de bienes intermedios y de capital retrocedió (-) 6.2 por ciento y (-) 21.2 or ciento, respectivamente. Por ello es previsible que la industria seguirá bajando el ritmo.

Ante el menor crecimiento de Estados Unidos (2.1 por ciento en el segundo trimestre de 2019 vs. 3.5 por ciento en el mismo lapso de 2018) se puede prever que la economía mexicana recibirá los efectos de la desaceleración estadounidense en el tercer y cuarto trimestres del año.

El mensaje de la economía para los primeros seis meses de la administración es evidente: para alcanzar mayores tasas de crecimiento se debe implementar un Programa Contingente de Reactivación Económica, fundamentado en una Nueva Política Industrial.

Ante la desaceleración interna y la que ya se ve en EU, así como las dificultades para la ratificación del TMEC, México debe elevar su producción interna, el encadenamiento productivo de sus empresas, el contenido nacional de las exportaciones y de las compras de gobierno.

Un programa contingente de reactivación productiva representa el único camino de corto plazo para evitar la precarización laboral y del bienestar social.

Se debe dar un primer paso, reconocer el problema que enfrenta el crecimiento económico y la necesidad de hacer ajustes de fondo en la estrategia.

Ahora, la solución a la desaceleración y a una potencial recesión no está en el extranjero o en la inercia de una política económica de ajuste fiscal restrictivo.

La salida radica en poner a los caballos delante de la carreta: tener como objetivo al crecimiento económico, a la inversión como el mecanismo para lograrlo y a la creación de empleo formal bien remunerado como el medio para garantizar un mayor bienestar social. Una fórmula que el modelo de los últimos 40 años desdeñó.

El mensaje es claro y contundente, la desaceleración económica se profundiza. Se puede debatir sobre si México está en recesión o no, pero hay un hecho innegable: la actividad productiva se debilita. Hasta mayo, el ciclo del Indicador Global de la Actividad Económica mantiene su tendencia a la baja.

El crecimiento promedio de los primeros seis meses del sexenio es de apenas 0.3 por ciento, el menor para un mismo periodo en las últimas cuatro administraciones.

La contracción de mayo, (-) 0.3 por ciento, confirmó la necesidad de modificar la tendencia de la economía, de otra forma resultados como el reportado por el IMSS en junio continuarán: el número de trabajadores afiliados a la institución retrocedió en más de 14 mil personas.

La pérdida de empleo formal representa una de las características más desafortunadas de la desaceleración: las familias pierden su fuente de ingreso y también de estabilidad.

Con la información disponible no se prevé el inicio de una recuperación: la industria y los servicios, también manifiestan un ciclo económico con tendencia negativa.

Las cifras son transparentes: el crecimiento industrial es el menor en los primeros seis meses de las últimas cuatro administraciones federales: (-) 1.8 por ciento.

Durante el mismo periodo el sector servicios aumentó sólo 1.1 por ciento, la cifra más baja en el inicio de los cuatro últimos sexenios.

Hay un hecho adicional: el reporte de junio del Inegi en materia de comercio exterior mostró que la importación de bienes intermedios y de capital retrocedió (-) 6.2 por ciento y (-) 21.2 or ciento, respectivamente. Por ello es previsible que la industria seguirá bajando el ritmo.

Ante el menor crecimiento de Estados Unidos (2.1 por ciento en el segundo trimestre de 2019 vs. 3.5 por ciento en el mismo lapso de 2018) se puede prever que la economía mexicana recibirá los efectos de la desaceleración estadounidense en el tercer y cuarto trimestres del año.

El mensaje de la economía para los primeros seis meses de la administración es evidente: para alcanzar mayores tasas de crecimiento se debe implementar un Programa Contingente de Reactivación Económica, fundamentado en una Nueva Política Industrial.

Ante la desaceleración interna y la que ya se ve en EU, así como las dificultades para la ratificación del TMEC, México debe elevar su producción interna, el encadenamiento productivo de sus empresas, el contenido nacional de las exportaciones y de las compras de gobierno.

Un programa contingente de reactivación productiva representa el único camino de corto plazo para evitar la precarización laboral y del bienestar social.

Se debe dar un primer paso, reconocer el problema que enfrenta el crecimiento económico y la necesidad de hacer ajustes de fondo en la estrategia.

Ahora, la solución a la desaceleración y a una potencial recesión no está en el extranjero o en la inercia de una política económica de ajuste fiscal restrictivo.

La salida radica en poner a los caballos delante de la carreta: tener como objetivo al crecimiento económico, a la inversión como el mecanismo para lograrlo y a la creación de empleo formal bien remunerado como el medio para garantizar un mayor bienestar social. Una fórmula que el modelo de los últimos 40 años desdeñó.

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