/ martes 3 de mayo de 2022

Señor Presidente, ni una menos

Andrés Manuel López Obrador, titular del Ejecutivo, suelo interpelarlo en redes sociales, pero hoy he decidido ocupar este espacio para hacerle un sentido llamado, esperando que -si acaso lo lee- algo mueva en su forma de ver el problema de los feminicidios, las desapariciones y las violencias contra mujeres y niñas en México.

Comencemos por reconocer y coincidir con usted que las violencias contra las mujeres no son recientes, tenemos varias décadas padeciendo feminicidios, particularmente desde los noventa que se dieron a conocer las desapariciones y asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez. Los datos oficiales que se sistematizan desde el 2015 muestran una constante, siguen en aumento.

Pero es importante reconozca que, en más de tres años de su administración, ni usted ni su gobierno han sido eficientes en detener esta terrible situación, ni tampoco le son una prioridad. Los datos del Secretariado Ejecutivo de Seguridad Pública demuestran que las ínfimas reducciones de feminicidios se caen de un mes a otro y vuelven a aumentar, pero que además se ocultan tras el aumento de homicidios dolosos contra mujeres y las desapariciones de mujeres jóvenes y niñas.

Los números son alarmantes, pero más la realidad que muestra que la vida de cualquier mujer en México está en riesgo y no vale nada, que si desaparece se dirá que se lo buscó, que si muere se le culpará por ello o se politizará y ocupará por unos días las primeras planas de los periódicos, pero no pasará de eso.

Durante la pandemia, todos los tipos y modalidades de la violencia contra las mujeres aumentaron: en casa y fuera de ella; en la escuela y en el trabajo; física, sexual, emocional, patrimonial y feminicida, esto no sólo por el confinamiento, sino por la ausencia de un Estado que garantice a las mujeres una vida libre de violencias.

Con la receta de la austeridad y la falta de visión del qué hacer, se eliminaron, disminuyeron o desmantelaron programas que de manera incipiente buscan hacer frente a la situación; cada año los refugios para atender a mujeres víctimas de violencia y las Casas para Mujeres Indígenas tienen que batallar por acceder a los dos pesos que hacen rendir para prestar servicios; las fiscalías carecen de perspectiva y, como ha quedado evidenciado en el caso de Debhani Escobar, son las instancias que, lejos de procurar justicia, revictimizan y hacen nula la posibilidad de saber la verdad para tomar medidas de no repetición; ante las desapariciones, las comisiones de búsqueda no pueden acceder a las investigaciones y no son escuchadas ni atendidas las demandas de las familiares de las víctimas; a las mujeres que han sido acosadas o abusadas sexualmente sigue sin creérseles, se les exige denunciar ante un sistema que está hecho para revictimizarlas, mientras los agresores son protegidos y/o promovidos a ocupar cargos importantes.

Presidente es posible que me diga, con razón, que no es toda su responsabilidad, que le heredaron el problema, que se usa políticamente; pero es su responsabilidad cuando en las conferencias matutinas, en un sistema presidencial como el nuestro y con la centralización del poder que ha acumulado, usted minimiza, desconoce y desvirtúa la realidad que las mujeres enfrentan cada día y reproduce la visión misógina y machista que impera en una buena parte de nuestra sociedad, los operadores de justicia se sienten autorizados para no darle prioridad; también es responsable cuando en lugar de usar el poder que tiene, de emplear los recursos humanos, materiales y financieros a su alcance para detener esta terrible pandemia, prefiere dedicarlos a temas que aumenten su popularidad. Efectivamente, le heredaron el problema y se politiza, pero usted tiene el poder y puede usar su capacidad institucional para convocar a todos los actores políticos, declarar una alerta nacional y hacer un frente común para garantizar a las mujeres una vida libre de violencias. Señor presidente, ni una menos.

Andrés Manuel López Obrador, titular del Ejecutivo, suelo interpelarlo en redes sociales, pero hoy he decidido ocupar este espacio para hacerle un sentido llamado, esperando que -si acaso lo lee- algo mueva en su forma de ver el problema de los feminicidios, las desapariciones y las violencias contra mujeres y niñas en México.

Comencemos por reconocer y coincidir con usted que las violencias contra las mujeres no son recientes, tenemos varias décadas padeciendo feminicidios, particularmente desde los noventa que se dieron a conocer las desapariciones y asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez. Los datos oficiales que se sistematizan desde el 2015 muestran una constante, siguen en aumento.

Pero es importante reconozca que, en más de tres años de su administración, ni usted ni su gobierno han sido eficientes en detener esta terrible situación, ni tampoco le son una prioridad. Los datos del Secretariado Ejecutivo de Seguridad Pública demuestran que las ínfimas reducciones de feminicidios se caen de un mes a otro y vuelven a aumentar, pero que además se ocultan tras el aumento de homicidios dolosos contra mujeres y las desapariciones de mujeres jóvenes y niñas.

Los números son alarmantes, pero más la realidad que muestra que la vida de cualquier mujer en México está en riesgo y no vale nada, que si desaparece se dirá que se lo buscó, que si muere se le culpará por ello o se politizará y ocupará por unos días las primeras planas de los periódicos, pero no pasará de eso.

Durante la pandemia, todos los tipos y modalidades de la violencia contra las mujeres aumentaron: en casa y fuera de ella; en la escuela y en el trabajo; física, sexual, emocional, patrimonial y feminicida, esto no sólo por el confinamiento, sino por la ausencia de un Estado que garantice a las mujeres una vida libre de violencias.

Con la receta de la austeridad y la falta de visión del qué hacer, se eliminaron, disminuyeron o desmantelaron programas que de manera incipiente buscan hacer frente a la situación; cada año los refugios para atender a mujeres víctimas de violencia y las Casas para Mujeres Indígenas tienen que batallar por acceder a los dos pesos que hacen rendir para prestar servicios; las fiscalías carecen de perspectiva y, como ha quedado evidenciado en el caso de Debhani Escobar, son las instancias que, lejos de procurar justicia, revictimizan y hacen nula la posibilidad de saber la verdad para tomar medidas de no repetición; ante las desapariciones, las comisiones de búsqueda no pueden acceder a las investigaciones y no son escuchadas ni atendidas las demandas de las familiares de las víctimas; a las mujeres que han sido acosadas o abusadas sexualmente sigue sin creérseles, se les exige denunciar ante un sistema que está hecho para revictimizarlas, mientras los agresores son protegidos y/o promovidos a ocupar cargos importantes.

Presidente es posible que me diga, con razón, que no es toda su responsabilidad, que le heredaron el problema, que se usa políticamente; pero es su responsabilidad cuando en las conferencias matutinas, en un sistema presidencial como el nuestro y con la centralización del poder que ha acumulado, usted minimiza, desconoce y desvirtúa la realidad que las mujeres enfrentan cada día y reproduce la visión misógina y machista que impera en una buena parte de nuestra sociedad, los operadores de justicia se sienten autorizados para no darle prioridad; también es responsable cuando en lugar de usar el poder que tiene, de emplear los recursos humanos, materiales y financieros a su alcance para detener esta terrible pandemia, prefiere dedicarlos a temas que aumenten su popularidad. Efectivamente, le heredaron el problema y se politiza, pero usted tiene el poder y puede usar su capacidad institucional para convocar a todos los actores políticos, declarar una alerta nacional y hacer un frente común para garantizar a las mujeres una vida libre de violencias. Señor presidente, ni una menos.

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