/ miércoles 17 de noviembre de 2021

Sentenciando parques 

Al Parque de la Mexicana se llega en auto. Es un gran espacio pero termina siendo un destino y no un camino. Salvo un escaso número de vecinos, la mayoría de los visitantes debe utilizar un vehículo motorizado. Existe algún servicio de autobús hacia este parque, pero en todo caso, al tener que ser programada la visita a este lugar, se pierde la serendipia, el encuentro fortuito con el espacio público y lo inesperado.

Quizá sin la presencia de marcas y tiendas comerciales que posee La Mexicana, pero en la misma lógica del espacio como destino y no como camino, el Gobierno de la Ciudad de México ha mejorado decenas de miles de metros cuadrados de espacio público a lo largo y ancho de la ciudad. Es un esfuerzo encomiable, algunos proyectos son muy buenos, pero no ha dejado de padecer las limitaciones del Parque la Mexicana, el aislamiento relativo.

Este gobierno sí ha mejorado espacios públicos en la lógica que defiendo, espacios de contacto en el tránsito cotidiano de miles de personas: Av. Chapultepec, Av. Hidalgo, San Cosme, México – Tacuba. Está en obra la Plaza de la Solidaridad, junto a la Alameda Central, lo cual es buena noticia.

Lo que sale del perímetro central mantiene su aislamiento por una estructura vial antihumana: avenidas y vías de acceso controlado, rejas, pasos a desnivel. La ciudad necesita transformar más que los parques, el camino hacia estos espacios públicos. Las alcaldías no cuentan con los recursos ni el tiempo o la visión, para detenerse a procurar la integración; el gobierno central tiene más ventaja en cuanto a recursos y tiempo, pero carece igualmente de visión, porque jamás propondrán un paso peatonal a nivel para llegar al nuevo parque en el camellón de Periférico. En el aislamiento del espacio público les parece lógico que la gente llegue a través de un puente antipeatonal y conviva con el ruido y contaminantes de una vía no semaforizada.

En Av. Imán está prohibido estacionarse, hay discos a lo largo de esta vialidad. Sin embargo, si las autoridades hicieran efectiva la prohibición, el maravilloso Parque Cantera quedaría sin usuarios. Ni siquiera fueron capaces de preparar un paso peatonal para que los habitantes de la enorme Unidad Habitacional Villa Panamericana puedan arribar con seguridad.

Al aislamiento de “Sembrando Parques” podemos sumar algo que empieza a ser notorio. No basta con mejorar espacios públicos, se requiere de un programa de mantenimiento. La Mexicana encontró una vía de sustento que tal vez muchos no compartimos y que quizá no todos los espacios públicos soporten: las franquicias.

El Parque Cantera tiene varios elementos en común con La Mexicana, uno de ellos es que de origen se trata de minas y el otro es que sus arquitectos supieron convertirlos en proyectos paisajísticos y no sólo recreativos. Sin embargo, siendo más nuevo el Parque Cantera, ya padece los típicos problemas de baños cerrados, sucios y olorosos por falta de atención.

Así, en conjunto, dependiendo del acceso en automóvil y con bajo mantenimiento, todos los espacios quedarán condenados a muerte. La siguiente administración querrá hacer sus propios espacios, olvidará estos y paulatinamente se alejarán los usuarios, hasta que dentro de 25 años alguien más los recuerde, invierta en ellos, y se repita el ciclo.

Si no trabajamos más en la integración de los espacios mejorados y nos enfocamos a su gestión, más que sembrando parques, estaremos sentenciando parques ... a muerte.


Al Parque de la Mexicana se llega en auto. Es un gran espacio pero termina siendo un destino y no un camino. Salvo un escaso número de vecinos, la mayoría de los visitantes debe utilizar un vehículo motorizado. Existe algún servicio de autobús hacia este parque, pero en todo caso, al tener que ser programada la visita a este lugar, se pierde la serendipia, el encuentro fortuito con el espacio público y lo inesperado.

Quizá sin la presencia de marcas y tiendas comerciales que posee La Mexicana, pero en la misma lógica del espacio como destino y no como camino, el Gobierno de la Ciudad de México ha mejorado decenas de miles de metros cuadrados de espacio público a lo largo y ancho de la ciudad. Es un esfuerzo encomiable, algunos proyectos son muy buenos, pero no ha dejado de padecer las limitaciones del Parque la Mexicana, el aislamiento relativo.

Este gobierno sí ha mejorado espacios públicos en la lógica que defiendo, espacios de contacto en el tránsito cotidiano de miles de personas: Av. Chapultepec, Av. Hidalgo, San Cosme, México – Tacuba. Está en obra la Plaza de la Solidaridad, junto a la Alameda Central, lo cual es buena noticia.

Lo que sale del perímetro central mantiene su aislamiento por una estructura vial antihumana: avenidas y vías de acceso controlado, rejas, pasos a desnivel. La ciudad necesita transformar más que los parques, el camino hacia estos espacios públicos. Las alcaldías no cuentan con los recursos ni el tiempo o la visión, para detenerse a procurar la integración; el gobierno central tiene más ventaja en cuanto a recursos y tiempo, pero carece igualmente de visión, porque jamás propondrán un paso peatonal a nivel para llegar al nuevo parque en el camellón de Periférico. En el aislamiento del espacio público les parece lógico que la gente llegue a través de un puente antipeatonal y conviva con el ruido y contaminantes de una vía no semaforizada.

En Av. Imán está prohibido estacionarse, hay discos a lo largo de esta vialidad. Sin embargo, si las autoridades hicieran efectiva la prohibición, el maravilloso Parque Cantera quedaría sin usuarios. Ni siquiera fueron capaces de preparar un paso peatonal para que los habitantes de la enorme Unidad Habitacional Villa Panamericana puedan arribar con seguridad.

Al aislamiento de “Sembrando Parques” podemos sumar algo que empieza a ser notorio. No basta con mejorar espacios públicos, se requiere de un programa de mantenimiento. La Mexicana encontró una vía de sustento que tal vez muchos no compartimos y que quizá no todos los espacios públicos soporten: las franquicias.

El Parque Cantera tiene varios elementos en común con La Mexicana, uno de ellos es que de origen se trata de minas y el otro es que sus arquitectos supieron convertirlos en proyectos paisajísticos y no sólo recreativos. Sin embargo, siendo más nuevo el Parque Cantera, ya padece los típicos problemas de baños cerrados, sucios y olorosos por falta de atención.

Así, en conjunto, dependiendo del acceso en automóvil y con bajo mantenimiento, todos los espacios quedarán condenados a muerte. La siguiente administración querrá hacer sus propios espacios, olvidará estos y paulatinamente se alejarán los usuarios, hasta que dentro de 25 años alguien más los recuerde, invierta en ellos, y se repita el ciclo.

Si no trabajamos más en la integración de los espacios mejorados y nos enfocamos a su gestión, más que sembrando parques, estaremos sentenciando parques ... a muerte.


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