/ jueves 29 de marzo de 2018

Sentirse presidente

“Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema”

Winston Churchill

1. La soberbia de AMLO. El candidato de MORENA se planta ante un grupo empresarios, a diferencia de su pusilánime actitud frente a los banqueros, y los emplaza a formar una comisión para “revisar” los contratos del futuro aeropuerto. El medroso y oportunista dirigente de ese segmento acepta y el tabasqueño sale orondo de dicha reunión; claro, su metodología es de quien se siente el inminente titular del ejecutivo federal, con lo cual, convierte sus discursos en una especie de entrega/recepción de los proyectos presentes y futuros de la administración peñista. Con noventa días por transcurrir, para saber si es el ganador de las elecciones, su arrogancia no puede esperar tanto tiempo. Las encuestas las porta bajo el brazo y las convierte en espadas contra sus detractores. Es de esperarse que los próximos días proponga otras comisiones para revisar la Reforma Educativa, Energética, Telecomunicaciones y la que se le venga en gana. Al fin y al cabo ya es presidente. Faltaba más.

2. La indulgencia enfermiza. Los votantes confesos por AMLO le perdonan todo, cierran los ojos y bloquean la mente ante las sucesivas ocurrencias de su líder. El susodicho puede decir que someterá a consulta los derechos inalienables y las libertades de las personas del mismo sexo que deseen contraer matrimonio o de las mujeres que opten por la interrupción del embarazo; asimismo, se compromete públicamente a “bajar entre 30 y 50% los homicidios en el país”, sin delinear ni una sola política pública que le dé sustento a semejante desplante; claro, el marco que legitima y protege sus dichos es que desde la soledad de su autoritarismo nombra e impone a la mayoría de los candidatos en las listas plurinominales y en las gubernaturas, sin que ningún militante proteste. La abyección es la droga de los adoradores del tabasqueño. ¿Es MORENA un partido que pueda pasar la prueba mínima de procesos democráticos internos? No importa.

3. Presidente absoluto y congreso sumiso. En uno de los spots que empezará a circular a partir del 30 de marzo y que ya se ha difundido por todos lados, AMLO pide a los electores que voten por sus diputados y senadores. En efecto, el dueño de MORENA revive y sueña con el viejo modelo priista, de un poder legislativo donde la aplanadora de un partido avasalle y apruebe de todo lo que mande el titular del poder ejecutivo. Sentirse presidente implica exhibirse en su total radiografía despótica. El viejo tricolor no ha muerto, ahí viene.

pedropenaloza@yahoo.com/Twitter: @pedro_penaloz

“Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema”

Winston Churchill

1. La soberbia de AMLO. El candidato de MORENA se planta ante un grupo empresarios, a diferencia de su pusilánime actitud frente a los banqueros, y los emplaza a formar una comisión para “revisar” los contratos del futuro aeropuerto. El medroso y oportunista dirigente de ese segmento acepta y el tabasqueño sale orondo de dicha reunión; claro, su metodología es de quien se siente el inminente titular del ejecutivo federal, con lo cual, convierte sus discursos en una especie de entrega/recepción de los proyectos presentes y futuros de la administración peñista. Con noventa días por transcurrir, para saber si es el ganador de las elecciones, su arrogancia no puede esperar tanto tiempo. Las encuestas las porta bajo el brazo y las convierte en espadas contra sus detractores. Es de esperarse que los próximos días proponga otras comisiones para revisar la Reforma Educativa, Energética, Telecomunicaciones y la que se le venga en gana. Al fin y al cabo ya es presidente. Faltaba más.

2. La indulgencia enfermiza. Los votantes confesos por AMLO le perdonan todo, cierran los ojos y bloquean la mente ante las sucesivas ocurrencias de su líder. El susodicho puede decir que someterá a consulta los derechos inalienables y las libertades de las personas del mismo sexo que deseen contraer matrimonio o de las mujeres que opten por la interrupción del embarazo; asimismo, se compromete públicamente a “bajar entre 30 y 50% los homicidios en el país”, sin delinear ni una sola política pública que le dé sustento a semejante desplante; claro, el marco que legitima y protege sus dichos es que desde la soledad de su autoritarismo nombra e impone a la mayoría de los candidatos en las listas plurinominales y en las gubernaturas, sin que ningún militante proteste. La abyección es la droga de los adoradores del tabasqueño. ¿Es MORENA un partido que pueda pasar la prueba mínima de procesos democráticos internos? No importa.

3. Presidente absoluto y congreso sumiso. En uno de los spots que empezará a circular a partir del 30 de marzo y que ya se ha difundido por todos lados, AMLO pide a los electores que voten por sus diputados y senadores. En efecto, el dueño de MORENA revive y sueña con el viejo modelo priista, de un poder legislativo donde la aplanadora de un partido avasalle y apruebe de todo lo que mande el titular del poder ejecutivo. Sentirse presidente implica exhibirse en su total radiografía despótica. El viejo tricolor no ha muerto, ahí viene.

pedropenaloza@yahoo.com/Twitter: @pedro_penaloz

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