/ domingo 15 de septiembre de 2019

Septiembre 15 de 1808: la ucronía que no fue

En la historia de la humanidad, de tanto en tanto aparecen figuras que, de haber tenido otro destino, habrían podido cambiar el curso de los acontecimientos de una Nación.

Una de las más próximas a nosotros, por ejemplo, fue Luis Donaldo Colosio, pero otra de ellas, lejana por más de 200 años, es la de fray Melchor de Talamantes Salvador y Baeza. Un personaje que, a decir de uno de sus principales estudiosos, el español Juan Pablo Pampillo, “fue sin duda el más ilustrado y erudito ideólogo de la emancipación” novohispana.

Nacido en 1765 en la capital del Virreinato del Perú y formado en el seno de la orden de los mercedarios, destacó desde muy joven por su disciplina y compromiso. Hombre cercano al virrey limeño Francisco Gil de Taboada y Lemus y del proindependentista Hipólito de Unánue, su pasión por leer obras de autores críticos le hizo ganar animadversión entre los miembros del clero, por lo que tuvo que embarcarse rumbo a España pasando por la Nueva España, a donde arribó en 1799 por el puerto de Acapulco. Pero su estancia se prolongó. Al cabo de unos años, se convirtió en un personaje reconocido por sus amplios conocimientos y, en 1807, el entonces virrey José de Iturrigaray le encomendó diversas tareas, una de ellas, establecer los límites fronterizos entre Texas y Luisiana, por lo que tuvo que consultar diversos archivos y de nueva cuenta incursionó en la lectura de obras prohibidas por el Santo Oficio, principalmente por su anticlericalismo y anticolonialismo, como las del barón Timoteo Nordenflicht, de Guillaume-Thomas François de Raynal -Historia de las Indias- y de William Robertson -Historia de América-.

Lo que nadie imaginó es que muy pronto el panorama virreinal sería transformado, de manera radical, a partir de los sucesos que vive España. Desde 1807, Napoleón había decidido invadir el territorio hispánico con tropas francesas en su camino hacia la ocupación de tierras lusitanas. Fernando VII, que acababa de ascender al trono, se ve obligado junto con su padre Carlos IV a abdicar en favor de José Bonaparte, el hermano del emperador. Esto provoca que el 2 de mayo de 1808 los españoles se levanten contra los galos en Bayona y que en las colonias americanas se fortalezca un deseo poderoso de obtener su libertad frente al dominio hispano, ahora postrado ante el régimen napoleónico.

La Nueva España tomará conocimiento de esto hasta el 15 de julio, pero en el lapso de unos días, Talamantes se encuentra de lleno participando en el nuevo sentir independentista que va cobrando fuerza en distintos sectores, particularmente entre diversos mienbros del Ayuntamiento de la Ciudad de México, como los síndicos juan Francisco de Azcárate y Francisco Primo de Verdad y Ramos. El 19 de julio el cabildo propone nombrar un Congreso para atender el tema de la usurpación francesa del poder y nuestro personaje procede a redactar diversos textos, entre otros: Congreso Nacional de Nueva España y Representación Nacional de las Colonias. Discurso filosófico.

Ilustrado, iusnaturalista y escolástico por cuanto a su adhesión al pactismo y a la reversión de la soberanía, el fraile limeño planteará con claridad cuáles son los principios jurídicos que le sirven de base, en particular los que proceden de Montesquieu, Voltaire y Rousseau, pero habrá un ingrediente distinto, propio y profundo. Es la impronta trascendental que le viene de sus lecturas “prohibidas”, como la del también perseguido intelectual francés Louis Sébastien Mercier y su novela El año 2440. Un sueño como no ha habido otro (1770), la primera “ucronía” contemporánea, escrita antes de la Revolución, cuya lectura en Francia y España estaba proscrita. Y se explica. El protagonista, después de una velada va a dormir y, al despertar, lo hace 700 años después en el mismo lugar: París, solo que es un París muy distinto. La monarquía continúa, pero la organización social y la económica son más justas. Las diferencias entre las clases se han diluído y todos los ciudadanos trabajan. La violencia ha sido erradicada y priva la equidad,porque el hombre es amante de la paz y de la compasión.

Sí, elementos que recojerá la obra talamantina cuando, al elaborar el que sería nuestro primer y olvidado proyecto constitucional como país independiente, manifeste como objetivo central el integrar una especie de junta soberana que gobiernara a la colonia mientras el soberano legítimo estuviera privado de su encargo, al tiempo que llevara “en sí mismo, sin que pueda percibirse de los inadvertidos, las semillas de esa independencia sólida, durable y que pueda sostenerse sin dificultad y sin efusión de sangre”.

Solo que era demasiado soñar. En la noche del 15 de septiembre de 1808 Talamantes, nuestro protomártir de la Independencia, fue arrestado y enviado a las tinajas de San Juan de Ulúa. Falleció el 9 de octubre de 1809 y con él murió la gran oportunidad para nuestra Nación de haber podido aspirar a una transición independentista en paz.

bettyzanolli@gmail.com\u0009\u0009\u0009@BettyZanolli



En la historia de la humanidad, de tanto en tanto aparecen figuras que, de haber tenido otro destino, habrían podido cambiar el curso de los acontecimientos de una Nación.

Una de las más próximas a nosotros, por ejemplo, fue Luis Donaldo Colosio, pero otra de ellas, lejana por más de 200 años, es la de fray Melchor de Talamantes Salvador y Baeza. Un personaje que, a decir de uno de sus principales estudiosos, el español Juan Pablo Pampillo, “fue sin duda el más ilustrado y erudito ideólogo de la emancipación” novohispana.

Nacido en 1765 en la capital del Virreinato del Perú y formado en el seno de la orden de los mercedarios, destacó desde muy joven por su disciplina y compromiso. Hombre cercano al virrey limeño Francisco Gil de Taboada y Lemus y del proindependentista Hipólito de Unánue, su pasión por leer obras de autores críticos le hizo ganar animadversión entre los miembros del clero, por lo que tuvo que embarcarse rumbo a España pasando por la Nueva España, a donde arribó en 1799 por el puerto de Acapulco. Pero su estancia se prolongó. Al cabo de unos años, se convirtió en un personaje reconocido por sus amplios conocimientos y, en 1807, el entonces virrey José de Iturrigaray le encomendó diversas tareas, una de ellas, establecer los límites fronterizos entre Texas y Luisiana, por lo que tuvo que consultar diversos archivos y de nueva cuenta incursionó en la lectura de obras prohibidas por el Santo Oficio, principalmente por su anticlericalismo y anticolonialismo, como las del barón Timoteo Nordenflicht, de Guillaume-Thomas François de Raynal -Historia de las Indias- y de William Robertson -Historia de América-.

Lo que nadie imaginó es que muy pronto el panorama virreinal sería transformado, de manera radical, a partir de los sucesos que vive España. Desde 1807, Napoleón había decidido invadir el territorio hispánico con tropas francesas en su camino hacia la ocupación de tierras lusitanas. Fernando VII, que acababa de ascender al trono, se ve obligado junto con su padre Carlos IV a abdicar en favor de José Bonaparte, el hermano del emperador. Esto provoca que el 2 de mayo de 1808 los españoles se levanten contra los galos en Bayona y que en las colonias americanas se fortalezca un deseo poderoso de obtener su libertad frente al dominio hispano, ahora postrado ante el régimen napoleónico.

La Nueva España tomará conocimiento de esto hasta el 15 de julio, pero en el lapso de unos días, Talamantes se encuentra de lleno participando en el nuevo sentir independentista que va cobrando fuerza en distintos sectores, particularmente entre diversos mienbros del Ayuntamiento de la Ciudad de México, como los síndicos juan Francisco de Azcárate y Francisco Primo de Verdad y Ramos. El 19 de julio el cabildo propone nombrar un Congreso para atender el tema de la usurpación francesa del poder y nuestro personaje procede a redactar diversos textos, entre otros: Congreso Nacional de Nueva España y Representación Nacional de las Colonias. Discurso filosófico.

Ilustrado, iusnaturalista y escolástico por cuanto a su adhesión al pactismo y a la reversión de la soberanía, el fraile limeño planteará con claridad cuáles son los principios jurídicos que le sirven de base, en particular los que proceden de Montesquieu, Voltaire y Rousseau, pero habrá un ingrediente distinto, propio y profundo. Es la impronta trascendental que le viene de sus lecturas “prohibidas”, como la del también perseguido intelectual francés Louis Sébastien Mercier y su novela El año 2440. Un sueño como no ha habido otro (1770), la primera “ucronía” contemporánea, escrita antes de la Revolución, cuya lectura en Francia y España estaba proscrita. Y se explica. El protagonista, después de una velada va a dormir y, al despertar, lo hace 700 años después en el mismo lugar: París, solo que es un París muy distinto. La monarquía continúa, pero la organización social y la económica son más justas. Las diferencias entre las clases se han diluído y todos los ciudadanos trabajan. La violencia ha sido erradicada y priva la equidad,porque el hombre es amante de la paz y de la compasión.

Sí, elementos que recojerá la obra talamantina cuando, al elaborar el que sería nuestro primer y olvidado proyecto constitucional como país independiente, manifeste como objetivo central el integrar una especie de junta soberana que gobiernara a la colonia mientras el soberano legítimo estuviera privado de su encargo, al tiempo que llevara “en sí mismo, sin que pueda percibirse de los inadvertidos, las semillas de esa independencia sólida, durable y que pueda sostenerse sin dificultad y sin efusión de sangre”.

Solo que era demasiado soñar. En la noche del 15 de septiembre de 1808 Talamantes, nuestro protomártir de la Independencia, fue arrestado y enviado a las tinajas de San Juan de Ulúa. Falleció el 9 de octubre de 1809 y con él murió la gran oportunidad para nuestra Nación de haber podido aspirar a una transición independentista en paz.

bettyzanolli@gmail.com\u0009\u0009\u0009@BettyZanolli



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