/ lunes 9 de julio de 2018

Sin gafete | El fin del" Ejército Imperial"

De manera enfática el presidente electo ha insistido en que el Estado Mayor Presidencial regresará a la Defensa Nacional. Es decir, desaparecerá.


Y todos habremos de aplaudir. Porque se deformó de tantas maneras, principalmente por la soberbia de sus jefes, que no tiene el mínimo espacio en nuestra realidad.


Inaceptable la humillación consentida a la que nos ha sometido, en todos los viajes y eventos del presidente de la República. Peor, todavía, el gasto sin control para su “operación”.


Lo común es que lleguen a una entidad federativa y rebasen los hoteles, donde se hospedan hasta con perros, que llenen cuartos con equipo de espionaje electrónico y con armas, que bloqueen calles con vallas y mantengan a “invitados” encerrados como ganado hasta una hora después de la salida del primer mandatario.


Sus excesos no han tenido límite. Si hablamos, únicamente, de lo que vemos. Porque hay muchos negocios, como el restaurante, el Club Hípico, todos los locales que rentan para fiestas. Porque llegan en la víspera de una gira presidencial a poner, literalmente, de rodillas a gobernadores y funcionarios. Sus caprichos son inenarrables.


Y se supone, así se escudan, en que es por la “seguridad” del presidente en funciones.


Los militares los conocen, desde hace mucho, como “ejército imperial” porque así se comportan, y porque así ganan dinero. Con sus sueldos extraordinarios, con sus bonos, con sus viajes al extranjero, con sus “negocios” en secretarias o en gobiernos estatales.
Son dos mil, pero en los hechos hay que sumar otros siete mil de guardias presidenciales, que viven con privilegios superiores a los del alto mando castrense.


Son dueños de cualquier cantidad de “vehículos oficiales”, de equipo de alta tecnología, de armamento muy moderno, de ropa de marca, de lo que se les ocurre pedir. El presupuesto asignado al EMP, bajo del mando del general Roberto Miranda, el año pasado fue de 640 millones de pesos, de los que solamente el Presidente, si quiere, pide cuentas.


Controlan Los Pinos como si fuese su casa, y utilizan el “hospital” del Estado Mayor Presidencial para cirugías plásticas a sus familiares. Han humillado hasta al propio ejército al que pertenecen presentándose armados a actos militares.


Las rejas, la humillación constante al pueblo, los golpes, los empujones, todo lo que utilizaron como si el mandatario, sus colaboradores, todos ellos, fuesen dioses inaccesibles, van a terminar. La flota aérea que incluye el “avión presidencial” y ocho helicópteros regresarán, también, a la Sedena.


¿Quién pierde? Ninguno. Antes, al contrario. Es una de las acciones que ha anunciado López Obrador más equitativas y aplaudibles. Enhorabuena. Ya era tiempo de terminar con un mito, con un “ejercito pretoriano” que no era confiable ni para aquellos que supuestamente protegían.


En Tuiter: @isabelarvide Blog: EstadoMayor.mx Blog: CambioQRR.com


De manera enfática el presidente electo ha insistido en que el Estado Mayor Presidencial regresará a la Defensa Nacional. Es decir, desaparecerá.


Y todos habremos de aplaudir. Porque se deformó de tantas maneras, principalmente por la soberbia de sus jefes, que no tiene el mínimo espacio en nuestra realidad.


Inaceptable la humillación consentida a la que nos ha sometido, en todos los viajes y eventos del presidente de la República. Peor, todavía, el gasto sin control para su “operación”.


Lo común es que lleguen a una entidad federativa y rebasen los hoteles, donde se hospedan hasta con perros, que llenen cuartos con equipo de espionaje electrónico y con armas, que bloqueen calles con vallas y mantengan a “invitados” encerrados como ganado hasta una hora después de la salida del primer mandatario.


Sus excesos no han tenido límite. Si hablamos, únicamente, de lo que vemos. Porque hay muchos negocios, como el restaurante, el Club Hípico, todos los locales que rentan para fiestas. Porque llegan en la víspera de una gira presidencial a poner, literalmente, de rodillas a gobernadores y funcionarios. Sus caprichos son inenarrables.


Y se supone, así se escudan, en que es por la “seguridad” del presidente en funciones.


Los militares los conocen, desde hace mucho, como “ejército imperial” porque así se comportan, y porque así ganan dinero. Con sus sueldos extraordinarios, con sus bonos, con sus viajes al extranjero, con sus “negocios” en secretarias o en gobiernos estatales.
Son dos mil, pero en los hechos hay que sumar otros siete mil de guardias presidenciales, que viven con privilegios superiores a los del alto mando castrense.


Son dueños de cualquier cantidad de “vehículos oficiales”, de equipo de alta tecnología, de armamento muy moderno, de ropa de marca, de lo que se les ocurre pedir. El presupuesto asignado al EMP, bajo del mando del general Roberto Miranda, el año pasado fue de 640 millones de pesos, de los que solamente el Presidente, si quiere, pide cuentas.


Controlan Los Pinos como si fuese su casa, y utilizan el “hospital” del Estado Mayor Presidencial para cirugías plásticas a sus familiares. Han humillado hasta al propio ejército al que pertenecen presentándose armados a actos militares.


Las rejas, la humillación constante al pueblo, los golpes, los empujones, todo lo que utilizaron como si el mandatario, sus colaboradores, todos ellos, fuesen dioses inaccesibles, van a terminar. La flota aérea que incluye el “avión presidencial” y ocho helicópteros regresarán, también, a la Sedena.


¿Quién pierde? Ninguno. Antes, al contrario. Es una de las acciones que ha anunciado López Obrador más equitativas y aplaudibles. Enhorabuena. Ya era tiempo de terminar con un mito, con un “ejercito pretoriano” que no era confiable ni para aquellos que supuestamente protegían.


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