/ domingo 26 de noviembre de 2023

Sinodo y clericalismo

MIRAR

El Papa Francisco con frecuencia denuncia el clericalismo, que es la actitud de nosotros los clérigos (diáconos, presbíteros y obispos), cuando somos autoritarios, acaparamos la pastoral, decidimos sin escuchar a la comunidad, nos amparamos en una autoridad prepotente. La primera vez que lo escuché hablar sobre esto fue en su visita a Colombia (septiembre de 2017), en una reunión del CELAM, de cuya estructura yo formaba parte como responsable de la pastoral con los pueblos originarios. Nos dijo: “Es un imperativo superar el clericalismo que infantiliza a los fieles cristianos laicos y empobrece la identidad de los ministros ordenados”.

Este peligro, que es muy real, ha alentado a algunos a echarnos a los clérigos todas las culpas de por qué la Iglesia no cumple bien su identidad y misión, como si fuéramos los únicos responsables. Por ejemplo, en una reunión virtual del grupo en que participé durante la Asamblea Eclesial de América Latina, promovida por el CELAM en noviembre de 2021, los 15 participantes de diversos países despotricaban contra los clérigos. Llegó el momento en que les dije: ”¡Qué se acaben los curas, si hacen tanto daño a la Iglesia!”. Reaccionaron y matizaron su postura, reconociendo que no todos los clérigos somos iguales.

Durante la reciente primera asamblea del Sínodo de la Sinodalidad, se trató el asunto, pero con precisiones que son importantes. ¿Qué se dijo?

DISCERNIR

“Los presbíteros son los principales cooperadores del obispo y forman con él un único presbiterio (cf. LG 28); los diáconos, ordenados para el ministerio, sirven al Pueblo de Dios en la diaconía de la Palabra, de la liturgia, pero sobre todo de la caridad (cf. LG 29). Hacia ellos, la Asamblea sinodal expresa, en primer lugar, una profunda gratitud. Consciente de que pueden experimentar soledad y aislamiento, recomienda a las comunidades cristianas que les apoyen con la oración, la amistad y la colaboración. La Asamblea reconoce que muchos sacerdotes y diáconos hacen visible con su entrega el rostro de Cristo Buen Pastor y Siervo.

Un obstáculo para el ministerio y la misión es el clericalismo. Proviene de una incomprensión de la llamada divina, que lleva a concebirla más como un privilegio que como un servicio, y se manifiesta en un estilo mundano de poder que se niega a rendir cuentas. Esta deformación del sacerdocio debe ser combatida desde las primeras etapas de la formación, mediante el contacto vivo con la vida cotidiana del Pueblo de Dios y una experiencia concreta de servicio a los más necesitados. Desgraciadamente, el clericalismo es una actitud que puede manifestarse no sólo en los ministros, sino también en los laicos.

Muchas mujeres expresaron su profunda gratitud por la labor de sacerdotes y obispos, pero también hablaron de una Iglesia que duele. El clericalismo, el machismo y el uso inadecuado de la autoridad siguen marcando el rostro de la Iglesia y dañando la comunión. Es necesaria una profunda conversión espiritual como base de cualquier cambio estructural”.

ACTUAR

Los clérigos, revisemos si ejercemos nuestra autoridad, porque la tenemos, al estilo de Jesús, que a veces corrige y reprende, pero sobresale su acercamiento a las personas con bondad, comprensión, y hace partícipes de su misión a los apóstoles y a los demás discípulos, sin excluir a las mujeres. Las religiosas y demás laicos, cuando nos vean autoritarios y lejanos, ayúdenos no sólo con su oración, sino también con sus consejos, con su corrección fraterna.

MIRAR

El Papa Francisco con frecuencia denuncia el clericalismo, que es la actitud de nosotros los clérigos (diáconos, presbíteros y obispos), cuando somos autoritarios, acaparamos la pastoral, decidimos sin escuchar a la comunidad, nos amparamos en una autoridad prepotente. La primera vez que lo escuché hablar sobre esto fue en su visita a Colombia (septiembre de 2017), en una reunión del CELAM, de cuya estructura yo formaba parte como responsable de la pastoral con los pueblos originarios. Nos dijo: “Es un imperativo superar el clericalismo que infantiliza a los fieles cristianos laicos y empobrece la identidad de los ministros ordenados”.

Este peligro, que es muy real, ha alentado a algunos a echarnos a los clérigos todas las culpas de por qué la Iglesia no cumple bien su identidad y misión, como si fuéramos los únicos responsables. Por ejemplo, en una reunión virtual del grupo en que participé durante la Asamblea Eclesial de América Latina, promovida por el CELAM en noviembre de 2021, los 15 participantes de diversos países despotricaban contra los clérigos. Llegó el momento en que les dije: ”¡Qué se acaben los curas, si hacen tanto daño a la Iglesia!”. Reaccionaron y matizaron su postura, reconociendo que no todos los clérigos somos iguales.

Durante la reciente primera asamblea del Sínodo de la Sinodalidad, se trató el asunto, pero con precisiones que son importantes. ¿Qué se dijo?

DISCERNIR

“Los presbíteros son los principales cooperadores del obispo y forman con él un único presbiterio (cf. LG 28); los diáconos, ordenados para el ministerio, sirven al Pueblo de Dios en la diaconía de la Palabra, de la liturgia, pero sobre todo de la caridad (cf. LG 29). Hacia ellos, la Asamblea sinodal expresa, en primer lugar, una profunda gratitud. Consciente de que pueden experimentar soledad y aislamiento, recomienda a las comunidades cristianas que les apoyen con la oración, la amistad y la colaboración. La Asamblea reconoce que muchos sacerdotes y diáconos hacen visible con su entrega el rostro de Cristo Buen Pastor y Siervo.

Un obstáculo para el ministerio y la misión es el clericalismo. Proviene de una incomprensión de la llamada divina, que lleva a concebirla más como un privilegio que como un servicio, y se manifiesta en un estilo mundano de poder que se niega a rendir cuentas. Esta deformación del sacerdocio debe ser combatida desde las primeras etapas de la formación, mediante el contacto vivo con la vida cotidiana del Pueblo de Dios y una experiencia concreta de servicio a los más necesitados. Desgraciadamente, el clericalismo es una actitud que puede manifestarse no sólo en los ministros, sino también en los laicos.

Muchas mujeres expresaron su profunda gratitud por la labor de sacerdotes y obispos, pero también hablaron de una Iglesia que duele. El clericalismo, el machismo y el uso inadecuado de la autoridad siguen marcando el rostro de la Iglesia y dañando la comunión. Es necesaria una profunda conversión espiritual como base de cualquier cambio estructural”.

ACTUAR

Los clérigos, revisemos si ejercemos nuestra autoridad, porque la tenemos, al estilo de Jesús, que a veces corrige y reprende, pero sobresale su acercamiento a las personas con bondad, comprensión, y hace partícipes de su misión a los apóstoles y a los demás discípulos, sin excluir a las mujeres. Las religiosas y demás laicos, cuando nos vean autoritarios y lejanos, ayúdenos no sólo con su oración, sino también con sus consejos, con su corrección fraterna.