/ domingo 12 de agosto de 2018

Siqueiros del siglo XXI

1.- Seguramente en 1960 los procesos que ordenaba el jefe último del Ministerio Público seguían su curso con mucho más cuidado; se preparaban con la más refinada técnica jurídica, y se sustentaban todas las acusaciones con perfección y plena conciencia de las consecuencias de todo género para las partes y el impacto de llevar a la cárcel a un personaje de la vida pública. Puede tratarse de escarmientos ejemplares, de enviar mensajes a un sector específico, de blandir poder, ajustar una cuenta o, llanamente, de prevenir un mal mayor a la sociedad. También se puede en nuestro día –lo hemos visto-, hacer las cosas a pisotones, en total desaseo jurídico y dar la razón a la afectada a costa de lo que queda del afectante.

2.- En la persona de la lideresa magisterial ha revivido el episodio del irredento iconoclasta del comunismo y de los murales del pasado siglo que retó al gobierno por décadas hasta que López Mateos lo pasó a Lecumberri por su sexenio, y salió libre justo al final. Solo que el caso del mítico pintor tuvo el andamiaje jurídico suficiente para salvar del ridículo a la Representación Social, y el de la maestra careció desde el principio de sustento, parece que adrede, gráfico de una desidia que da a la autoridad bien poco lustre, y sólo añade a su desprestigio. Así como al pintor le adornó biografía, el desaliño con la lideresa la reivindica y estropea el Siqueiros del siglo XXI.

3.- Más explicable así se vuelve la abdicación con que el Ejecutivo de la Unión ha adelantado el fin de su gestión a manos de su sucesor, sin siquiera esperar la formalidad de la declaratoria apenas entregada estos días. Se hizo notorio al obsequiar todo capricho, incluido el de recibirlo en el Palacio Nacional y no en la residencia como estaba previsto, y ese detalle tenía una significación particular, que por lo visto la terquedad del Presidente Electo no le permitirá razonar para entender.

4.- El propósito de recibirlo en Los Pinos era, justamente, enseñarle parte de la consola que aún a pesar suyo tendrá que operar. Cómo es y en qué consiste la residencia; los servicios, sistemas, e instalaciones y controles estratégicos que ahí funcionan, así como los dispositivos de seguridad para todo el Gobierno que ahí se concentran; los salones de diversos usos de que dispone, incluidas cámaras de alto blindaje para situaciones especiales, no solo para la eficiencia en el desahogo de la agenda presidencial, sino de todas las personas que se reciben, los eventos del Estado que ahí se celebran y, no menos importante, la íntima privacidad del ocupante, que ahí, también, se garantiza. Son instalaciones que no ha querido conocer, y su antecesor debía haberle mostrado.

5.- La visita a la residencia tenía por objeto darle vista también del cuartel del Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas; lo que significa en términos militares un Estado Mayor, que es mucho más que un grupo de 20 ciudadanos –no necesariamente profesionales, dice él- que cuidarán su seguridad sin armas. Es parte de lo que su terquedad no facilita que asimile, así como que ya no es candidato, y cree que esta miel durará siempre.

6.- Hay países donde el líder puede exhibir su carisma –y su candidez- sin el menor riesgo. Uruguay tiene algo más que la población de Iztapalapa un poco más densa. Suecia es muy civilizada, y ya conocen de fragilidades.


1.- Seguramente en 1960 los procesos que ordenaba el jefe último del Ministerio Público seguían su curso con mucho más cuidado; se preparaban con la más refinada técnica jurídica, y se sustentaban todas las acusaciones con perfección y plena conciencia de las consecuencias de todo género para las partes y el impacto de llevar a la cárcel a un personaje de la vida pública. Puede tratarse de escarmientos ejemplares, de enviar mensajes a un sector específico, de blandir poder, ajustar una cuenta o, llanamente, de prevenir un mal mayor a la sociedad. También se puede en nuestro día –lo hemos visto-, hacer las cosas a pisotones, en total desaseo jurídico y dar la razón a la afectada a costa de lo que queda del afectante.

2.- En la persona de la lideresa magisterial ha revivido el episodio del irredento iconoclasta del comunismo y de los murales del pasado siglo que retó al gobierno por décadas hasta que López Mateos lo pasó a Lecumberri por su sexenio, y salió libre justo al final. Solo que el caso del mítico pintor tuvo el andamiaje jurídico suficiente para salvar del ridículo a la Representación Social, y el de la maestra careció desde el principio de sustento, parece que adrede, gráfico de una desidia que da a la autoridad bien poco lustre, y sólo añade a su desprestigio. Así como al pintor le adornó biografía, el desaliño con la lideresa la reivindica y estropea el Siqueiros del siglo XXI.

3.- Más explicable así se vuelve la abdicación con que el Ejecutivo de la Unión ha adelantado el fin de su gestión a manos de su sucesor, sin siquiera esperar la formalidad de la declaratoria apenas entregada estos días. Se hizo notorio al obsequiar todo capricho, incluido el de recibirlo en el Palacio Nacional y no en la residencia como estaba previsto, y ese detalle tenía una significación particular, que por lo visto la terquedad del Presidente Electo no le permitirá razonar para entender.

4.- El propósito de recibirlo en Los Pinos era, justamente, enseñarle parte de la consola que aún a pesar suyo tendrá que operar. Cómo es y en qué consiste la residencia; los servicios, sistemas, e instalaciones y controles estratégicos que ahí funcionan, así como los dispositivos de seguridad para todo el Gobierno que ahí se concentran; los salones de diversos usos de que dispone, incluidas cámaras de alto blindaje para situaciones especiales, no solo para la eficiencia en el desahogo de la agenda presidencial, sino de todas las personas que se reciben, los eventos del Estado que ahí se celebran y, no menos importante, la íntima privacidad del ocupante, que ahí, también, se garantiza. Son instalaciones que no ha querido conocer, y su antecesor debía haberle mostrado.

5.- La visita a la residencia tenía por objeto darle vista también del cuartel del Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas; lo que significa en términos militares un Estado Mayor, que es mucho más que un grupo de 20 ciudadanos –no necesariamente profesionales, dice él- que cuidarán su seguridad sin armas. Es parte de lo que su terquedad no facilita que asimile, así como que ya no es candidato, y cree que esta miel durará siempre.

6.- Hay países donde el líder puede exhibir su carisma –y su candidez- sin el menor riesgo. Uruguay tiene algo más que la población de Iztapalapa un poco más densa. Suecia es muy civilizada, y ya conocen de fragilidades.