/ viernes 24 de febrero de 2023

Sismos en Turquía y los rescatistas mexicanos

Se trató de un sismo inicial de 7.8 grados en la escala de Richter, el que se sintió en Turquía el pasado 6 de febrero, en la zona sureste de aquella nación, donde es limítrofe con Siria, un país que lleva más d 10 años en guerra civil y donde, además de todo, también hubo daños catastróficos que incluyen miles de muertos y de edificios derruidos.

No solo se trata de una zona del planeta, propensa a movimientos telúricos, hay que sumar a los hechos, el que regularmente erijan construcciones débiles en las que predomina como material de construcción el adobe, así como otros que suelen tener una muy baja resistencia a los desplazamientos en la corteza terrestre.

Por supuesto, no solo a naciones en vías de desarrollo, es que les suele pegar más fuerte un sismo, ya que hemos visto grandes destrucciones en países de alto desarrollo como Taiwán o incluso Japón, donde, además de derrumbarse edificios de departamentos y empresas, también se han visto abajo centrales nucleares, como la de Fukushima, que el 11 de marzo de 2011, tuvo un trágico destino, tanto por el sismo de 9 grados Richter, como por el posterior tsunami, que terminó de sellar la devastación.

Recordamos con gran consternación, el final del año 2004, concretamente el 26 de diciembre, cuando se registró un sismo de 9.1 grados Richter en Indonesia, que además de generar graves daños, por sí mismo, provocó un tsunami que llevó a grandes niveles la destrucción, dejando más de 200 mil muertos y la devastación de la infraestructura, incluyendo carreteras, aeropuertos, hoteles, hogares y todo tipo de empresas.

Algo que resulta encomiable, desde los sismos de México de 1985, cuando, se estima que solo en la capital, se habrían registrado más de 10 mil muertos, además del derrumbe y daños al Metro, a vías primordiales de comunicación y desde luego grandes edificios, que eran principalmente multifamiliares y oficinas de gobierno.

Desde entonces, con el fin de rescatar al mayor número posible de sobrevivientes, se integró la agrupación “Topos”, que, a lo largo desde las décadas transcurridas, han rescatado a víctimas principalmente de temblores, que han visto caer sobre sí, edificaciones de toda dimensión, lo que ha llevado a los célebres “Topos” mexicanos, prácticamente a todos los confines del planeta.

Recordemos que casos de edificios derruidos, no solo llegan a darse en zona sísmicas, como ocurrió hace relativamente poco tiempo en Miami, Florida, donde hace poco más de un año, se vino abajo un edificio de departamentos, principalmente por la mala calidad de su construcción, lugar al que también acudieron los topos, a salvar las vidas posibles.

También hay que hacer un reconocimiento a los binomios caninos, principalmente de la Secretaría de Marina Armada de México, que han salvado múltiples vidas, tanto en sismos registrados en México, como los de los días 19 de septiembre, tanto de 2017, como de 2022, como ahora hacen en Turquía, donde han salvado la existencia de bebés recién nacidos en hospitales derrumbados, mismos que lograron sobrevivir, hasta a la misma muerte de sus madres, gracias a la cultura mexicana del rescate en zonas de desastre.

Se trató de un sismo inicial de 7.8 grados en la escala de Richter, el que se sintió en Turquía el pasado 6 de febrero, en la zona sureste de aquella nación, donde es limítrofe con Siria, un país que lleva más d 10 años en guerra civil y donde, además de todo, también hubo daños catastróficos que incluyen miles de muertos y de edificios derruidos.

No solo se trata de una zona del planeta, propensa a movimientos telúricos, hay que sumar a los hechos, el que regularmente erijan construcciones débiles en las que predomina como material de construcción el adobe, así como otros que suelen tener una muy baja resistencia a los desplazamientos en la corteza terrestre.

Por supuesto, no solo a naciones en vías de desarrollo, es que les suele pegar más fuerte un sismo, ya que hemos visto grandes destrucciones en países de alto desarrollo como Taiwán o incluso Japón, donde, además de derrumbarse edificios de departamentos y empresas, también se han visto abajo centrales nucleares, como la de Fukushima, que el 11 de marzo de 2011, tuvo un trágico destino, tanto por el sismo de 9 grados Richter, como por el posterior tsunami, que terminó de sellar la devastación.

Recordamos con gran consternación, el final del año 2004, concretamente el 26 de diciembre, cuando se registró un sismo de 9.1 grados Richter en Indonesia, que además de generar graves daños, por sí mismo, provocó un tsunami que llevó a grandes niveles la destrucción, dejando más de 200 mil muertos y la devastación de la infraestructura, incluyendo carreteras, aeropuertos, hoteles, hogares y todo tipo de empresas.

Algo que resulta encomiable, desde los sismos de México de 1985, cuando, se estima que solo en la capital, se habrían registrado más de 10 mil muertos, además del derrumbe y daños al Metro, a vías primordiales de comunicación y desde luego grandes edificios, que eran principalmente multifamiliares y oficinas de gobierno.

Desde entonces, con el fin de rescatar al mayor número posible de sobrevivientes, se integró la agrupación “Topos”, que, a lo largo desde las décadas transcurridas, han rescatado a víctimas principalmente de temblores, que han visto caer sobre sí, edificaciones de toda dimensión, lo que ha llevado a los célebres “Topos” mexicanos, prácticamente a todos los confines del planeta.

Recordemos que casos de edificios derruidos, no solo llegan a darse en zona sísmicas, como ocurrió hace relativamente poco tiempo en Miami, Florida, donde hace poco más de un año, se vino abajo un edificio de departamentos, principalmente por la mala calidad de su construcción, lugar al que también acudieron los topos, a salvar las vidas posibles.

También hay que hacer un reconocimiento a los binomios caninos, principalmente de la Secretaría de Marina Armada de México, que han salvado múltiples vidas, tanto en sismos registrados en México, como los de los días 19 de septiembre, tanto de 2017, como de 2022, como ahora hacen en Turquía, donde han salvado la existencia de bebés recién nacidos en hospitales derrumbados, mismos que lograron sobrevivir, hasta a la misma muerte de sus madres, gracias a la cultura mexicana del rescate en zonas de desastre.