/ miércoles 17 de enero de 2024

Soberanía digital y protección de datos personales

Daniel Rosemberg Cervantes Pérez

Politólogo y experto en gobierno digital y abierto

@drcervantesp


En la era de la economía digital, la protección de datos personales y la privacidad emergen como pilares centrales en la construcción de una soberanía digital. A medida que las plataformas digitales se convierten en intermediarios clave en la economía y la política, enfrentamos el desafío de comprender y regular eficazmente esta nueva realidad.

El avance acelerado hacia la digitalización, impulsado por la pandemia, ha revelado una preocupante concentración de mercado por parte de grandes corporaciones. Estas empresas no solo dominan el mercado sino que también controlan una cantidad masiva de datos personales, planteando serias inquietudes sobre la privacidad y el uso de esta información.

El 2023 se destacó por el auge de la Inteligencia Artificial, que transforma el mundo laboral y pone en riesgo incluso profesiones intelectuales. Estas tecnologías, alimentadas por nuestros datos diarios, requieren un marco regulatorio que garantice la privacidad y evite el abuso. Según Tim Cook de Apple, estamos en la era de un "Complejo Industrial de Datos", donde la información se ha convertido en el recurso más valioso.

En este contexto, la extracción y monetización de datos personales, identificada por economistas como un nuevo tipo de extractivismo, se asemeja al del petróleo. Esto ha dado lugar a lo que Shoshana Zuboff denomina "capitalismo de vigilancia", donde la manipulación y el uso de datos personales se convierten en herramientas para perfilar el comportamiento social. Extraen y analizan los datos que a diario generamos, para perfilar nuestro comportamiento y ofrecernos publicidad como uno de los motores de la economía.

Hay múltiples implicaciones de cómo esto afecta la sociedad y al Estado. Desde la manipulación de la opinión pública, fake news, teorías de la conspiración y desinformaciones creadas por externalidades digitales.

La necesidad de una regulación efectiva se hace más evidente al considerar la "uberización" del trabajo y la creciente precarización laboral. Es imperativo establecer derechos laborales adaptados a estos nuevos modelos económicos y proteger los datos personales de los trabajadores en la economía digital.

En Europa, las regulaciones antimonopólicas, por ejemplo, enfatizan el bienestar ciudadano más allá de sus derechos como consumidor, integrando la propiedad de datos y la privacidad con la competencia económica. En este sentido, es necesario avanzar hacia un esquema soberanía digital que no solo proteja los datos personales desde una responsabilidad individual, sino que también contemple los riesgos y potenciales de estos datos en el ámbito económico.

La regulación de plataformas digitales no debe quedar en manos de oligarquías tecnológicas, sino ser impulsada por gobiernos democráticos y responsables. México aún tiene un largo camino por recorrer en la regulación de esta esfera digital.

Por ejemplo, es importante que los algoritmos de aplicaciones como como Airbnb, que han transformado mercados y comunidades, sean transparentes. En ciudades como Barcelona o Bruselas, se la impuesto el Estado ante este tipo de fenómenos, priorizando los derechos de las personas sobre las ventajas del capital.

La soberanía digital implica que la sociedad, en su conjunto, debe tomar decisiones informadas sobre la dirección del progreso tecnológico y el control de infraestructura crítica y estratégica para el presente y el futuro. Un objetivo que requiere colaboración entre autoridades, partidos políticos, la sociedad civil y las universidades.

Daniel Rosemberg Cervantes Pérez

Politólogo y experto en gobierno digital y abierto

@drcervantesp


En la era de la economía digital, la protección de datos personales y la privacidad emergen como pilares centrales en la construcción de una soberanía digital. A medida que las plataformas digitales se convierten en intermediarios clave en la economía y la política, enfrentamos el desafío de comprender y regular eficazmente esta nueva realidad.

El avance acelerado hacia la digitalización, impulsado por la pandemia, ha revelado una preocupante concentración de mercado por parte de grandes corporaciones. Estas empresas no solo dominan el mercado sino que también controlan una cantidad masiva de datos personales, planteando serias inquietudes sobre la privacidad y el uso de esta información.

El 2023 se destacó por el auge de la Inteligencia Artificial, que transforma el mundo laboral y pone en riesgo incluso profesiones intelectuales. Estas tecnologías, alimentadas por nuestros datos diarios, requieren un marco regulatorio que garantice la privacidad y evite el abuso. Según Tim Cook de Apple, estamos en la era de un "Complejo Industrial de Datos", donde la información se ha convertido en el recurso más valioso.

En este contexto, la extracción y monetización de datos personales, identificada por economistas como un nuevo tipo de extractivismo, se asemeja al del petróleo. Esto ha dado lugar a lo que Shoshana Zuboff denomina "capitalismo de vigilancia", donde la manipulación y el uso de datos personales se convierten en herramientas para perfilar el comportamiento social. Extraen y analizan los datos que a diario generamos, para perfilar nuestro comportamiento y ofrecernos publicidad como uno de los motores de la economía.

Hay múltiples implicaciones de cómo esto afecta la sociedad y al Estado. Desde la manipulación de la opinión pública, fake news, teorías de la conspiración y desinformaciones creadas por externalidades digitales.

La necesidad de una regulación efectiva se hace más evidente al considerar la "uberización" del trabajo y la creciente precarización laboral. Es imperativo establecer derechos laborales adaptados a estos nuevos modelos económicos y proteger los datos personales de los trabajadores en la economía digital.

En Europa, las regulaciones antimonopólicas, por ejemplo, enfatizan el bienestar ciudadano más allá de sus derechos como consumidor, integrando la propiedad de datos y la privacidad con la competencia económica. En este sentido, es necesario avanzar hacia un esquema soberanía digital que no solo proteja los datos personales desde una responsabilidad individual, sino que también contemple los riesgos y potenciales de estos datos en el ámbito económico.

La regulación de plataformas digitales no debe quedar en manos de oligarquías tecnológicas, sino ser impulsada por gobiernos democráticos y responsables. México aún tiene un largo camino por recorrer en la regulación de esta esfera digital.

Por ejemplo, es importante que los algoritmos de aplicaciones como como Airbnb, que han transformado mercados y comunidades, sean transparentes. En ciudades como Barcelona o Bruselas, se la impuesto el Estado ante este tipo de fenómenos, priorizando los derechos de las personas sobre las ventajas del capital.

La soberanía digital implica que la sociedad, en su conjunto, debe tomar decisiones informadas sobre la dirección del progreso tecnológico y el control de infraestructura crítica y estratégica para el presente y el futuro. Un objetivo que requiere colaboración entre autoridades, partidos políticos, la sociedad civil y las universidades.