/ lunes 15 de febrero de 2021

Soberanía energética, YA

Los días jueves y viernes de la semana pasada se realizó en la Cámara de Diputados, por vía telemática, el Parlamento Abierto en torno a la Reforma Preferente que propone el Ejecutivo Federal respecto de la Ley de la Industria Eléctrica. Tuve el honor de participar y moderar –en los bloques vespertinos– este foro plural organizado por el diputado Manuel Rodríguez González, presidente de la Comisión de Energía. Fue una discusión abierta, en donde prevaleció el debate plural y democrático; escuchamos diferentes puntos de vista, muchos de ellos elocuentes y detallados, algunos con argumentos falaces y otros que aportaron valiosa información técnica, política y económica que nos permitirá tomar la mejor decisión para, ahora sí, tener la industria eléctrica que el desarrollo nacional y los mexicanos tanto necesitamos.

Antes de las atrocidades neoliberales, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) tenía la capacidad de brindar el servicio de energía eléctrica a todo el país; si acaso, se requerían inversiones para modernizar equipos y transitar a nuevas tecnologías. Sin embargo, lejos de empoderarla y mantenerla entre los primeros lugares de las industrias eléctricas del mundo, le aplicaron la estrategia que pretendieron también con Pemex, el mismo modelito neoliberal y corrupto: la endeudaron con más de 50 mil millones de dólares en obras PIDIRIEGAS (proyectos de infraestructura productiva de largo plazo) y gasoductos, por las que habrán de pagarse durante los próximos 25 años más de 200 mil millones de dólares, con el inconveniente de que los gasoductos y las plantas generadoras de productores independientes son arrendados. Al final de los innombrables contratos leoninos, esa infraestructura seguirá siendo propiedad de inversionistas privados, tal como lo expuso el director de la CFE el 8 de enero de este año.

Increíble, pero cierto, el PRIAN gobernante en los sexenios anteriores pretendió el total desmantelamiento de la industria energética nacional. Por citar un ejemplo, el gobierno mexicano dio a la empresa Iberdrola 56 mil 175 de los 150 mil millones de pesos que destinó a sus proyectos, además de aceptarle tarifas por debajo de su costo de producción para transmitir su energía eléctrica; aunque todo el respaldo lo sigue dando la CFE, sin que éste le sea pagado: ¡Los impuestos de todos los mexicanos invertidos en el desarrollo económico de las empresas privadas de energía!, ¡faltaba más!

Asimismo, la ley de 2013 permitió la creación de un mercado paralelo de energía eléctrica, con la simulación del “autoabastecimiento”, que les avala evadir el pago de impuestos y los costos del porteo, transmisión y, por supuesto, el de distribución. Su estrategia es simular que venden a sus “supuestos socios” –en realidad sus clientes–, y así lograr que aproximadamente 108 centrales eléctricas (con 71 mil 780 clientes) no pasen por la supervisión del Centro Nacional de Control de la Energía (CENACE). Tal es el número de empresas que compiten de manera desleal contra empresarios honestos que sí pagan completo el servicio de energía eléctrica en nuestro país.

Incluso tras su desmantelamiento, la CFE sigue siendo la principal productora de energías verdes y sustentables, genera el doble de energías limpias que todos los particulares juntos; y ello, aun cuando la reforma energética de 2013 encadenó a la Comisión a que sólo utilizara, en promedio, 51.30% del total de su capacidad instalada.

Al reformar esta ley en los términos que propone el Ejecutivo, se estará reconociendo el esfuerzo de nuestra Compañía de Luz en la generación de energías limpias, lo cual le permitirá mejorar sus finanzas, contribuir al desarrollo de energías sustentables y dejar de subsidiar a particulares. Esto, cabe subrayar, sin poner en riesgo el cumplimiento de los Acuerdos de París sobre la emisión de carbono; de hecho, en el contexto internacional, México es uno de los países en donde se produce energía eléctrica con menos huella de carbono.

Es momento de rescatar la rectoría del Sistema Eléctrico Nacional, de devolver la soberanía energética a nuestro país y de cumplir con lo dispuesto en los artículos 25 y 28 constitucionales. Basta de privilegiar el mercado sobre la seguridad nacional.

No es cierto que las energías generadas por particulares sean las más baratas. En una justa competencia, la energía generada por la CFE será –en su mayoría– la más económica de todas. Por ello, además de rescatar la soberanía energética, esta reforma establecerá reglas justas y claras para competir, apoyará de forma equitativa la generación de energías limpias y, principalmente, tendrá un impacto positivo que se traducirá en costos más bajos en el recibo de nuestra luz.

Porque es una reforma pensada y elaborada en favor de México y de los mexicanos, la votaré a favor, sin cambiarle una coma.

Diputada Federal Coordinadora Temática de Economía del Grupo Parlamentario de Morena

https://www.facebook.com/angeleshuertadip/

@gelahuerta

Los días jueves y viernes de la semana pasada se realizó en la Cámara de Diputados, por vía telemática, el Parlamento Abierto en torno a la Reforma Preferente que propone el Ejecutivo Federal respecto de la Ley de la Industria Eléctrica. Tuve el honor de participar y moderar –en los bloques vespertinos– este foro plural organizado por el diputado Manuel Rodríguez González, presidente de la Comisión de Energía. Fue una discusión abierta, en donde prevaleció el debate plural y democrático; escuchamos diferentes puntos de vista, muchos de ellos elocuentes y detallados, algunos con argumentos falaces y otros que aportaron valiosa información técnica, política y económica que nos permitirá tomar la mejor decisión para, ahora sí, tener la industria eléctrica que el desarrollo nacional y los mexicanos tanto necesitamos.

Antes de las atrocidades neoliberales, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) tenía la capacidad de brindar el servicio de energía eléctrica a todo el país; si acaso, se requerían inversiones para modernizar equipos y transitar a nuevas tecnologías. Sin embargo, lejos de empoderarla y mantenerla entre los primeros lugares de las industrias eléctricas del mundo, le aplicaron la estrategia que pretendieron también con Pemex, el mismo modelito neoliberal y corrupto: la endeudaron con más de 50 mil millones de dólares en obras PIDIRIEGAS (proyectos de infraestructura productiva de largo plazo) y gasoductos, por las que habrán de pagarse durante los próximos 25 años más de 200 mil millones de dólares, con el inconveniente de que los gasoductos y las plantas generadoras de productores independientes son arrendados. Al final de los innombrables contratos leoninos, esa infraestructura seguirá siendo propiedad de inversionistas privados, tal como lo expuso el director de la CFE el 8 de enero de este año.

Increíble, pero cierto, el PRIAN gobernante en los sexenios anteriores pretendió el total desmantelamiento de la industria energética nacional. Por citar un ejemplo, el gobierno mexicano dio a la empresa Iberdrola 56 mil 175 de los 150 mil millones de pesos que destinó a sus proyectos, además de aceptarle tarifas por debajo de su costo de producción para transmitir su energía eléctrica; aunque todo el respaldo lo sigue dando la CFE, sin que éste le sea pagado: ¡Los impuestos de todos los mexicanos invertidos en el desarrollo económico de las empresas privadas de energía!, ¡faltaba más!

Asimismo, la ley de 2013 permitió la creación de un mercado paralelo de energía eléctrica, con la simulación del “autoabastecimiento”, que les avala evadir el pago de impuestos y los costos del porteo, transmisión y, por supuesto, el de distribución. Su estrategia es simular que venden a sus “supuestos socios” –en realidad sus clientes–, y así lograr que aproximadamente 108 centrales eléctricas (con 71 mil 780 clientes) no pasen por la supervisión del Centro Nacional de Control de la Energía (CENACE). Tal es el número de empresas que compiten de manera desleal contra empresarios honestos que sí pagan completo el servicio de energía eléctrica en nuestro país.

Incluso tras su desmantelamiento, la CFE sigue siendo la principal productora de energías verdes y sustentables, genera el doble de energías limpias que todos los particulares juntos; y ello, aun cuando la reforma energética de 2013 encadenó a la Comisión a que sólo utilizara, en promedio, 51.30% del total de su capacidad instalada.

Al reformar esta ley en los términos que propone el Ejecutivo, se estará reconociendo el esfuerzo de nuestra Compañía de Luz en la generación de energías limpias, lo cual le permitirá mejorar sus finanzas, contribuir al desarrollo de energías sustentables y dejar de subsidiar a particulares. Esto, cabe subrayar, sin poner en riesgo el cumplimiento de los Acuerdos de París sobre la emisión de carbono; de hecho, en el contexto internacional, México es uno de los países en donde se produce energía eléctrica con menos huella de carbono.

Es momento de rescatar la rectoría del Sistema Eléctrico Nacional, de devolver la soberanía energética a nuestro país y de cumplir con lo dispuesto en los artículos 25 y 28 constitucionales. Basta de privilegiar el mercado sobre la seguridad nacional.

No es cierto que las energías generadas por particulares sean las más baratas. En una justa competencia, la energía generada por la CFE será –en su mayoría– la más económica de todas. Por ello, además de rescatar la soberanía energética, esta reforma establecerá reglas justas y claras para competir, apoyará de forma equitativa la generación de energías limpias y, principalmente, tendrá un impacto positivo que se traducirá en costos más bajos en el recibo de nuestra luz.

Porque es una reforma pensada y elaborada en favor de México y de los mexicanos, la votaré a favor, sin cambiarle una coma.

Diputada Federal Coordinadora Temática de Economía del Grupo Parlamentario de Morena

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@gelahuerta