/ martes 20 de febrero de 2024

Sobrevivientes

Por Estela Casados

Cuando las mujeres somos agredidas e interponemos queja, denuncia o demandamos atención médica nos percatamos que tanto las autoridades, servicios de salud y sociedad en general, necesitan vernos sumamente golpeadas o malheridas para accionar.

A veces ni eso. Si lograste sobrevivir a una agresión, si “solo” muestras una herida, un poco de sangre, moretón, secuela psicológica por la agresión recibida y conservaste la vida hay que dar gracias, retirarse a casa y olvidar todo. Al fin y al cabo, eso es lo que se nos enseña a las mujeres: “calladita te ves más bonita”.

Hacer lo contrario es mal visto. Se tacha de exageradas, problemáticas e histéricas a aquellas que visibilizan la agresión de la que han sido objeto y demandan justicia. Ejemplos de ello hay muchos, tanto para aquellos casos donde la agresión se perpetra por un machismo cotidiano o de manera más grave como, por ejemplo, lo es una tentativa de feminicidio.

Mucha gente voltea la cara a otro lado cuando se habla de violencias hacia las mujeres, ya sea porque no es de su interés, porque lo considera una exageración o simplemente porque le es desagradable. Aún más es la gente que tacha el reclamo de una víctima como un acto de oportunismo y lucimiento protagónico para llamar la atención.

Desde luego, el Estado es un espejo de la sociedad: administra la violencia, sin procurar la debida sanción y reparación del daño. Esto lo observamos puntualmente cuando hablamos de sobrevivientes de tentativa de feminicidio.

En 2019, en la ciudad de Xalapa, un grupo de mujeres se percató que en el estado de Veracruz y en el país había muchas de ellas que compartían un pasado común: en distintos momentos de su historia personal habían sobrevivido a ataques violentos que pudieron haber terminado como feminicidios.

Es decir, por una serie de hechos azarosos habían escapado de una muerte segura gracias a un error de cálculo o de pericia de sus agresores. Sobre todo, son mujeres que se aferraron a la vida, con toda la dificultad que ello implica y con la violencia que les tocaría sortear al sobrevivir.

La reflexión de este grupo no surgió de la nada. Sobrevivieron y simultáneamente sobrellevaron la experiencia de impulsar sus propios procesos legales para conseguir justicia y curar en soledad las heridas emocionales que estos eventos trajeron consigo. Comenzaron a acompañarse entre ellas, a acuerpar su reclamo de justicia, de no desvanecerse en la precariedad económica, construir magia sorora para reconfortar el ánimo y la cordura.

Cinco años después la Colectiva Sobrevivientes de Feminicidio es una agrupación fuerte, vinculada con sobrevivientes de todo el país, con organizaciones de la sociedad civil, universidades y centros de investigación. Todo ello les ha permitido construir un espacio de manera articulada y empujar desde diferentes ámbitos para visibilizar que “las sobrevivientes existen y también cuentan”.

Desde una ética de trabajo feminista, sus objetivos van desde acompañar en su proceso a las sobrevivientes de feminicidio, así como erradicar “las condiciones de desigualdad, violencia y discriminación” en las que viven las sobrevivientes de tentativa de feminicidio en México.

Hoy les invito a que sigan, acompañen y apoyen a esta colectiva en sus diferentes redes sociales. Las encontramos como @vivasestamos. Sigamos su rastro, pues en breve desarrollarán acciones sumamente importantes. De ello daremos cuenta en posteriores entregas para este espacio.

*Coordinadora del Observatorio Universitario de Violencias contra las Mujeres. Universidad Veracruzana


Por Estela Casados

Cuando las mujeres somos agredidas e interponemos queja, denuncia o demandamos atención médica nos percatamos que tanto las autoridades, servicios de salud y sociedad en general, necesitan vernos sumamente golpeadas o malheridas para accionar.

A veces ni eso. Si lograste sobrevivir a una agresión, si “solo” muestras una herida, un poco de sangre, moretón, secuela psicológica por la agresión recibida y conservaste la vida hay que dar gracias, retirarse a casa y olvidar todo. Al fin y al cabo, eso es lo que se nos enseña a las mujeres: “calladita te ves más bonita”.

Hacer lo contrario es mal visto. Se tacha de exageradas, problemáticas e histéricas a aquellas que visibilizan la agresión de la que han sido objeto y demandan justicia. Ejemplos de ello hay muchos, tanto para aquellos casos donde la agresión se perpetra por un machismo cotidiano o de manera más grave como, por ejemplo, lo es una tentativa de feminicidio.

Mucha gente voltea la cara a otro lado cuando se habla de violencias hacia las mujeres, ya sea porque no es de su interés, porque lo considera una exageración o simplemente porque le es desagradable. Aún más es la gente que tacha el reclamo de una víctima como un acto de oportunismo y lucimiento protagónico para llamar la atención.

Desde luego, el Estado es un espejo de la sociedad: administra la violencia, sin procurar la debida sanción y reparación del daño. Esto lo observamos puntualmente cuando hablamos de sobrevivientes de tentativa de feminicidio.

En 2019, en la ciudad de Xalapa, un grupo de mujeres se percató que en el estado de Veracruz y en el país había muchas de ellas que compartían un pasado común: en distintos momentos de su historia personal habían sobrevivido a ataques violentos que pudieron haber terminado como feminicidios.

Es decir, por una serie de hechos azarosos habían escapado de una muerte segura gracias a un error de cálculo o de pericia de sus agresores. Sobre todo, son mujeres que se aferraron a la vida, con toda la dificultad que ello implica y con la violencia que les tocaría sortear al sobrevivir.

La reflexión de este grupo no surgió de la nada. Sobrevivieron y simultáneamente sobrellevaron la experiencia de impulsar sus propios procesos legales para conseguir justicia y curar en soledad las heridas emocionales que estos eventos trajeron consigo. Comenzaron a acompañarse entre ellas, a acuerpar su reclamo de justicia, de no desvanecerse en la precariedad económica, construir magia sorora para reconfortar el ánimo y la cordura.

Cinco años después la Colectiva Sobrevivientes de Feminicidio es una agrupación fuerte, vinculada con sobrevivientes de todo el país, con organizaciones de la sociedad civil, universidades y centros de investigación. Todo ello les ha permitido construir un espacio de manera articulada y empujar desde diferentes ámbitos para visibilizar que “las sobrevivientes existen y también cuentan”.

Desde una ética de trabajo feminista, sus objetivos van desde acompañar en su proceso a las sobrevivientes de feminicidio, así como erradicar “las condiciones de desigualdad, violencia y discriminación” en las que viven las sobrevivientes de tentativa de feminicidio en México.

Hoy les invito a que sigan, acompañen y apoyen a esta colectiva en sus diferentes redes sociales. Las encontramos como @vivasestamos. Sigamos su rastro, pues en breve desarrollarán acciones sumamente importantes. De ello daremos cuenta en posteriores entregas para este espacio.

*Coordinadora del Observatorio Universitario de Violencias contra las Mujeres. Universidad Veracruzana