/ domingo 5 de diciembre de 2021

Sola en la oscuridad

“Ésta es la obra que hacía falta en la cartelera”. Escucho la frase en el vestíbulo del teatro México, donde acabo de disfrutar de Sola en la oscuridad y pienso: totalmente de acuerdo.

Y sí, Sola en la oscuridad es una historia de suspenso, de ésas que, como dice su publicidad, te mantienen al filo de la butaca. No es terror, no es thriller, no es violencia desaforada, no es sangre a borbotones en todas las paredes, no son sobresaltos cada cinco segundos. No, ¡es suspenso!, excelentemente bien llevado, planteado y ejecutado con una precisión que cautiva y atrapa de principio a fin.

Escrita por Frederick Knott —mismo autor de la obra Con M de muerte, que se hizo célebre con su versión cinematográfica dirigida por Alfred Hitchcock y protagonizada por Grece Kelly—, Sola en la oscuridad es un engranaje de precisión matemática que es poco frecuente en el teatro.

Y lo es porque el suspenso requiere de un timing, de un ritmo, y de un ambiente que el cine (y las series) ha desarrollado muy bien, y que es sumamente complejo para el lenguaje teatral.

Por ello es triplemente meritorio lo que consigue esta producción de Morris Gilbert, siempre amante de los retos y de la manufactura perfecta en cada montaje.

Enrique Singer, actualmente cabeza de la Compañía Nacional de Teatro, es el director de escena de este montaje que conjuga al talento de un equipo de creativos de primera: Adrián Martínez Frausto (escenografía), Estela Fagoaga (vestuario), Víctor Zapatero (iluminación), Miguel Jiménez (audio), y Cinthia Muñoz (imagen).

Como pocas veces, he escuchado comentarios muy elogiosos para cada uno de estos rubros, que por lo general pasan a un segundo o tercer plano, sólo como marco de las actuaciones.

Aquí no: Estos elementos son vitales para la construcción que requiere el suspenso. Bravo a todos ellos.

Y por supuesto esto no luciría como lo hace, sin el desempeño brillante de cada uno de los actores.

¡Qué buena, pero de verdad qué buena actriz es Itatí Cantoral!, y además arriesgada, pues con igual bravura y decisión, pero sobre todo talento, le entra a cualquier personaje. Aquí da vida a Susy, una invidente que tiene que enfrentarse a unos maleantes que buscan una misteriosa muñeca, que esconde un cargamento de dudosa legalidad.

Hay en escena otras dos pequeñas-grandes actrices: María Perroni Garza y Nina Rubín Legarreta, quienes alternan en el papel de Gloria y de verdad se llevan una más que merecida ovación. Ambas tienen todo para consolidar enormes carreras histriónicas.

Y completan el reparto cinco estupendos actores: Luis Gatica, quien alterna con Marcio de la O, Lenny Zundel, Marcial Casale, y Sergio Bonilla.

Intrigas, narcotráfico, accidentes, secretos, persecuciones, asesinatos, engaño, desapariciones, traición… son algunas de las piezas de Sola en la oscuridad, la obra que hacía falta en la cartelera. Ya está aquí, no hay que perder la oportunidad de disfrutarla, pues además se anuncia MUY breve temporada.

“Ésta es la obra que hacía falta en la cartelera”. Escucho la frase en el vestíbulo del teatro México, donde acabo de disfrutar de Sola en la oscuridad y pienso: totalmente de acuerdo.

Y sí, Sola en la oscuridad es una historia de suspenso, de ésas que, como dice su publicidad, te mantienen al filo de la butaca. No es terror, no es thriller, no es violencia desaforada, no es sangre a borbotones en todas las paredes, no son sobresaltos cada cinco segundos. No, ¡es suspenso!, excelentemente bien llevado, planteado y ejecutado con una precisión que cautiva y atrapa de principio a fin.

Escrita por Frederick Knott —mismo autor de la obra Con M de muerte, que se hizo célebre con su versión cinematográfica dirigida por Alfred Hitchcock y protagonizada por Grece Kelly—, Sola en la oscuridad es un engranaje de precisión matemática que es poco frecuente en el teatro.

Y lo es porque el suspenso requiere de un timing, de un ritmo, y de un ambiente que el cine (y las series) ha desarrollado muy bien, y que es sumamente complejo para el lenguaje teatral.

Por ello es triplemente meritorio lo que consigue esta producción de Morris Gilbert, siempre amante de los retos y de la manufactura perfecta en cada montaje.

Enrique Singer, actualmente cabeza de la Compañía Nacional de Teatro, es el director de escena de este montaje que conjuga al talento de un equipo de creativos de primera: Adrián Martínez Frausto (escenografía), Estela Fagoaga (vestuario), Víctor Zapatero (iluminación), Miguel Jiménez (audio), y Cinthia Muñoz (imagen).

Como pocas veces, he escuchado comentarios muy elogiosos para cada uno de estos rubros, que por lo general pasan a un segundo o tercer plano, sólo como marco de las actuaciones.

Aquí no: Estos elementos son vitales para la construcción que requiere el suspenso. Bravo a todos ellos.

Y por supuesto esto no luciría como lo hace, sin el desempeño brillante de cada uno de los actores.

¡Qué buena, pero de verdad qué buena actriz es Itatí Cantoral!, y además arriesgada, pues con igual bravura y decisión, pero sobre todo talento, le entra a cualquier personaje. Aquí da vida a Susy, una invidente que tiene que enfrentarse a unos maleantes que buscan una misteriosa muñeca, que esconde un cargamento de dudosa legalidad.

Hay en escena otras dos pequeñas-grandes actrices: María Perroni Garza y Nina Rubín Legarreta, quienes alternan en el papel de Gloria y de verdad se llevan una más que merecida ovación. Ambas tienen todo para consolidar enormes carreras histriónicas.

Y completan el reparto cinco estupendos actores: Luis Gatica, quien alterna con Marcio de la O, Lenny Zundel, Marcial Casale, y Sergio Bonilla.

Intrigas, narcotráfico, accidentes, secretos, persecuciones, asesinatos, engaño, desapariciones, traición… son algunas de las piezas de Sola en la oscuridad, la obra que hacía falta en la cartelera. Ya está aquí, no hay que perder la oportunidad de disfrutarla, pues además se anuncia MUY breve temporada.