/ domingo 15 de noviembre de 2020

Solidaridad ante la pandemia

Una hermana mía, mayor que yo, se contagió de COVID. La empezaron a tratar a tiempo y decidieron no hospitalizarla. Se aisló en casa de uno de sus hijos y toda la familia, sobre todo una nieta suya, la atendieron con todos los cuidados necesarios. Yo no pude visitarla, pero diario nos comunicábamos por videollamadas. Afortunadamente ya superó el contagio y empieza a llevar su vida normal. Ha sido de primera importancia la cercanía afectiva y efectiva de toda la familia. La solidaridad familiar la ha salvado.

Hay infinidad de casos en que la ayuda mutua ha sido fundamental, entre familiares, vecinos y amigos, o con el apoyo eclesial, social y gubernamental. Uno solo no puede enfrentar este virus, así como otros males personales y sociales. Los medios informativos nos relatan algunos casos de solidaridad, pero la mayoría quedan en el anonimato; sólo Dios conoce los corazones.

El episcopado mexicano, por medio de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, con el apoyo generoso de empresarios de buen corazón y coordinados por el Pbro. Rogelio Narváez, organizó la campaña “Familias sin hambre”, para ayudar a tanta gente que está sufriendo las consecuencias de la pandemia por el coronavirus. Es admirable lo que, desde hace siete meses, se ha podido hacer, con el corazón fraterno de más de seiscientos voluntarios en todo el país. Han dedicado 2,616 horas para atender más de 40,000 llamadas telefónicas de quienes solicitan ayuda física o emocional, o un empleo. Han entregado 213,158 despensas, con un valor de unos 42 millones de pesos (dos millones de dólares), aportados por personas físicas o morales que han confiado en el ejercicio que realiza la Iglesia. Estas despensas equivalen a unas 2,104 toneladas de alimentos. Hay que agregar la donación de medicamentos, kits de higiene, termómetros, cubrebocas y mascarillas, el apoyo a algunos comedores comunitarios.

Toda esta acción de la Comisión Episcopal de Pastoral Social se ha llevado a cabo en forma mancomunada con sus Dimensiones: Movilidad Humana, Salud, Pastoral Penitenciaria, Cuidado de la Casa Común, Pueblos Originarios, Fe y Compromiso Social, también para la ayuda psicoemocional y espiritual. Ha sido desgastante el quehacer para procurar empleo o recuperación del autoempleo de cientos de familias en unión con Pastoral del Trabajo. Interesa ir más allá del solo asistencialismo y alentar la promoción humana que propicia uno de los aspectos fundamentales en la transformación social, que es la procuración de trabajo para tantos que han quedado desempleados. Entre los solicitantes de trabajo hay un promedio de 47.3 % varones y 52.7% mujeres. El 52.26% son personas de 40 a 59 años. El 14% tienen más de 60 años, por lo que ya que no consiguen trabajo. El 47% de los solicitantes tiene estudios máximos de secundaria. Los tipos de empleo que más solicitan son: empleados, administrativos, hogar, limpieza, chofer y ventas.

PENSAR

El Papa Francisco, en su encíclica Fratelli tutti, dice: “No se debería ignorar ingenuamente que la obsesión por un estilo de vida consumista, sobre todo cuando sólo unos pocos puedan sostenerlo, sólo podrá provocar violencia y destrucción recíproca. El “sálvese quien pueda” se traducirá rápidamente en el “todos contra todos”, y eso será peor que una pandemia” (36).

ACTUAR

Que el Espíritu Santo nos ayude a abrir nuestro corazón a los que sufren, siendo solidarios con ellos, aportando lo que podamos: recursos económicos, nuestro tiempo y oraciones.


Obispo Emérito de San Cristobal de las Casas



Una hermana mía, mayor que yo, se contagió de COVID. La empezaron a tratar a tiempo y decidieron no hospitalizarla. Se aisló en casa de uno de sus hijos y toda la familia, sobre todo una nieta suya, la atendieron con todos los cuidados necesarios. Yo no pude visitarla, pero diario nos comunicábamos por videollamadas. Afortunadamente ya superó el contagio y empieza a llevar su vida normal. Ha sido de primera importancia la cercanía afectiva y efectiva de toda la familia. La solidaridad familiar la ha salvado.

Hay infinidad de casos en que la ayuda mutua ha sido fundamental, entre familiares, vecinos y amigos, o con el apoyo eclesial, social y gubernamental. Uno solo no puede enfrentar este virus, así como otros males personales y sociales. Los medios informativos nos relatan algunos casos de solidaridad, pero la mayoría quedan en el anonimato; sólo Dios conoce los corazones.

El episcopado mexicano, por medio de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, con el apoyo generoso de empresarios de buen corazón y coordinados por el Pbro. Rogelio Narváez, organizó la campaña “Familias sin hambre”, para ayudar a tanta gente que está sufriendo las consecuencias de la pandemia por el coronavirus. Es admirable lo que, desde hace siete meses, se ha podido hacer, con el corazón fraterno de más de seiscientos voluntarios en todo el país. Han dedicado 2,616 horas para atender más de 40,000 llamadas telefónicas de quienes solicitan ayuda física o emocional, o un empleo. Han entregado 213,158 despensas, con un valor de unos 42 millones de pesos (dos millones de dólares), aportados por personas físicas o morales que han confiado en el ejercicio que realiza la Iglesia. Estas despensas equivalen a unas 2,104 toneladas de alimentos. Hay que agregar la donación de medicamentos, kits de higiene, termómetros, cubrebocas y mascarillas, el apoyo a algunos comedores comunitarios.

Toda esta acción de la Comisión Episcopal de Pastoral Social se ha llevado a cabo en forma mancomunada con sus Dimensiones: Movilidad Humana, Salud, Pastoral Penitenciaria, Cuidado de la Casa Común, Pueblos Originarios, Fe y Compromiso Social, también para la ayuda psicoemocional y espiritual. Ha sido desgastante el quehacer para procurar empleo o recuperación del autoempleo de cientos de familias en unión con Pastoral del Trabajo. Interesa ir más allá del solo asistencialismo y alentar la promoción humana que propicia uno de los aspectos fundamentales en la transformación social, que es la procuración de trabajo para tantos que han quedado desempleados. Entre los solicitantes de trabajo hay un promedio de 47.3 % varones y 52.7% mujeres. El 52.26% son personas de 40 a 59 años. El 14% tienen más de 60 años, por lo que ya que no consiguen trabajo. El 47% de los solicitantes tiene estudios máximos de secundaria. Los tipos de empleo que más solicitan son: empleados, administrativos, hogar, limpieza, chofer y ventas.

PENSAR

El Papa Francisco, en su encíclica Fratelli tutti, dice: “No se debería ignorar ingenuamente que la obsesión por un estilo de vida consumista, sobre todo cuando sólo unos pocos puedan sostenerlo, sólo podrá provocar violencia y destrucción recíproca. El “sálvese quien pueda” se traducirá rápidamente en el “todos contra todos”, y eso será peor que una pandemia” (36).

ACTUAR

Que el Espíritu Santo nos ayude a abrir nuestro corazón a los que sufren, siendo solidarios con ellos, aportando lo que podamos: recursos económicos, nuestro tiempo y oraciones.


Obispo Emérito de San Cristobal de las Casas



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