/ lunes 3 de junio de 2024

Tenemos Presidenta

Por Aurelient Guilabert

México rompe con la historia excluyente patriarcal que se ha dedicado a construir barreras y obstáculos contra la libertad de expresión y de participación en la toma de decisión de las mujeres. Que estemos o no de acuerdo con sus propuestas y programa electoral, el simple hecho de que una mujer haya llegado por primera vez a ocupar el nivel más alto de toma de decisión del poder ejecutivo federal debe reconocerse como un avance y una esperanza rumbo a la igualdad real entre géneros.

La democracia mexicana es jóven pero cuenta con una ciudadania ampliamente politizada y participativa en el contexto electoral presidencial, que debe seguir trasladándose hacia una participación cotidiana más responsable, consciente, comprometida, representativa y accesible.

La llegada de una mujer es la oportunidad histórica para seguir con la transición democrática, ahora con más perspectiva de género. Una oportunidad para hacer del medioambiente y del respeto a los derechos de la Madre Tierra un eje transversal y prioritario. Una oportunidad para romper con la lógica patriarcal de concentración del poder presidencial vertical y en gran medida autoritario. Una oportunidad para dejar de lado la idea equivocada que una sola persona pueda resolver todas las crisis que enfrenta México. Una oportunidad para la paz ,dejando de incendiar una polarización histórica basada en un sistema discriminatorio que profundiza las desigualdades socioeconómicas y raciales. Una oportunidad para mejorar el ejercicio del poder con más respeto a la división y la autonomía de los poderes, que vaya dejando de lado el crecimiento del empoderamiento del poder militar.

Para ello, frente a la instrumentalización fácil de la polarización, reconocer la pluralidad de ideas, de partidos y de opiniones debería de usarse para buscar la construcción de consensos en la resolución de las crisis más incisivas que arrastran nuestra sociedad: climática, de violencias y socioeconómicas. Todos los partidos deben trabajar en entender e integrar esas crisis a una reestructruración profunda del sistema politicoelectoral mexicano permitiendo más apertura, inclusión, legalidad y representatividad. Es tiempo de terminar con el monopolio del poder de unos cuantos que siguen usurpando los primeros lugares de representación, violentando las leyes electorales en la impunidad o pagando multas ya previstas en sus presupuestos frutos de nuestros impuestos.

Sin duda, hay aun mucho por hacer para contrarrestar la violencia sistémica que en esta coyuntura resultó en más de 30 personas candidatas asesinadas y más de 2072 renuncias de candidaturas por esta violencia. Pero en estas elecciones históricas es indispensable reconocer un sistema institucional electoral garante de la democracia acompañado de una ciudadanía guardiana voluntaria en las casillas : el Instituto Nacional Electoral y la red de institutos locales. Hay que felicitar a todas las personas que hicieron campaña y que fueron candidatas, a las organizaciones que posicionaron temas en la agenda pública, a periodistas que informaron. Hoy, el 3 de junio puede ser el inicio de una historia con más democracia. Eso nos corresponde a la ciudadanía: exigir y seguir participando.

Por Aurelient Guilabert

México rompe con la historia excluyente patriarcal que se ha dedicado a construir barreras y obstáculos contra la libertad de expresión y de participación en la toma de decisión de las mujeres. Que estemos o no de acuerdo con sus propuestas y programa electoral, el simple hecho de que una mujer haya llegado por primera vez a ocupar el nivel más alto de toma de decisión del poder ejecutivo federal debe reconocerse como un avance y una esperanza rumbo a la igualdad real entre géneros.

La democracia mexicana es jóven pero cuenta con una ciudadania ampliamente politizada y participativa en el contexto electoral presidencial, que debe seguir trasladándose hacia una participación cotidiana más responsable, consciente, comprometida, representativa y accesible.

La llegada de una mujer es la oportunidad histórica para seguir con la transición democrática, ahora con más perspectiva de género. Una oportunidad para hacer del medioambiente y del respeto a los derechos de la Madre Tierra un eje transversal y prioritario. Una oportunidad para romper con la lógica patriarcal de concentración del poder presidencial vertical y en gran medida autoritario. Una oportunidad para dejar de lado la idea equivocada que una sola persona pueda resolver todas las crisis que enfrenta México. Una oportunidad para la paz ,dejando de incendiar una polarización histórica basada en un sistema discriminatorio que profundiza las desigualdades socioeconómicas y raciales. Una oportunidad para mejorar el ejercicio del poder con más respeto a la división y la autonomía de los poderes, que vaya dejando de lado el crecimiento del empoderamiento del poder militar.

Para ello, frente a la instrumentalización fácil de la polarización, reconocer la pluralidad de ideas, de partidos y de opiniones debería de usarse para buscar la construcción de consensos en la resolución de las crisis más incisivas que arrastran nuestra sociedad: climática, de violencias y socioeconómicas. Todos los partidos deben trabajar en entender e integrar esas crisis a una reestructruración profunda del sistema politicoelectoral mexicano permitiendo más apertura, inclusión, legalidad y representatividad. Es tiempo de terminar con el monopolio del poder de unos cuantos que siguen usurpando los primeros lugares de representación, violentando las leyes electorales en la impunidad o pagando multas ya previstas en sus presupuestos frutos de nuestros impuestos.

Sin duda, hay aun mucho por hacer para contrarrestar la violencia sistémica que en esta coyuntura resultó en más de 30 personas candidatas asesinadas y más de 2072 renuncias de candidaturas por esta violencia. Pero en estas elecciones históricas es indispensable reconocer un sistema institucional electoral garante de la democracia acompañado de una ciudadanía guardiana voluntaria en las casillas : el Instituto Nacional Electoral y la red de institutos locales. Hay que felicitar a todas las personas que hicieron campaña y que fueron candidatas, a las organizaciones que posicionaron temas en la agenda pública, a periodistas que informaron. Hoy, el 3 de junio puede ser el inicio de una historia con más democracia. Eso nos corresponde a la ciudadanía: exigir y seguir participando.