/ jueves 14 de junio de 2018

Tercer debate: ¿Algo nuevo?

Es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente. Groucho Marx

1. El soberbio. Un tabasqueño con números demoscópicos altos se da ínfulas de perdonavidas. Exhibe su ignorancia reiterada y no pierde oportunidad para ratificarla. Para él todo es culpa de la corrupción. En efecto, confunde efectos con orígenes. En realidad, su escudo anticorrupción lo utiliza para evadirse de los análisis sistémicos y fundados. Aunque suena ridículo y hasta burdo, esto no importa, sus feligreses lovitorean y quizá hasta crean que la consigna“anticorrupción” es un hallazgo histórico y quizá primigenio de los problemas del país y su subdesarrollo. López Obrador hace cálculos de dinero ficticio que recuperará cuando triture a los corruptos (afirma que será de un monto de 750 mil millones, cifra que no tiene forma de comprobarse). La ignorancia cabalga por todos lados.

2. Un escapista. Anaya jugueteó con frases efectistas y de reacción rápida, sin embargo, no pudo negar su complicidad y apoyo al proyecto peñista. Evidentemente sus frases, aparentemente de cambio, no tocaron la esencia del modelo capitalista que su partido ha reivindicado históricamente. Por supuesto, supo aprovechar el momento para exhibir, la cada día más clara alianza tácita entre AMLO y el grupo en el gobierno que apuestan por la impunidad y “el borrón y cuenta nueva” para el próximo sexenio. Un pacto de impunidad. Su propuesta es aislada y carente de un abordaje multifocal.

3. Un olvidadizo. Meade se presentó con poco equipo protector. La marca que lo avala carece de credibilidad y, además, él mismo está envuelto en una permanente contradicción, puesto que su inocua y cómplice permanecía en los gobiernos calderonista y peñista lo han desautorizado para hablar de “propuestas de cambio”. Su tono y pedagogía básica siguen resultando monótonas y circulares.

Su intento de presentarse como una opción renovada resulta absurdo ante la desastrosa administración de su antiguo jefe. Podría ser que la estrategia priista es aumentar el número de asientos en el poder legislativo para poder convertirse en una fuerza negociadora con el próximo gobierno.

Epílogo. Ninguno de los tres candidatos pudo articular un discurso que conectara las variables a debate. Por ejemplo, no lograron distinguir entre pobreza y desigualdad, definición básica para construir políticas públicas de largo aliento; ni una línea de las cuatro familias más ricas del país. Está más que claro que, se perdió una nueva oportunidad de dar un debate intenso y con contenido.Votar por alguna de las tres opciones implicaría un salto al vacío y dar un boleto a los cambios, distintos, pero cosméticos.

pedropenaloza@yahoo.com/Twitter: @pedro_penaloz

Es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente. Groucho Marx

1. El soberbio. Un tabasqueño con números demoscópicos altos se da ínfulas de perdonavidas. Exhibe su ignorancia reiterada y no pierde oportunidad para ratificarla. Para él todo es culpa de la corrupción. En efecto, confunde efectos con orígenes. En realidad, su escudo anticorrupción lo utiliza para evadirse de los análisis sistémicos y fundados. Aunque suena ridículo y hasta burdo, esto no importa, sus feligreses lovitorean y quizá hasta crean que la consigna“anticorrupción” es un hallazgo histórico y quizá primigenio de los problemas del país y su subdesarrollo. López Obrador hace cálculos de dinero ficticio que recuperará cuando triture a los corruptos (afirma que será de un monto de 750 mil millones, cifra que no tiene forma de comprobarse). La ignorancia cabalga por todos lados.

2. Un escapista. Anaya jugueteó con frases efectistas y de reacción rápida, sin embargo, no pudo negar su complicidad y apoyo al proyecto peñista. Evidentemente sus frases, aparentemente de cambio, no tocaron la esencia del modelo capitalista que su partido ha reivindicado históricamente. Por supuesto, supo aprovechar el momento para exhibir, la cada día más clara alianza tácita entre AMLO y el grupo en el gobierno que apuestan por la impunidad y “el borrón y cuenta nueva” para el próximo sexenio. Un pacto de impunidad. Su propuesta es aislada y carente de un abordaje multifocal.

3. Un olvidadizo. Meade se presentó con poco equipo protector. La marca que lo avala carece de credibilidad y, además, él mismo está envuelto en una permanente contradicción, puesto que su inocua y cómplice permanecía en los gobiernos calderonista y peñista lo han desautorizado para hablar de “propuestas de cambio”. Su tono y pedagogía básica siguen resultando monótonas y circulares.

Su intento de presentarse como una opción renovada resulta absurdo ante la desastrosa administración de su antiguo jefe. Podría ser que la estrategia priista es aumentar el número de asientos en el poder legislativo para poder convertirse en una fuerza negociadora con el próximo gobierno.

Epílogo. Ninguno de los tres candidatos pudo articular un discurso que conectara las variables a debate. Por ejemplo, no lograron distinguir entre pobreza y desigualdad, definición básica para construir políticas públicas de largo aliento; ni una línea de las cuatro familias más ricas del país. Está más que claro que, se perdió una nueva oportunidad de dar un debate intenso y con contenido.Votar por alguna de las tres opciones implicaría un salto al vacío y dar un boleto a los cambios, distintos, pero cosméticos.

pedropenaloza@yahoo.com/Twitter: @pedro_penaloz