/ viernes 3 de enero de 2020

Terminales camioneras: el caos, lo cotidiano

Por Gabriela Salido Magos

Por circunstancias particulares acudí a la Central de Camionera Poniente, también conocida como la Terminal de Observatorio, cercana a la estación del metro con el mismo nombre, ubicada en la alcaldía Álvaro Obregón.

Llamó mi atención el descuido al exterior de las instalaciones, el olor a orina y la acumulación de basura en sus alrededores. La naturaleza humana nos lleva a normalizar algunas acciones o circunstancias y este caso no es la excepción; las personas que transitan habitualmente en los alrededores pareciera que ya no notan estas circunstancias y han adaptado su día a día dentro del caos, la suciedad y falta de seguridad.

Este caso guarda un inevitable paralelismo con lo que se ha señalado ya con los mercados públicos; el comercio en vía pública y su evidente tolerancia construyen condiciones de riesgo en caso extremo, ya que varios de los accesos quedarían inhabilitados para los servicios de emergencia, en caso de requerirlo.

En este sentido hay varias autoridades involucradas y todas parece que coexisten con cierto acuerdo no escrito, entre facultades y omisiones.

Por una parte, las autoridades responsables en materia de comunicaciones y transporte, en segundo término la Secretaría de Movilidad que no ha mostrado mayor interés ni capacidad en el ordenamiento de los CETRAMS, la inevitable responsabilidad del Sistema de Transporte Colectivo Metro y, por último, la alcaldía Álvaro Obregón.

Los vendedores en vía publica con instalaciones ya semi fijas y con la misma problemática de los mercados públicos, así como instalaciones eléctricas irregulares, “diablitos”, basura y ocupando áreas interiores en la explanada frontal donde se pueden ver puestos que ocupan hasta 15 metros cuadrados de suelo, y no hay una sola autoridad que trate de controlar o liberar este acceso.

¿Cuál será la estrategia planteada en el en caso de requerir servicios de emergencia? ¿En estas condiciones se podrá administrar la llegada del tren interurbano y la ampliación de la línea 12 del metro? ¿La enorme inversión que representa no amerita más que la administración de la tolerancia y corrupción en la administración del espacio público?

Es inevitable hacer la pregunta respecto a las razones de este descuido: ¿tiene que ver con la ubicación, destinos o es una simple resignación ante la anarquía y el caos?

La coordinación entre autoridades se realiza a través de la “Reunión de terminales”, con el Consejo Ciudadano de la Ciudad de México, al que me gustaría hacer un exhorto para hacer uso de sus facultades únicas como ente ciudadano en materia de seguridad pública y procuración de justicia para que las autoridades tomen medidas antes de que suceda un accidente lamentable, pero siempre evitable tomando las precauciones necesarias en materia de Protección Civil, Salubridad y Seguridad.

La terminal de Observatorio es una de las cuatro estaciones de autobuses que funcionan en la capital, cada una de ellas ubicadas de manera estratégica para dar movilidad y abonar a la vida de la Ciudad de México en materia económica, turística y como parte de los servicios necesarios para hacer que una urbe como la nuestra se mueva.

El descuido al que se ha sometido está terminal de autobuses denota un terrible desinterés, que nos expone a cada uno, como lo es el caso de las romerías, ferias y un sinnúmero de espacios adaptados, respondiendo solo a la oferta en muchos casos de la ilegalidad y haciendo eco de las palabras de la Jefa de Gobierno en su informe: esperamos que este problema se resuelva “gobernando” con planeación, método y fortaleza científica, sumado al tan presumido combate a la corrupción, que pasaría de manera transversal desde la SEMOVI a la Alcaldía Alvaro Obregón.

Por Gabriela Salido Magos

Por circunstancias particulares acudí a la Central de Camionera Poniente, también conocida como la Terminal de Observatorio, cercana a la estación del metro con el mismo nombre, ubicada en la alcaldía Álvaro Obregón.

Llamó mi atención el descuido al exterior de las instalaciones, el olor a orina y la acumulación de basura en sus alrededores. La naturaleza humana nos lleva a normalizar algunas acciones o circunstancias y este caso no es la excepción; las personas que transitan habitualmente en los alrededores pareciera que ya no notan estas circunstancias y han adaptado su día a día dentro del caos, la suciedad y falta de seguridad.

Este caso guarda un inevitable paralelismo con lo que se ha señalado ya con los mercados públicos; el comercio en vía pública y su evidente tolerancia construyen condiciones de riesgo en caso extremo, ya que varios de los accesos quedarían inhabilitados para los servicios de emergencia, en caso de requerirlo.

En este sentido hay varias autoridades involucradas y todas parece que coexisten con cierto acuerdo no escrito, entre facultades y omisiones.

Por una parte, las autoridades responsables en materia de comunicaciones y transporte, en segundo término la Secretaría de Movilidad que no ha mostrado mayor interés ni capacidad en el ordenamiento de los CETRAMS, la inevitable responsabilidad del Sistema de Transporte Colectivo Metro y, por último, la alcaldía Álvaro Obregón.

Los vendedores en vía publica con instalaciones ya semi fijas y con la misma problemática de los mercados públicos, así como instalaciones eléctricas irregulares, “diablitos”, basura y ocupando áreas interiores en la explanada frontal donde se pueden ver puestos que ocupan hasta 15 metros cuadrados de suelo, y no hay una sola autoridad que trate de controlar o liberar este acceso.

¿Cuál será la estrategia planteada en el en caso de requerir servicios de emergencia? ¿En estas condiciones se podrá administrar la llegada del tren interurbano y la ampliación de la línea 12 del metro? ¿La enorme inversión que representa no amerita más que la administración de la tolerancia y corrupción en la administración del espacio público?

Es inevitable hacer la pregunta respecto a las razones de este descuido: ¿tiene que ver con la ubicación, destinos o es una simple resignación ante la anarquía y el caos?

La coordinación entre autoridades se realiza a través de la “Reunión de terminales”, con el Consejo Ciudadano de la Ciudad de México, al que me gustaría hacer un exhorto para hacer uso de sus facultades únicas como ente ciudadano en materia de seguridad pública y procuración de justicia para que las autoridades tomen medidas antes de que suceda un accidente lamentable, pero siempre evitable tomando las precauciones necesarias en materia de Protección Civil, Salubridad y Seguridad.

La terminal de Observatorio es una de las cuatro estaciones de autobuses que funcionan en la capital, cada una de ellas ubicadas de manera estratégica para dar movilidad y abonar a la vida de la Ciudad de México en materia económica, turística y como parte de los servicios necesarios para hacer que una urbe como la nuestra se mueva.

El descuido al que se ha sometido está terminal de autobuses denota un terrible desinterés, que nos expone a cada uno, como lo es el caso de las romerías, ferias y un sinnúmero de espacios adaptados, respondiendo solo a la oferta en muchos casos de la ilegalidad y haciendo eco de las palabras de la Jefa de Gobierno en su informe: esperamos que este problema se resuelva “gobernando” con planeación, método y fortaleza científica, sumado al tan presumido combate a la corrupción, que pasaría de manera transversal desde la SEMOVI a la Alcaldía Alvaro Obregón.

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