/ miércoles 25 de marzo de 2020

Tiempo extra | Más vale tarde que nunca

Finalmente llegó el día. El Comité Olímpico Internacional decidió anunciar que los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 se posponen debido a la pandemia del coronavirus, es decir, ya no se realizarán del 24 de julio al 9 de agosto próximos.

También aseguró el COI que se llevarán a cabo, como máximo, en el verano de 2021.

Hubo varios factores para no haberlo anunciado antes, principalmente los económicos, cómo lo es la marca Tokio 2020 (que se mantiene), los patrocinadores o los departamentos de la Villa Olímpica que ya tienen dueños asignados.

Sin embargo ninguna razón ameritaba mantener una justa deportiva que ponía en serio riesgo la salud de los asistentes y del mundo entero.

También existía la presión internacional que era insostenible para el comité organizador ya que por primera vez desde Seúl 1988 había un boicot a la vista.

Varios países como Canadá, Australia, Alemania y Gran Bretaña, mediante comunicados en redes sociales, afirmaban que de realizarse los Juegos no asistirían.

Así que se tomó la mejor decisión posible:

La primera posposición en 124 años del olimpismo moderno.

Anteriormente sólo las Guerras Mundiales y la erupción del Vesubio habían provocado cancelaciones y cambios de sede de la cita olímpica.

En 1904, con la tercera edición, llegó la primera polémica.

El evento estaba programado en Chicago, pero el presidente de Estados Unidos, Theodore Roosevelt, cambió la sede a San Luis, donde ya estaba organizada otra exposición.

Para la justa de 1908, la erupción del monte Vesubio llevó al gobierno italiano a maximizar sus esfuerzos en reconstruir la ciudad de Nápoles, que fue arrasada por el desastre natural. Por ello no pudieron asumir el peso logístico de la competición en Roma, con lo cual se decidió cambiar la sede a Londres, Inglaterra.

En las ediciones de Berlín 1916, Tokio 1940 (se movieron a Helsinki antes de anularse por la invasión de la URSS) y Londres 1944 fueron canceladas por las Guerras Mundiales.

Y no hay que olvidar que los Juegos también han tenido que solventar graves crisis, como los atentados terroristas en Múnich 1972 y Atlanta 1996.

Pero nunca había encontrado a su mayor rival en un oponente realmente microscópico; el coronavirus.

Desgraciadamente la pandemia se está acelerando.

Tardó 67 días en alcanzar 100,000 casos, 11 días en alcanzar 200,000 y tan sólo 4 días en llegar a 300 mil infectados.

Al día de hoy los países más pobres no han sido azotados como los de primer mundo, sin embargo más temprano que tarde será una prioridad mundial el ayudar a las naciones que no cuentan con los servicios de salud necesarios para combatir a este terrible virus.

Aunque para julio los países más poderosos ya estén controlando la curva de contagios, otros más estarán apenas iniciando el proceso de contención, situación por la cual el COI no se la podía jugar.

Imagínense el flujo irrestricto de medio millón de personas en la ciudad de Tokio. Compartiendo atracciones turísticas, tiendas y restaurantes.

Sentados a unos centímetros de distancia en todas las sedes y estadios o simplemente coincidiendo en los transportes oficiales del evento.

También visualicen la Villa Olímpica en la capital nipona.

Un lugar en el que más de 10 mil personas de 205 países comparten por semanas calles, transporte, alimentos e infinidad de otros sitios e insumos.

Ahora piensen que sólo una de estas miles de personas esté contagiada y no fue detectada a tiempo.

El efecto dominó sería terrible. Localmente los síntomas no serían perceptibles por el tiempo de incubación del virus, pero para ese momento cientos ya estarían infectados y viajarían de regreso a sus países dónde todo se desencadenaría nuevamente.

Finalmente llegó el día. El Comité Olímpico Internacional decidió anunciar que los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 se posponen debido a la pandemia del coronavirus, es decir, ya no se realizarán del 24 de julio al 9 de agosto próximos.

También aseguró el COI que se llevarán a cabo, como máximo, en el verano de 2021.

Hubo varios factores para no haberlo anunciado antes, principalmente los económicos, cómo lo es la marca Tokio 2020 (que se mantiene), los patrocinadores o los departamentos de la Villa Olímpica que ya tienen dueños asignados.

Sin embargo ninguna razón ameritaba mantener una justa deportiva que ponía en serio riesgo la salud de los asistentes y del mundo entero.

También existía la presión internacional que era insostenible para el comité organizador ya que por primera vez desde Seúl 1988 había un boicot a la vista.

Varios países como Canadá, Australia, Alemania y Gran Bretaña, mediante comunicados en redes sociales, afirmaban que de realizarse los Juegos no asistirían.

Así que se tomó la mejor decisión posible:

La primera posposición en 124 años del olimpismo moderno.

Anteriormente sólo las Guerras Mundiales y la erupción del Vesubio habían provocado cancelaciones y cambios de sede de la cita olímpica.

En 1904, con la tercera edición, llegó la primera polémica.

El evento estaba programado en Chicago, pero el presidente de Estados Unidos, Theodore Roosevelt, cambió la sede a San Luis, donde ya estaba organizada otra exposición.

Para la justa de 1908, la erupción del monte Vesubio llevó al gobierno italiano a maximizar sus esfuerzos en reconstruir la ciudad de Nápoles, que fue arrasada por el desastre natural. Por ello no pudieron asumir el peso logístico de la competición en Roma, con lo cual se decidió cambiar la sede a Londres, Inglaterra.

En las ediciones de Berlín 1916, Tokio 1940 (se movieron a Helsinki antes de anularse por la invasión de la URSS) y Londres 1944 fueron canceladas por las Guerras Mundiales.

Y no hay que olvidar que los Juegos también han tenido que solventar graves crisis, como los atentados terroristas en Múnich 1972 y Atlanta 1996.

Pero nunca había encontrado a su mayor rival en un oponente realmente microscópico; el coronavirus.

Desgraciadamente la pandemia se está acelerando.

Tardó 67 días en alcanzar 100,000 casos, 11 días en alcanzar 200,000 y tan sólo 4 días en llegar a 300 mil infectados.

Al día de hoy los países más pobres no han sido azotados como los de primer mundo, sin embargo más temprano que tarde será una prioridad mundial el ayudar a las naciones que no cuentan con los servicios de salud necesarios para combatir a este terrible virus.

Aunque para julio los países más poderosos ya estén controlando la curva de contagios, otros más estarán apenas iniciando el proceso de contención, situación por la cual el COI no se la podía jugar.

Imagínense el flujo irrestricto de medio millón de personas en la ciudad de Tokio. Compartiendo atracciones turísticas, tiendas y restaurantes.

Sentados a unos centímetros de distancia en todas las sedes y estadios o simplemente coincidiendo en los transportes oficiales del evento.

También visualicen la Villa Olímpica en la capital nipona.

Un lugar en el que más de 10 mil personas de 205 países comparten por semanas calles, transporte, alimentos e infinidad de otros sitios e insumos.

Ahora piensen que sólo una de estas miles de personas esté contagiada y no fue detectada a tiempo.

El efecto dominó sería terrible. Localmente los síntomas no serían perceptibles por el tiempo de incubación del virus, pero para ese momento cientos ya estarían infectados y viajarían de regreso a sus países dónde todo se desencadenaría nuevamente.

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