/ lunes 21 de mayo de 2018

TLCAN, ¿Crónica….anunciada?

La semana pasada autoridades de la Secretaría de Economía reconocieron la realidad: Estados Unidos no quiere negociar, desea imponer. Debió ser claro desde el principio: el presidente Trump no busca la “modernización” del TLCAN, desea que su nueva arquitectura se apegue a lo que considera adecuado para los intereses de su país.

Hace 30 años era el libre comercio global, ya no lo es. México ha tardado en comprenderlo.

El TLCAN es un marco legal que determina la vinculación económica, financiera y comercial en América del Norte, Trump quiere que el nuevo acuerdo se apegue a sus leyes para que el peso de la asimetría otorgue más beneficios a su país.

Desde su campaña, Trump colocó a México, China y al TPP en el ojo del huracán

Lanzó una dura crítica al TLCAN indicando que México se “aprovechó” de EU. En su compromiso con el votante americano indicó que sancionaría la manipulación del tipo de cambio que hace China, que saldría del TPP. No hubo sorpresa, cumplió todo.

En México se minimizó la amenaza, se estimó que sólo eran promesas de campaña. En cambio, China se preparó para negociar y confrontar a Estados Unidos.

Japón y las empresas trasnacionales norteamericanas diseñaron un TPP sin Estados Unidos, bajo la expectativa (quizá infundada) de que el mandato de Trump terminará en 2020 y que todo será como antes: la luna de miel del libre comercio volverá, la actual coyuntura sólo es un mal momento.

La visión, preparación y mayor capacidad económica y geopolítica de China le permitieron presentar una contraoferta que Trump debe valorar. China desea abrir paso a un comercio regulado para reducir el desequilibrio. Habrá que leer las letras pequeñas.

China enfoca sus baterías a sectores tecnológicos como el aeronáutico: quiere aumentar las compras de bienes tecnológicos de EU a cambio de acelerar la transferencia de tecnología y obtener el liderazgo global en innovación. Comercio a cambio de tecnología.

Por su parte, Japón y las empresas trasnacionales consiguieron crear el CPTPP (Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico), además colocaron a México como punta de lanza al lograr que fuera el primero en ratificar el CPTPP.

Por un momento Trump trastabilló al mencionar que estudiará la posibilidad de entrar al CPTPP, algo que las naciones periféricas entendieron como una señal de que al final reconocía “su error”. No pasará.

China, Japón y las trasnacionales tuvieron la capacidad de enfrentar la primera oleada de cambio global gestada por Trump. México y Canadá no.

Después de dos años de advertencias, nueve meses de renegociación, de que se venció la fecha limite puesta por el Congreso de Estados Unidos (17 de mayo, que se amplió 15 días más) y que todas las nuevas negociaciones se realizan en Washington, se reconoce públicamente que EU quiere imponer, no negociar.

Los temas áridos siguen en la mesa, fueron la causa de este proceso y no se ha logrado avanzar. La incertidumbre aumentó y con ello la volatilidad. Al final no habrá muchas alternativas, habrá que esperar si al final Canadá y México terminan cediendo o logran cambiar la visión de Trump, una tarea complicada.

La semana pasada autoridades de la Secretaría de Economía reconocieron la realidad: Estados Unidos no quiere negociar, desea imponer. Debió ser claro desde el principio: el presidente Trump no busca la “modernización” del TLCAN, desea que su nueva arquitectura se apegue a lo que considera adecuado para los intereses de su país.

Hace 30 años era el libre comercio global, ya no lo es. México ha tardado en comprenderlo.

El TLCAN es un marco legal que determina la vinculación económica, financiera y comercial en América del Norte, Trump quiere que el nuevo acuerdo se apegue a sus leyes para que el peso de la asimetría otorgue más beneficios a su país.

Desde su campaña, Trump colocó a México, China y al TPP en el ojo del huracán

Lanzó una dura crítica al TLCAN indicando que México se “aprovechó” de EU. En su compromiso con el votante americano indicó que sancionaría la manipulación del tipo de cambio que hace China, que saldría del TPP. No hubo sorpresa, cumplió todo.

En México se minimizó la amenaza, se estimó que sólo eran promesas de campaña. En cambio, China se preparó para negociar y confrontar a Estados Unidos.

Japón y las empresas trasnacionales norteamericanas diseñaron un TPP sin Estados Unidos, bajo la expectativa (quizá infundada) de que el mandato de Trump terminará en 2020 y que todo será como antes: la luna de miel del libre comercio volverá, la actual coyuntura sólo es un mal momento.

La visión, preparación y mayor capacidad económica y geopolítica de China le permitieron presentar una contraoferta que Trump debe valorar. China desea abrir paso a un comercio regulado para reducir el desequilibrio. Habrá que leer las letras pequeñas.

China enfoca sus baterías a sectores tecnológicos como el aeronáutico: quiere aumentar las compras de bienes tecnológicos de EU a cambio de acelerar la transferencia de tecnología y obtener el liderazgo global en innovación. Comercio a cambio de tecnología.

Por su parte, Japón y las empresas trasnacionales consiguieron crear el CPTPP (Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico), además colocaron a México como punta de lanza al lograr que fuera el primero en ratificar el CPTPP.

Por un momento Trump trastabilló al mencionar que estudiará la posibilidad de entrar al CPTPP, algo que las naciones periféricas entendieron como una señal de que al final reconocía “su error”. No pasará.

China, Japón y las trasnacionales tuvieron la capacidad de enfrentar la primera oleada de cambio global gestada por Trump. México y Canadá no.

Después de dos años de advertencias, nueve meses de renegociación, de que se venció la fecha limite puesta por el Congreso de Estados Unidos (17 de mayo, que se amplió 15 días más) y que todas las nuevas negociaciones se realizan en Washington, se reconoce públicamente que EU quiere imponer, no negociar.

Los temas áridos siguen en la mesa, fueron la causa de este proceso y no se ha logrado avanzar. La incertidumbre aumentó y con ello la volatilidad. Al final no habrá muchas alternativas, habrá que esperar si al final Canadá y México terminan cediendo o logran cambiar la visión de Trump, una tarea complicada.

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