/ lunes 30 de julio de 2018

¿TLCAN en agosto?

La renegociación del TLCAN está en un momento definitorio. Estados Unidos y México han abierto la posibilidad de un acuerdo en las próximas semanas.

Al mismo tiempo, Andrés Manuel López Obrador ha mostrado su deseo y disposición para que la negociación culmine antes de que comience su administración. No obstante, en su última carta Trump dejó claro que sus objetivos originales siguen vigentes.

Quienes pensaron que la presión de las empresas trasnacionales y otros problemas políticos internos y externos cambiarían la opinión de Trump se equivocaron.

Para México confiar en esa estrategia impidió que se ensayaran otros caminos. Pretender preservar la estructura y visión comercial que dieron origen al TLCAN cerró el camino para crear un nuevo tipo de acuerdo.

No se dieron permiso de observar que el futuro de la globalización está en asociaciones de integración como las que promueve China.

El libre comercio será parte de la globalización pero con mayor regulación, la OMC cambiará y la innovación tecnológica determinará las nuevas ventajas competitivas que diluirán parte de las ventajas comparativas que las naciones menos desarrolladas usan para atraer inversión.

México debió apostar por un objetivo de contenido regional para todas las manufacturas. Esto propiciaría beneficio económico para las tres naciones: llevarlo a 70% era un ganar-ganar.

China quiere elevar el contenido nacional de su producción en industrias estratégicas al 70%. ¿Por qué América del Norte no debe evaluar ese camino?

El objetivo se logra con un incremento en la inversión productiva, innovación y transferencia tecnológica, mejor capital humano, banca de desarrollo regional, un sistema energético regional y regulación que inhiba comercio desleal que se origina en otras regiones del mundo.

Esto implicaría elevar la capacidad productiva y competitiva de las empresas de América del Norte. México se habría beneficiado porque parte de la producción de insumos intermedios que llegan de Asia se fabricaría en el país.

El tiempo corre para alcanzar un acuerdo propositivo e integral. Agosto puede ser la fecha límite porque paralelamente se podría publicar la resolución sobre mayores aranceles a las importaciones automotrices de Estados Unidos: una espada de Damocles que pende sobre México y Canadá si no llegan a un acuerdo con Trump.


La renegociación del TLCAN está en un momento definitorio. Estados Unidos y México han abierto la posibilidad de un acuerdo en las próximas semanas.

Al mismo tiempo, Andrés Manuel López Obrador ha mostrado su deseo y disposición para que la negociación culmine antes de que comience su administración. No obstante, en su última carta Trump dejó claro que sus objetivos originales siguen vigentes.

Quienes pensaron que la presión de las empresas trasnacionales y otros problemas políticos internos y externos cambiarían la opinión de Trump se equivocaron.

Para México confiar en esa estrategia impidió que se ensayaran otros caminos. Pretender preservar la estructura y visión comercial que dieron origen al TLCAN cerró el camino para crear un nuevo tipo de acuerdo.

No se dieron permiso de observar que el futuro de la globalización está en asociaciones de integración como las que promueve China.

El libre comercio será parte de la globalización pero con mayor regulación, la OMC cambiará y la innovación tecnológica determinará las nuevas ventajas competitivas que diluirán parte de las ventajas comparativas que las naciones menos desarrolladas usan para atraer inversión.

México debió apostar por un objetivo de contenido regional para todas las manufacturas. Esto propiciaría beneficio económico para las tres naciones: llevarlo a 70% era un ganar-ganar.

China quiere elevar el contenido nacional de su producción en industrias estratégicas al 70%. ¿Por qué América del Norte no debe evaluar ese camino?

El objetivo se logra con un incremento en la inversión productiva, innovación y transferencia tecnológica, mejor capital humano, banca de desarrollo regional, un sistema energético regional y regulación que inhiba comercio desleal que se origina en otras regiones del mundo.

Esto implicaría elevar la capacidad productiva y competitiva de las empresas de América del Norte. México se habría beneficiado porque parte de la producción de insumos intermedios que llegan de Asia se fabricaría en el país.

El tiempo corre para alcanzar un acuerdo propositivo e integral. Agosto puede ser la fecha límite porque paralelamente se podría publicar la resolución sobre mayores aranceles a las importaciones automotrices de Estados Unidos: una espada de Damocles que pende sobre México y Canadá si no llegan a un acuerdo con Trump.


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