/ miércoles 14 de abril de 2021

Todo el aparato del Estado

Metido hasta las narices en el proceso electorero. Al estilo del tradicional priísmo, la 4T persigue enemigos imaginarios y, con el respaldo del emperador de Palacio, intenta aplastar a la oposición, al árbitro electoral y a cualquiera que se atraviese en su camino.

Están dispuestos a todo, con tal de arrasar el próximo 6 de junio. Pocas veces se había visto una mayor violencia verbal e incluso física, si se revisan las cifras de políticos asesinados.

Se lanzan, con particular inquina, contra el Partido Acción Nacional y, por supuesto, contra el Instituto Nacional Electoral. El PAN puede ser, como segunda fuerza política en las encuestas, su principal rival. La fórmula para sacarlo del juego es la misma que utilizó el Peñanietismo contra Ricardo Anaya, en las últimas elecciones presidenciales.

El brazo de la ¿Justicia? se endereza para golpear a quienes, el inaudito Emilio Lozoya, señaló como receptores de sobornos a cambio de aprobación de reformas legislativas.

Por si alguien lo olvidó, en aquella negra campaña presidencial se le abrieron expedientes al “Niño Maravilla”, en los que se hablaba de adquisiciones de inmuebles millonarios, de trácala y media para adquirirlos coludido con familiares, socios y colaboradores.

La calumnia es pluma al viento y, a pesar de que se demostró el ¡montaje! de inexistentes delitos, muchos compraron la “histerieta” que favoreció a AMLO, según se supo a posteriori, por un acuerdo con el entonces ejecutivo federal, para que accediera el tabasqueño a la silla embrujada.

Anaya quedó lastimado en su fama y honra, sin que su exoneración se publicitara, en la misma medida en la que se le había condenado a los ojos de la sociedad. La trama, de paso, le fue de enorme utilidad al discurso Amloísta de lucha contra la corrupción, la que hasta ahora ha quedado en pólvora gastada en infiernillos. O, ¿hay algún responsable directo, de los tantos saqueos de esa Administración, entre rejas? Los pocos sujetos a proceso, como Juan Collado, lo son más por venganza y resentimientos personales del tlatoani, que por haber ocupado un cargo de alto nivel.

El tema de Lozoya es patético. El personaje, del que el propio directivo brasileño de Odebrecht (Meneses), ha dicho que le dieron 10.5 millones de dólares ¡para él solito!, sin que se mencionara que eran para campañas del PRI o algún personaje en especial, está a sus anchas.

Desde hace 9 meses se encuentra “relajado y contento” en su lujosa mansión, sin que se haya podido comprobar algo de lo que cantó.

La Fiscalía General de la República, que se dice independiente, al cuarto de hora de las elecciones, se saca de la chistera una acusación contra el exsenador panista, Jorge Luis Lavalle. Se basó en las investigaciones de la temida Unidad de Inteligencia Financiera, a cargo del protagónico denostador, Santiago Nieto.

La corrupción ha sido y es generalizada. Aztecas todos. Ignoro si Lavalle es culpable, pero existe la presunción de inocencia y es lo que no se respeta en este régimen. Se condena y si hay exoneración se dice en voz muy baja. Lo que es innegable es la politización de la justicia, en las vísperas del domingo electorero.

catalinanq@hotmail.com

@catalinanq

Metido hasta las narices en el proceso electorero. Al estilo del tradicional priísmo, la 4T persigue enemigos imaginarios y, con el respaldo del emperador de Palacio, intenta aplastar a la oposición, al árbitro electoral y a cualquiera que se atraviese en su camino.

Están dispuestos a todo, con tal de arrasar el próximo 6 de junio. Pocas veces se había visto una mayor violencia verbal e incluso física, si se revisan las cifras de políticos asesinados.

Se lanzan, con particular inquina, contra el Partido Acción Nacional y, por supuesto, contra el Instituto Nacional Electoral. El PAN puede ser, como segunda fuerza política en las encuestas, su principal rival. La fórmula para sacarlo del juego es la misma que utilizó el Peñanietismo contra Ricardo Anaya, en las últimas elecciones presidenciales.

El brazo de la ¿Justicia? se endereza para golpear a quienes, el inaudito Emilio Lozoya, señaló como receptores de sobornos a cambio de aprobación de reformas legislativas.

Por si alguien lo olvidó, en aquella negra campaña presidencial se le abrieron expedientes al “Niño Maravilla”, en los que se hablaba de adquisiciones de inmuebles millonarios, de trácala y media para adquirirlos coludido con familiares, socios y colaboradores.

La calumnia es pluma al viento y, a pesar de que se demostró el ¡montaje! de inexistentes delitos, muchos compraron la “histerieta” que favoreció a AMLO, según se supo a posteriori, por un acuerdo con el entonces ejecutivo federal, para que accediera el tabasqueño a la silla embrujada.

Anaya quedó lastimado en su fama y honra, sin que su exoneración se publicitara, en la misma medida en la que se le había condenado a los ojos de la sociedad. La trama, de paso, le fue de enorme utilidad al discurso Amloísta de lucha contra la corrupción, la que hasta ahora ha quedado en pólvora gastada en infiernillos. O, ¿hay algún responsable directo, de los tantos saqueos de esa Administración, entre rejas? Los pocos sujetos a proceso, como Juan Collado, lo son más por venganza y resentimientos personales del tlatoani, que por haber ocupado un cargo de alto nivel.

El tema de Lozoya es patético. El personaje, del que el propio directivo brasileño de Odebrecht (Meneses), ha dicho que le dieron 10.5 millones de dólares ¡para él solito!, sin que se mencionara que eran para campañas del PRI o algún personaje en especial, está a sus anchas.

Desde hace 9 meses se encuentra “relajado y contento” en su lujosa mansión, sin que se haya podido comprobar algo de lo que cantó.

La Fiscalía General de la República, que se dice independiente, al cuarto de hora de las elecciones, se saca de la chistera una acusación contra el exsenador panista, Jorge Luis Lavalle. Se basó en las investigaciones de la temida Unidad de Inteligencia Financiera, a cargo del protagónico denostador, Santiago Nieto.

La corrupción ha sido y es generalizada. Aztecas todos. Ignoro si Lavalle es culpable, pero existe la presunción de inocencia y es lo que no se respeta en este régimen. Se condena y si hay exoneración se dice en voz muy baja. Lo que es innegable es la politización de la justicia, en las vísperas del domingo electorero.

catalinanq@hotmail.com

@catalinanq

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