/ lunes 16 de abril de 2018

TPP-11: ¿Cuentas alegres?

La semana pasada se afirmó que la aprobación del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP-11) podría provocar un incremento en las exportaciones de México en 6.7% y en el PIB, de hasta 1.5%.

Se debe ser claro, sin la participación de Estados Unidos las estimaciones citadas no son factibles.

El PIB de México es de 1.1 billones de dólares, por lo que un crecimiento de 1.5% representaría unos 16 mil millones de dólares, es decir, equivalentes a unos 300 mil millones de pesos.

Por otro lado, el valor de las exportaciones fue de 409 mil millones de dólares en 2017, por lo que 6.7% constituye 25 mil millones dólares, aproximadamente 466 mil millones de pesos.

Tales proyecciones, de convertirse en realidad, representarían una bocanada de aire fresco para la economía nacional. México podría pasar del estancamiento estabilizador y un crecimiento del PIB de solo 2.5%, a una dinámica productiva y competitiva de incremento en el PIB de 4%. Nada mal si se toma en cuenta que el TPP-11 fue producto de una emergencia ante la salida de Estados Unidos de las negociaciones.

Antes de echar las campanas al vuelo, se debe analizar si las estimaciones son factibles.

El año pasado, 80% de las exportaciones de México fue hacia Estados Unidos, nación que no forma parte del TPP-11. Otro 6.0% fue a la Unión Europea. En consecuencia, 86% de las exportaciones mexicanas no estarían involucradas en el TPP-11.

Si el ejercicio se amplía a América del Sur, Centro América, África y los países de Asia que no participan en el TPP-11, se puede considerar que las proyecciones sobre los beneficios de este acuerdo son optimistas.

En América del Sur, solo participan Chile y Perú, a los que México exportó 3.3 mil millones de dólares; a Canadá, 11 mil millones de dólares. Si se agrega a Japón y el resto de los participantes en el TPP-11, resulta que los envíos de México a dichas naciones no superan los 25 mil millones de dólares.

En otras palabras: las estimaciones oficiales consideran que el TPP-11 incrementaría las exportaciones de México en más de 100% a los integrantes del acuerdo.

Eso sería algo notable, aunque se puede cuestionar su viabilidad, principalmente porque México ya cuenta con acuerdos previos con Canadá y Japón, las economías más grandes de las que integran el TPP-11, y hasta el momento ello no ha favorecido un comercio tan dinámico como el que se pretende adjudicar al nuevo acuerdo.

Además, no se debe olvidar algo ya conocido: la mayoría de las naciones asiáticas y de Oceanía que integran el TPP-11 tienen a China como su principal socio, del cual reciben financiamiento, transferencia de tecnología y otros beneficios. ¿Cómo se estima que México desplazará a la segunda economía del mundo en dichos mercados?

Por el contrario, la industria mexicana enfrentará riesgos por el TPP-11, y la textil, cuero, calzado son solo la punta del iceberg. En su forma actual el tratado puede terminar de romper las cadenas productivas que aún quedan en el resto de las manufacturas, salvo las que están ligadas a las empresas trasnacionales que elaboraron el Acuerdo Transpacífico.

La semana pasada se afirmó que la aprobación del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP-11) podría provocar un incremento en las exportaciones de México en 6.7% y en el PIB, de hasta 1.5%.

Se debe ser claro, sin la participación de Estados Unidos las estimaciones citadas no son factibles.

El PIB de México es de 1.1 billones de dólares, por lo que un crecimiento de 1.5% representaría unos 16 mil millones de dólares, es decir, equivalentes a unos 300 mil millones de pesos.

Por otro lado, el valor de las exportaciones fue de 409 mil millones de dólares en 2017, por lo que 6.7% constituye 25 mil millones dólares, aproximadamente 466 mil millones de pesos.

Tales proyecciones, de convertirse en realidad, representarían una bocanada de aire fresco para la economía nacional. México podría pasar del estancamiento estabilizador y un crecimiento del PIB de solo 2.5%, a una dinámica productiva y competitiva de incremento en el PIB de 4%. Nada mal si se toma en cuenta que el TPP-11 fue producto de una emergencia ante la salida de Estados Unidos de las negociaciones.

Antes de echar las campanas al vuelo, se debe analizar si las estimaciones son factibles.

El año pasado, 80% de las exportaciones de México fue hacia Estados Unidos, nación que no forma parte del TPP-11. Otro 6.0% fue a la Unión Europea. En consecuencia, 86% de las exportaciones mexicanas no estarían involucradas en el TPP-11.

Si el ejercicio se amplía a América del Sur, Centro América, África y los países de Asia que no participan en el TPP-11, se puede considerar que las proyecciones sobre los beneficios de este acuerdo son optimistas.

En América del Sur, solo participan Chile y Perú, a los que México exportó 3.3 mil millones de dólares; a Canadá, 11 mil millones de dólares. Si se agrega a Japón y el resto de los participantes en el TPP-11, resulta que los envíos de México a dichas naciones no superan los 25 mil millones de dólares.

En otras palabras: las estimaciones oficiales consideran que el TPP-11 incrementaría las exportaciones de México en más de 100% a los integrantes del acuerdo.

Eso sería algo notable, aunque se puede cuestionar su viabilidad, principalmente porque México ya cuenta con acuerdos previos con Canadá y Japón, las economías más grandes de las que integran el TPP-11, y hasta el momento ello no ha favorecido un comercio tan dinámico como el que se pretende adjudicar al nuevo acuerdo.

Además, no se debe olvidar algo ya conocido: la mayoría de las naciones asiáticas y de Oceanía que integran el TPP-11 tienen a China como su principal socio, del cual reciben financiamiento, transferencia de tecnología y otros beneficios. ¿Cómo se estima que México desplazará a la segunda economía del mundo en dichos mercados?

Por el contrario, la industria mexicana enfrentará riesgos por el TPP-11, y la textil, cuero, calzado son solo la punta del iceberg. En su forma actual el tratado puede terminar de romper las cadenas productivas que aún quedan en el resto de las manufacturas, salvo las que están ligadas a las empresas trasnacionales que elaboraron el Acuerdo Transpacífico.

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