/ martes 3 de septiembre de 2019

Trump y el arte de la inconstancia

El “genio muy estable” del Despacho Oval ha demostrado ser extremadamente inestable, no sólo de palabra, sino también de obra.

Por supuesto que no pretendo dar un diagnóstico sicológico, aunque también podría dar algunos argumentos para apoyarlo. Mi intención es tan sólo presentar una descripción de su conducta.

El hecho es que su inestabilidad comienza a tener consecuencias económicas graves.

Para ilustrar lo que quiero decir acerca de la conducta de Trump, basta analizar sus decisiones del último mes en torno a las relaciones comerciales con China, las cuales han sido tan erráticas que incluso quienes las monitoreamos profesionalmente hemos tenido dificultades para seguirles el paso. Hay que recordar que todo esto ocurrió en un intervalo de tan sólo un mes.

Ahora imaginen cómo sería estar a cargo de una empresa y querer tomar decisiones en medio de este caos trumpiano.

El problema es que una política comercial inestable e impredecible crea una situación muy distinta. Si tu empresa depende de que la economía global opere sin complicaciones, los berrinches de Trump harán que consideres posponer tus planes de inversión.

Después de todo, podrías estar a punto de perder el acceso a tus mercados de exportación, a tu cadena de suministros, o ambos. Peor aún, tampoco es un buen momento para invertir en negocios que compiten con importaciones, porque la experiencia nos dice que es muy probable que Trump se arrepienta de sus amenazas.

Así que todo se queda varado y la economía sufre las consecuencias. Quizá se pregunten por qué la incertidumbre comercial trumpiana parece más grave ahora que durante los primeros dos años de gobierno.

Me parece que parte de la respuesta es que, hasta hace muy poco, la mayoría de los analistas esperaban que el conflicto comercial entre Estados Unidos y China se resolviera con inconvenientes mínimos.

Por supuesto, la misma actitud agresiva de Trump en el ámbito comercial agrava la ralentización económica.

Así que es muy posible que caigamos en un círculo vicioso: la economía se debilita, el inconstante Trump le reclama a China (e incluso a otros, quizá empezando por Europa) y esto, a su vez, debilita la economía, y así sucesivamente.

Llegado ese punto, uno esperaría que los adultos intervinieran...

Ah, pero ¡si no hay ningún adulto! En cualquier otro gobierno, el secretario del Tesoro Steven Mnuchin, mejor conocido por su relación con la película de Lego Batman , se consideraría un personaje ridículo, pero en estas épocas, es lo más parecido a la voz de la cordura económica.

De cualquier forma, cada vez que intenta poner orden, como al parecer sucedió en el caso de la manipulación de divisas y China, nadie le hace caso.

Si el proteccionismo es malo, el proteccionismo errático, impuesto por un líder inestable con un ego inseguro, es todavía peor. Para nuestra desgracia, es lo que tendremos en tanto Trump siga en la presidencia.

El “genio muy estable” del Despacho Oval ha demostrado ser extremadamente inestable, no sólo de palabra, sino también de obra.

Por supuesto que no pretendo dar un diagnóstico sicológico, aunque también podría dar algunos argumentos para apoyarlo. Mi intención es tan sólo presentar una descripción de su conducta.

El hecho es que su inestabilidad comienza a tener consecuencias económicas graves.

Para ilustrar lo que quiero decir acerca de la conducta de Trump, basta analizar sus decisiones del último mes en torno a las relaciones comerciales con China, las cuales han sido tan erráticas que incluso quienes las monitoreamos profesionalmente hemos tenido dificultades para seguirles el paso. Hay que recordar que todo esto ocurrió en un intervalo de tan sólo un mes.

Ahora imaginen cómo sería estar a cargo de una empresa y querer tomar decisiones en medio de este caos trumpiano.

El problema es que una política comercial inestable e impredecible crea una situación muy distinta. Si tu empresa depende de que la economía global opere sin complicaciones, los berrinches de Trump harán que consideres posponer tus planes de inversión.

Después de todo, podrías estar a punto de perder el acceso a tus mercados de exportación, a tu cadena de suministros, o ambos. Peor aún, tampoco es un buen momento para invertir en negocios que compiten con importaciones, porque la experiencia nos dice que es muy probable que Trump se arrepienta de sus amenazas.

Así que todo se queda varado y la economía sufre las consecuencias. Quizá se pregunten por qué la incertidumbre comercial trumpiana parece más grave ahora que durante los primeros dos años de gobierno.

Me parece que parte de la respuesta es que, hasta hace muy poco, la mayoría de los analistas esperaban que el conflicto comercial entre Estados Unidos y China se resolviera con inconvenientes mínimos.

Por supuesto, la misma actitud agresiva de Trump en el ámbito comercial agrava la ralentización económica.

Así que es muy posible que caigamos en un círculo vicioso: la economía se debilita, el inconstante Trump le reclama a China (e incluso a otros, quizá empezando por Europa) y esto, a su vez, debilita la economía, y así sucesivamente.

Llegado ese punto, uno esperaría que los adultos intervinieran...

Ah, pero ¡si no hay ningún adulto! En cualquier otro gobierno, el secretario del Tesoro Steven Mnuchin, mejor conocido por su relación con la película de Lego Batman , se consideraría un personaje ridículo, pero en estas épocas, es lo más parecido a la voz de la cordura económica.

De cualquier forma, cada vez que intenta poner orden, como al parecer sucedió en el caso de la manipulación de divisas y China, nadie le hace caso.

Si el proteccionismo es malo, el proteccionismo errático, impuesto por un líder inestable con un ego inseguro, es todavía peor. Para nuestra desgracia, es lo que tendremos en tanto Trump siga en la presidencia.

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