/ domingo 16 de enero de 2022

Un mal necesario…

Y si, durante la pandemia nos hemos percatado de que el tema de motociclistas y ciclistas se ha convertido en un mal necesario para la sociedad mexicana y mundial.

Y es que, aunque no existe un Reglamento de tránsito concretamente destinado a los conductores referidos, es menester que los para “bikers” acaten las disposiciones señaladas en el Reglamento de Tránsito para la CDMX, vigente desde el año 2015, con sus modificaciones publicadas el pasado 4 de febrero de 2021 en la Gaceta Oficial de esta Metrópoli.

Dichas modificaciones privilegian a los peatones, y en teoría, regulan el tránsito de los vehículos rodantes en la Ciudad, señalando normas como: no ocupar las celdas peatonales en los semáforos y esquinas señaladas; utilizar casco protector -tanto el conductor como el acompañante, en su caso-; en el caso de motocicletas menores a 250 cc, no acceder a vías de acceso controlado; circular por el carril completo y no por la línea divisoria; las motos no deberían transitar por las ciclovías; prohibido circular sobre aceras ó áreas peatonales, así como en vías en que se restrinja la circulación a estos vehículos, en carriles centrales y segundo niveles de vías de acceso controlado; realizar maniobras temerarias o cambios abruptos de carril, y rebasar los límites de seguridad previstos; deben portar placa en lugar visible con la lectura en dirección hacia la parte trasera del vehículo…

En teoría, estas son algunas de las normas que habrían de respetar los conductores, y deberían hacer respetar las autoridades de tránsito de nuestra Ciudad; sin embargo, a todos nos consta que no es así, voy a más: muy lejos de ello, los conductores de estos vehículos se han vuelto un verdadero peligro dado que, además de exponer su vida en su transitar por las calles y avenidas, amenaza la seguridad de los automovilistas ante su inconsciente deambular.

Es cierto que durante estos casi dos años de pandemia, los empleados de sitios como Uber eats, Didi, Rappi y similares mucho han aportado a nuestro bienestar; no obstante, mientras estuvimos “encerrados” ellos se sintieron dueños de las calles y nosotros no percibíamos su inclemente estilo, hoy que todos hemos de compartir el tránsito citadino, nos damos cuenta de sus inclemencias, pero además nos someten a contemplar escenas aterradoras, cuando tenemos la fortuna de no ser los involucrados en terribles tragedias causadas por ellos: encontronazos, atropellamientos, muertes e incluso degollados a causa de su imprudencia al exceder los límites de velocidad, efectuar rebases verdaderamente arriesgados, aventar sus frágiles vehículos… en fin, los padecemos a diario y cada instante.

¿Quién se encargará de poner un freno a estos conductores? ¿En qué momento las autoridades permitieron verse superados por ellos? Como sociedad, ¿dejaremos que ellos continúen secuestrando nuestro andar a riesgo de vernos involucrados en un accidente por su causa? ¿Cuándo retomarán el valor de sus vidas y dejarán de exponer las nuestras?

En efecto, las normas y prohibiciones existen dentro del Reglamento pero es este uno más de los temas citadinos que hoy parecen pasar desapercibidos para la autoridad… ¿No se ha dado cuenta señora Sheinbaum?

Hablamos, efectivamente de un mal necesario…

gamogui@hotmail.com

Y si, durante la pandemia nos hemos percatado de que el tema de motociclistas y ciclistas se ha convertido en un mal necesario para la sociedad mexicana y mundial.

Y es que, aunque no existe un Reglamento de tránsito concretamente destinado a los conductores referidos, es menester que los para “bikers” acaten las disposiciones señaladas en el Reglamento de Tránsito para la CDMX, vigente desde el año 2015, con sus modificaciones publicadas el pasado 4 de febrero de 2021 en la Gaceta Oficial de esta Metrópoli.

Dichas modificaciones privilegian a los peatones, y en teoría, regulan el tránsito de los vehículos rodantes en la Ciudad, señalando normas como: no ocupar las celdas peatonales en los semáforos y esquinas señaladas; utilizar casco protector -tanto el conductor como el acompañante, en su caso-; en el caso de motocicletas menores a 250 cc, no acceder a vías de acceso controlado; circular por el carril completo y no por la línea divisoria; las motos no deberían transitar por las ciclovías; prohibido circular sobre aceras ó áreas peatonales, así como en vías en que se restrinja la circulación a estos vehículos, en carriles centrales y segundo niveles de vías de acceso controlado; realizar maniobras temerarias o cambios abruptos de carril, y rebasar los límites de seguridad previstos; deben portar placa en lugar visible con la lectura en dirección hacia la parte trasera del vehículo…

En teoría, estas son algunas de las normas que habrían de respetar los conductores, y deberían hacer respetar las autoridades de tránsito de nuestra Ciudad; sin embargo, a todos nos consta que no es así, voy a más: muy lejos de ello, los conductores de estos vehículos se han vuelto un verdadero peligro dado que, además de exponer su vida en su transitar por las calles y avenidas, amenaza la seguridad de los automovilistas ante su inconsciente deambular.

Es cierto que durante estos casi dos años de pandemia, los empleados de sitios como Uber eats, Didi, Rappi y similares mucho han aportado a nuestro bienestar; no obstante, mientras estuvimos “encerrados” ellos se sintieron dueños de las calles y nosotros no percibíamos su inclemente estilo, hoy que todos hemos de compartir el tránsito citadino, nos damos cuenta de sus inclemencias, pero además nos someten a contemplar escenas aterradoras, cuando tenemos la fortuna de no ser los involucrados en terribles tragedias causadas por ellos: encontronazos, atropellamientos, muertes e incluso degollados a causa de su imprudencia al exceder los límites de velocidad, efectuar rebases verdaderamente arriesgados, aventar sus frágiles vehículos… en fin, los padecemos a diario y cada instante.

¿Quién se encargará de poner un freno a estos conductores? ¿En qué momento las autoridades permitieron verse superados por ellos? Como sociedad, ¿dejaremos que ellos continúen secuestrando nuestro andar a riesgo de vernos involucrados en un accidente por su causa? ¿Cuándo retomarán el valor de sus vidas y dejarán de exponer las nuestras?

En efecto, las normas y prohibiciones existen dentro del Reglamento pero es este uno más de los temas citadinos que hoy parecen pasar desapercibidos para la autoridad… ¿No se ha dado cuenta señora Sheinbaum?

Hablamos, efectivamente de un mal necesario…

gamogui@hotmail.com