/ miércoles 15 de julio de 2020

Un par de sátrapas

César Duarte y Lozoya, entre tantos otros “servidores públicos”, que han vaciado las arcas de la nación. La rapiña ha sido constante, en razón de la impunidad. La robadera, para desgracia de una República, a la que se denominaba el “cuerno de la abundancia”, nos dejó con el cuerno y se llevó la abundancia.

El sexenio pasado fue emblemático. Florecieron los pillos de una generación joven del Tricolor, ávidos de fortuna, cuando se pensó que, debido a su preparación podían cambiar el triste signo.

Resultaron peores que sus pares de otras generaciones. Saquearon las entidades. Inventaron “empresas fantasma” y trampas sofisticadas, para hurtar con descaro. Se convirtieron en grandes terratenientes y poseedores de un patrimonio inaudito. La denuncia periodística cotidiana, “les hizo los mandados”, aunque ya avanzado el sexenio, los presentaron ante un juez.

Les cayó la Ley a Javier Duarte (Veracruz) y Borje (Quintana Roo). Debió pasarle también a un Roberto Sandoval de Nayarit, que salió indemne a pesar de que, a su Procurador estatal –Vieytia-, lo apañaron los gringos por tráfico de drogas.

Sandoval “parecía” un hombre sencillo. Acabó su mandato con una silla para su caballo, repujada en oro y otras excentricidades de nuevo rico. Los indignados nayaritas le han querido echar el guante, pero, hasta ahora, “goza de cabal salud”.

El otro Duarte, César, dejó a Chihuahua con la peor deuda de su historia (Unos 48 mil millones de pesos). Accedió al cargo después de haber sido diputado y presidir la Cámara Baja. A más de uno engañó con su comportamiento como político capaz del diálogo; en pocas palabras, parecía “gente decente”.

Sus menjurjes financieros empezaron no bien llegó. Creció su rancho ganadero y se decía que con frecuencia dejaba la entidad, porque comerciaba sus animales con gobernadores de otros estados, entre ellos el Sandoval de Nayarit.

El escándalo mayúsculo surgió cuando se hizo de un Banco (Unión), que se decía salió de la tesorería de Chihuahua. Crecían las críticas y las pruebas de las transas –incluso dineros a las campañas priístas-. La casta divina, muda frente a la desesperación de los habitantes de la próspera región.

Lo sucedió el panista, Javier Corral, que jamás quitó el dedo del renglón exigiendo justicia. Al fin lo atrapan en Miami, en donde se sabía que residía.

Su abogado dice “que vivía con sobriedad de un negocio de autopartes” (???), cuando, la Fiscalía chihuahuense le detectó ¡50 propiedades en Estados Unidos con valor de unos 25 millones de dólares y 150 más, en México, de más de 100 millones de pesos!

El exdirector de Pemex, Emilio Lozoya, es otro pájaro de cuenta. Se caracterizaba por su prepotencia y su aspecto de junior ambicioso. Notoria su afección por los lujos.

Entre los desmanes de la corrupta Odebrecht y los enjuagues con el regiomontano Ancira –por la compra de Pemex de la quebrada empresa de Agrohidrogenados, las investigaciones pudieran sacar a la luz otra serie de trastupijes, que arruinaron la paraestatal.

¿A qué extremo se sentía inmune que involucró a su esposa, su hermana y su madre, en lavado de dinero? Lo pescaron en una zona residencial exclusiva, en España. Vivía a cuerpo de rey, quien ahora, extraditado, jura que va a “soltar la sopa” de sus cómplices.

¿Habrá en verdad justicia y estos saqueadores pagarán el daño? Si el Poder Judicial actúa conforme a Derecho, tendrían que pasar años en la sombra.

catalinanq@hotmail.com

@catalinanq



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César Duarte y Lozoya, entre tantos otros “servidores públicos”, que han vaciado las arcas de la nación. La rapiña ha sido constante, en razón de la impunidad. La robadera, para desgracia de una República, a la que se denominaba el “cuerno de la abundancia”, nos dejó con el cuerno y se llevó la abundancia.

El sexenio pasado fue emblemático. Florecieron los pillos de una generación joven del Tricolor, ávidos de fortuna, cuando se pensó que, debido a su preparación podían cambiar el triste signo.

Resultaron peores que sus pares de otras generaciones. Saquearon las entidades. Inventaron “empresas fantasma” y trampas sofisticadas, para hurtar con descaro. Se convirtieron en grandes terratenientes y poseedores de un patrimonio inaudito. La denuncia periodística cotidiana, “les hizo los mandados”, aunque ya avanzado el sexenio, los presentaron ante un juez.

Les cayó la Ley a Javier Duarte (Veracruz) y Borje (Quintana Roo). Debió pasarle también a un Roberto Sandoval de Nayarit, que salió indemne a pesar de que, a su Procurador estatal –Vieytia-, lo apañaron los gringos por tráfico de drogas.

Sandoval “parecía” un hombre sencillo. Acabó su mandato con una silla para su caballo, repujada en oro y otras excentricidades de nuevo rico. Los indignados nayaritas le han querido echar el guante, pero, hasta ahora, “goza de cabal salud”.

El otro Duarte, César, dejó a Chihuahua con la peor deuda de su historia (Unos 48 mil millones de pesos). Accedió al cargo después de haber sido diputado y presidir la Cámara Baja. A más de uno engañó con su comportamiento como político capaz del diálogo; en pocas palabras, parecía “gente decente”.

Sus menjurjes financieros empezaron no bien llegó. Creció su rancho ganadero y se decía que con frecuencia dejaba la entidad, porque comerciaba sus animales con gobernadores de otros estados, entre ellos el Sandoval de Nayarit.

El escándalo mayúsculo surgió cuando se hizo de un Banco (Unión), que se decía salió de la tesorería de Chihuahua. Crecían las críticas y las pruebas de las transas –incluso dineros a las campañas priístas-. La casta divina, muda frente a la desesperación de los habitantes de la próspera región.

Lo sucedió el panista, Javier Corral, que jamás quitó el dedo del renglón exigiendo justicia. Al fin lo atrapan en Miami, en donde se sabía que residía.

Su abogado dice “que vivía con sobriedad de un negocio de autopartes” (???), cuando, la Fiscalía chihuahuense le detectó ¡50 propiedades en Estados Unidos con valor de unos 25 millones de dólares y 150 más, en México, de más de 100 millones de pesos!

El exdirector de Pemex, Emilio Lozoya, es otro pájaro de cuenta. Se caracterizaba por su prepotencia y su aspecto de junior ambicioso. Notoria su afección por los lujos.

Entre los desmanes de la corrupta Odebrecht y los enjuagues con el regiomontano Ancira –por la compra de Pemex de la quebrada empresa de Agrohidrogenados, las investigaciones pudieran sacar a la luz otra serie de trastupijes, que arruinaron la paraestatal.

¿A qué extremo se sentía inmune que involucró a su esposa, su hermana y su madre, en lavado de dinero? Lo pescaron en una zona residencial exclusiva, en España. Vivía a cuerpo de rey, quien ahora, extraditado, jura que va a “soltar la sopa” de sus cómplices.

¿Habrá en verdad justicia y estos saqueadores pagarán el daño? Si el Poder Judicial actúa conforme a Derecho, tendrían que pasar años en la sombra.

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