Pablo Marentes

  / lunes 18 de junio de 2018

Vacío

Al concluir hace 15 años la reunión de la Organización Mundial del Comercio en Cancún, sus resultados fueron calificados como un fracaso. La declaración final “fue una cadena de ambigüedades, incertidumbres y asuntos pendientes que puede provocar un vacío asfixiante.” El comisario europeo de Comercio Pascal Lamy, calificó a la OMC como una organización medieval.

Campesinos y modestos empresarios productores agropecuarios mexicanos, a diferencia de los que pertenecían al Grupo de los 21, nada tenían que festejar. Los días llegarían inexorablemente, y veinticinco millones de mexicanos, cuyas actividades vitales convergían en el cultivo y la producción agrícola y pecuaria de supervivencia de la cual debían salir una parte de los “cupos” de la exportación, y ¡sus alimentos! nada podían esperar para aliviar su difícil supervivencia. Esos campesinos habrían de enfrentar un futuro de estrecheces por la ausencia de políticas que aliviaran sus precarias existencias.

Actuaba entonces un habilísimo europeo, Franz Fischler, el diseñador de la Política Agrícola Común Europea. Les aclaró a los representantes mexicanos: “no eliminaremos subsidios a la producción o a la exportación. Cada capítulo de importaciones deberá ser negociado con cada país importador. Si a México le interesan determinados productos, seguiremos negociando la introducción de esos productos a su mercado. Nuestros subsidios, remarcó, responden a pagos que los agricultores de México no tienen que hacer. La mano de obra de ustedes es muy barata. Y México ¡cuenta con su petróleo! Y sus campesinos no pagan impuestos interiores. En cambio los productores –que no campesinos—estadunidenses y europeos hacen frente a altos costos de mano de obra, costos por el cumplimiento de normas ambientales y de seguridad en el trabajo y...¡altos impuestos! Las ventajas fiscales que disfrutan los agricultores mexicanos “equilibran” los subsidios que los países de la Unión Europea y Estados Unidos otorgan a sus agricultores, a sus granjeros, a sus productores y a sus agroindustriales.” Habría que agregar que los agricultores estadunidenses pagan impuestos mínimos. Así lo estableció Thomas Jefferson, cuyo papá se dedicaba a actividades agropecuarias. Desde entonces Estados Unidos no ha dejado de legislar para otorgar subsidios a sus agricultores y ganaderos. Y disfrutan de protecciones fiscales y arancelarias. La última lucha por los subsidios fue la que libraron los agricultores y pequeños hacendados ganaderos estadunidenses durante los largos años de la depresión que se inicia en 1921. El banquero Andrew William Mellon es nombrado Tesorero por el presidente Harding. Y lo ratifican en el mismo puesto Coolidge y Hoover.

El gobierno de Estados Unidos argumenta que no asumió ningún compromiso en el TLC respecto a los subsidios que otorga a sus agricultores y ganaderos. Es cierto también que México es el mayor exportador de aguacates y tomates. Si usted no lo sabía, los productores de tomate de Florida, cuando las heladas les destruyen su cosecha, mandan a México huacales vacíos para que se les llenen con tomates mexicanos, con etiquetas de “Grown in Florida.”

La situación ha cambiado aquí. La agricultura de exportación la efectúan grandes compañías estadounidenses productoras y comercializadores. Y pronto seguramente cultivarán henequén. Las fibras duras están a punto de experimentar una creciente demanda con motivo de la contaminación que provocan en el mar y en los arrecifes, las amarras de fibras artificiales. Y nadie recuerda que la fibra natural más resistente por su longitud es la del henequén que crece en la península de Yucatán. En vez de rehabilitar su cultivo, invierten millonadas en hoteles. Y dejan sin terminar obras como el gran museo de la cultura maya.

Al concluir hace 15 años la reunión de la Organización Mundial del Comercio en Cancún, sus resultados fueron calificados como un fracaso. La declaración final “fue una cadena de ambigüedades, incertidumbres y asuntos pendientes que puede provocar un vacío asfixiante.” El comisario europeo de Comercio Pascal Lamy, calificó a la OMC como una organización medieval.

Campesinos y modestos empresarios productores agropecuarios mexicanos, a diferencia de los que pertenecían al Grupo de los 21, nada tenían que festejar. Los días llegarían inexorablemente, y veinticinco millones de mexicanos, cuyas actividades vitales convergían en el cultivo y la producción agrícola y pecuaria de supervivencia de la cual debían salir una parte de los “cupos” de la exportación, y ¡sus alimentos! nada podían esperar para aliviar su difícil supervivencia. Esos campesinos habrían de enfrentar un futuro de estrecheces por la ausencia de políticas que aliviaran sus precarias existencias.

Actuaba entonces un habilísimo europeo, Franz Fischler, el diseñador de la Política Agrícola Común Europea. Les aclaró a los representantes mexicanos: “no eliminaremos subsidios a la producción o a la exportación. Cada capítulo de importaciones deberá ser negociado con cada país importador. Si a México le interesan determinados productos, seguiremos negociando la introducción de esos productos a su mercado. Nuestros subsidios, remarcó, responden a pagos que los agricultores de México no tienen que hacer. La mano de obra de ustedes es muy barata. Y México ¡cuenta con su petróleo! Y sus campesinos no pagan impuestos interiores. En cambio los productores –que no campesinos—estadunidenses y europeos hacen frente a altos costos de mano de obra, costos por el cumplimiento de normas ambientales y de seguridad en el trabajo y...¡altos impuestos! Las ventajas fiscales que disfrutan los agricultores mexicanos “equilibran” los subsidios que los países de la Unión Europea y Estados Unidos otorgan a sus agricultores, a sus granjeros, a sus productores y a sus agroindustriales.” Habría que agregar que los agricultores estadunidenses pagan impuestos mínimos. Así lo estableció Thomas Jefferson, cuyo papá se dedicaba a actividades agropecuarias. Desde entonces Estados Unidos no ha dejado de legislar para otorgar subsidios a sus agricultores y ganaderos. Y disfrutan de protecciones fiscales y arancelarias. La última lucha por los subsidios fue la que libraron los agricultores y pequeños hacendados ganaderos estadunidenses durante los largos años de la depresión que se inicia en 1921. El banquero Andrew William Mellon es nombrado Tesorero por el presidente Harding. Y lo ratifican en el mismo puesto Coolidge y Hoover.

El gobierno de Estados Unidos argumenta que no asumió ningún compromiso en el TLC respecto a los subsidios que otorga a sus agricultores y ganaderos. Es cierto también que México es el mayor exportador de aguacates y tomates. Si usted no lo sabía, los productores de tomate de Florida, cuando las heladas les destruyen su cosecha, mandan a México huacales vacíos para que se les llenen con tomates mexicanos, con etiquetas de “Grown in Florida.”

La situación ha cambiado aquí. La agricultura de exportación la efectúan grandes compañías estadounidenses productoras y comercializadores. Y pronto seguramente cultivarán henequén. Las fibras duras están a punto de experimentar una creciente demanda con motivo de la contaminación que provocan en el mar y en los arrecifes, las amarras de fibras artificiales. Y nadie recuerda que la fibra natural más resistente por su longitud es la del henequén que crece en la península de Yucatán. En vez de rehabilitar su cultivo, invierten millonadas en hoteles. Y dejan sin terminar obras como el gran museo de la cultura maya.

lunes 18 de junio de 2018

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