/ lunes 12 de abril de 2021

Verborrea electoral

A principios de este mes iniciaron algunas campañas electorales y con éstas un desfile extravagante, risible y de muy mal gusto de candidatas y candidatos. En esta marcha en la que sobran videos, promocionales y fotografías la ridiculez se impone sobre la razón: importa quien baile mejor, quien cante mejor o simplemente quien entretenga mejor. No hay un mínimo intento por disimular. Y cuando se requiere seriedad, la naturaleza propia del evento permite engaños y mentiras.

Así, hay un descaro rampante por prometer cosas abstractas e inalcanzables con tal de conseguir votos. La dialéctica heroica y poética incluye acabar con la impunidad, regresar la paz y tranquilidad a las comunidades, tener cero tolerancia con la violencia de género y acabar con los delincuentes. Y en sus aires de grandeza, se atreven incluso a prometer que tendrán la localidad más segura del país. Como si los problemas se pudieran resolver con voluntades, tolerancias y permisos.

Merecen, sin duda alguna, una mención especial quienes logran destacar, más que por su ingenio, por sus propuestas absurdas y contradictorias. Por ejemplo, la candidata a la gubernatura de Colima, Indira Vizcaíno, propone darles pensión y capacitación a los policías, a pesar de que son requisitos de ley; es decir, promete cumplir con sus obligaciones. Mauricio Kuri, candidato a la gubernatura de Querétaro, considera necesario blindar el estado para que no entren los criminales; como de caricatura: que se queden afuera. Y ya en el peor de los absurdos, Alfonso Durazo, candidato a la gubernatura de Sonora, quiere acabar con la inseguridad cuando él fue secretario de seguridad pública federal; básicamente repudia el pasado que construyó.

Debido a la disonancia entre lo que proponen y lo que pasa, parecería que quieren gobernar otra realidad o creen que este país está habitado de personas ilusas y pazguatas. Hace menos de un mes emboscaron y asesinaron a trece policías en el Estado de México. No habían pasado ni dos semanas cuando policías municipales de Tulum asesinaron a una mujer al someterla contra el piso. Ese mismo fin de semana, un colectivo de personas desaparecidas denunció que funcionarios de Veracruz entregaron los restos de una persona en una bolsa negra de basura. Y hace unos cuantos días, emboscaron, asesinaron y calcinaron a tres policías en Oaxaca. Ante estos hechos, ya no solo es aburrido y tedioso escuchar esas propuestas, también es ofensivo y repugnante.

La ciudadanía debe exigirles, como mínimo, acciones sustentadas en la realidad y evidencia, con planes concretos y responsables directos. Que digan, por ejemplo, el presupuesto que le asignarán a las instituciones de seguridad y justicia, y en qué se lo van a gastar. O cuántos ministerios públicos, policías y peritos van a contratar para reducir la impunidad que impera en el país. Los mecanismos de prevención y sanción que van a implementar para que los agentes del estado ya no asesinen, torturen ni desaparezcan personas. Los métodos para encontrar a todas las personas desaparecidas. Las estrategias para combatir la delincuencia organizada que tiene mejor armamento que los propios policías. Y un largo etcétera.

Si la acumulación de tragedias y masacres no son suficientes para que hagan promesas alcanzables. Ni la indignación que ya no alcanza o el dolor que ya no cabe. Entonces, podrá ser su necesidad de conseguir votos. Y así, reconociendo que harán lo que sea necesario con tal de conseguir electores, se les debería pedir que, por primera vez, hagan bien su trabajo.

Consultor independiente

@ddblanc

A principios de este mes iniciaron algunas campañas electorales y con éstas un desfile extravagante, risible y de muy mal gusto de candidatas y candidatos. En esta marcha en la que sobran videos, promocionales y fotografías la ridiculez se impone sobre la razón: importa quien baile mejor, quien cante mejor o simplemente quien entretenga mejor. No hay un mínimo intento por disimular. Y cuando se requiere seriedad, la naturaleza propia del evento permite engaños y mentiras.

Así, hay un descaro rampante por prometer cosas abstractas e inalcanzables con tal de conseguir votos. La dialéctica heroica y poética incluye acabar con la impunidad, regresar la paz y tranquilidad a las comunidades, tener cero tolerancia con la violencia de género y acabar con los delincuentes. Y en sus aires de grandeza, se atreven incluso a prometer que tendrán la localidad más segura del país. Como si los problemas se pudieran resolver con voluntades, tolerancias y permisos.

Merecen, sin duda alguna, una mención especial quienes logran destacar, más que por su ingenio, por sus propuestas absurdas y contradictorias. Por ejemplo, la candidata a la gubernatura de Colima, Indira Vizcaíno, propone darles pensión y capacitación a los policías, a pesar de que son requisitos de ley; es decir, promete cumplir con sus obligaciones. Mauricio Kuri, candidato a la gubernatura de Querétaro, considera necesario blindar el estado para que no entren los criminales; como de caricatura: que se queden afuera. Y ya en el peor de los absurdos, Alfonso Durazo, candidato a la gubernatura de Sonora, quiere acabar con la inseguridad cuando él fue secretario de seguridad pública federal; básicamente repudia el pasado que construyó.

Debido a la disonancia entre lo que proponen y lo que pasa, parecería que quieren gobernar otra realidad o creen que este país está habitado de personas ilusas y pazguatas. Hace menos de un mes emboscaron y asesinaron a trece policías en el Estado de México. No habían pasado ni dos semanas cuando policías municipales de Tulum asesinaron a una mujer al someterla contra el piso. Ese mismo fin de semana, un colectivo de personas desaparecidas denunció que funcionarios de Veracruz entregaron los restos de una persona en una bolsa negra de basura. Y hace unos cuantos días, emboscaron, asesinaron y calcinaron a tres policías en Oaxaca. Ante estos hechos, ya no solo es aburrido y tedioso escuchar esas propuestas, también es ofensivo y repugnante.

La ciudadanía debe exigirles, como mínimo, acciones sustentadas en la realidad y evidencia, con planes concretos y responsables directos. Que digan, por ejemplo, el presupuesto que le asignarán a las instituciones de seguridad y justicia, y en qué se lo van a gastar. O cuántos ministerios públicos, policías y peritos van a contratar para reducir la impunidad que impera en el país. Los mecanismos de prevención y sanción que van a implementar para que los agentes del estado ya no asesinen, torturen ni desaparezcan personas. Los métodos para encontrar a todas las personas desaparecidas. Las estrategias para combatir la delincuencia organizada que tiene mejor armamento que los propios policías. Y un largo etcétera.

Si la acumulación de tragedias y masacres no son suficientes para que hagan promesas alcanzables. Ni la indignación que ya no alcanza o el dolor que ya no cabe. Entonces, podrá ser su necesidad de conseguir votos. Y así, reconociendo que harán lo que sea necesario con tal de conseguir electores, se les debería pedir que, por primera vez, hagan bien su trabajo.

Consultor independiente

@ddblanc