/ domingo 2 de junio de 2019

¿Verdad o relativismo?

Obispo Emérito de SCLC

VER

Hace poco más de dos años, el CONAPRED (Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación) presentó una demanda ante la Secretaría de Gobernación contra 26 obispos del país, cuando se discutía la propuesta presidencial de considerar matrimonio a la unión esponsal de personas del mismo sexo, dizque porque habíamos promovido homofobia y discriminación contra homosexuales y lesbianas, y porque alentábamos odio y violencia contra quienes tienen esa tendencia. Un equipo de abogados nos ayudó a defender nuestro derecho a difundir la verdad de nuestra fe, con lo cual no promovíamos la materia del juicio, y todo se resolvió favorablemente para nosotros, conforme a la ley.

A pesar de esta resolución, con frecuencia grupos de esa línea nos amenazan con demandarnos en juicio, coartando nuestra libertad religiosa, amparada por la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, que en su artículo 2º. establece: El Estado Mexicano garantiza a favor del individuo los siguientes derechos y libertades en materia religiosa: c) No ser objeto de discriminación, coacción u hostilidad por causa de sus creencias religiosas. e) No ser objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa por la manifestación de ideas religiosas. Más adelante, el artículo 9º. dice: Las Asociaciones Religiosas tendrán derecho, en los términos de esta ley y su reglamento, a: III. Propagar su doctrina, siempre que no se contravengan las normas y previsiones de éste y demás ordenamientos aplicables.


Amparados por esta ley civil, tenemos todo el derecho de difundir la verdad que proclama nuestra fe, en particular sobre el derecho a la vida desde la concepción hasta su término natural, sobre lo que es realmente un matrimonio, la unión de por vida y por amor entre un hombre y una mujer, sobre la naturaleza de la persona humana, con dos únicos géneros: masculino y femenino. No podemos aprobar el relativismo imperante, en que no hay normas ni criterios básicos en base a la naturaleza humana y a la ley natural. No pretendemos imponer nuestra fe, sino ser libres para presentarla.

PENSAR

Jesucristo, cimiento del catolicismo, nos ordenó ir por todas partes y predicar su Evangelio. Este es un mandato que debemos tomar en cuenta. Y esta fe nos dice que Dios creó al ser humano sólo con dos géneros: hombre y mujer. Es el plan del Creador y nosotros, simples creaturas, no lo podemos modificar. Si algunos defienden que hay más géneros, están en su derecho de afirmarlo y los respetamos, pero nosotros también tenemos derecho y obligación de expresar públicamente lo que creemos.

San Pablo, en su Carta a los Romanos 1,18-32, hace unas durísimas condenas, que nosotros tomamos en cuenta. Al respecto, el Catecismo de la Iglesia Católica enseña:

“Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (Cf. Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tm 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados. No pueden recibir aprobación en ningún caso” (2357).

Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición” (2358).

ACTUAR

Seamos respetuosos con quienes piensan y viven de una manera diferente o contraria al Evangelio, a la Biblia, a nuestra fe, a su naturaleza, pero no dejemos de anunciar libremente lo que creemos.


Obispo Emérito de SCLC

VER

Hace poco más de dos años, el CONAPRED (Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación) presentó una demanda ante la Secretaría de Gobernación contra 26 obispos del país, cuando se discutía la propuesta presidencial de considerar matrimonio a la unión esponsal de personas del mismo sexo, dizque porque habíamos promovido homofobia y discriminación contra homosexuales y lesbianas, y porque alentábamos odio y violencia contra quienes tienen esa tendencia. Un equipo de abogados nos ayudó a defender nuestro derecho a difundir la verdad de nuestra fe, con lo cual no promovíamos la materia del juicio, y todo se resolvió favorablemente para nosotros, conforme a la ley.

A pesar de esta resolución, con frecuencia grupos de esa línea nos amenazan con demandarnos en juicio, coartando nuestra libertad religiosa, amparada por la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, que en su artículo 2º. establece: El Estado Mexicano garantiza a favor del individuo los siguientes derechos y libertades en materia religiosa: c) No ser objeto de discriminación, coacción u hostilidad por causa de sus creencias religiosas. e) No ser objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa por la manifestación de ideas religiosas. Más adelante, el artículo 9º. dice: Las Asociaciones Religiosas tendrán derecho, en los términos de esta ley y su reglamento, a: III. Propagar su doctrina, siempre que no se contravengan las normas y previsiones de éste y demás ordenamientos aplicables.


Amparados por esta ley civil, tenemos todo el derecho de difundir la verdad que proclama nuestra fe, en particular sobre el derecho a la vida desde la concepción hasta su término natural, sobre lo que es realmente un matrimonio, la unión de por vida y por amor entre un hombre y una mujer, sobre la naturaleza de la persona humana, con dos únicos géneros: masculino y femenino. No podemos aprobar el relativismo imperante, en que no hay normas ni criterios básicos en base a la naturaleza humana y a la ley natural. No pretendemos imponer nuestra fe, sino ser libres para presentarla.

PENSAR

Jesucristo, cimiento del catolicismo, nos ordenó ir por todas partes y predicar su Evangelio. Este es un mandato que debemos tomar en cuenta. Y esta fe nos dice que Dios creó al ser humano sólo con dos géneros: hombre y mujer. Es el plan del Creador y nosotros, simples creaturas, no lo podemos modificar. Si algunos defienden que hay más géneros, están en su derecho de afirmarlo y los respetamos, pero nosotros también tenemos derecho y obligación de expresar públicamente lo que creemos.

San Pablo, en su Carta a los Romanos 1,18-32, hace unas durísimas condenas, que nosotros tomamos en cuenta. Al respecto, el Catecismo de la Iglesia Católica enseña:

“Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (Cf. Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tm 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados. No pueden recibir aprobación en ningún caso” (2357).

Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición” (2358).

ACTUAR

Seamos respetuosos con quienes piensan y viven de una manera diferente o contraria al Evangelio, a la Biblia, a nuestra fe, a su naturaleza, pero no dejemos de anunciar libremente lo que creemos.


jueves 18 de julio de 2019

“Muerte digna” o eutanasia

jueves 11 de julio de 2019

Cartilla moral e iglesias

jueves 04 de julio de 2019

Los buenos políticos

jueves 27 de junio de 2019

¿El celibato en riesgo?

jueves 20 de junio de 2019

El género depende del sexo

jueves 13 de junio de 2019

Migración multifactorial

jueves 06 de junio de 2019

Los migrantes son hermanos

domingo 02 de junio de 2019

¿Verdad o relativismo?

jueves 23 de mayo de 2019

La teología india avanza

jueves 16 de mayo de 2019

Diaconisas en la iglesia

Cargar Más