/ sábado 22 de febrero de 2020

Violencia contra serenidad

A lo largo de varios decenios la principal consigna y demanda del feminismo, al menos en Occidente, ha sido la despenalización del aborto. Un poco más cerca en el tiempo aquellas consigna y demanda se transformaron positivamente para exigir aborto libre y gratuito, es decir, con cargo al Estado.

Se trató de dos demandas del todo revolucionarias, es decir, típicamente de izquierda, a las que desde siempre se opusieron con vehemencia, en México y en todo el mundo, los sectores sociales conservadores. En tierras de Anáhuac, el abanderado político de estas posiciones retrógradas fue el Partido Acción Nacional (PAN).

Por ello es de llamar la atención que ahora y de pronto el PAN se sume al movimiento y a las tesis y demandas feministas. ¿Un partido antiaborto puede ser feminista? El asunto es de fácil dilucidación. Bastaría con que los más prominentes líderes del panismo, como Vicente Fox, Margarita Zavala y Diego Fernández de Cevallos, declararan públicamente su adhesión a la más característica de las demandas feministas: el aborto libre y gratuito.

No parece probable. Más bien parece que en otro acto de hipocresía y doble moral el PAN ha decidido, con muchos otros grupos conservadores, subirse al carro del feminismo solamente para golpear a López Obrador y al gobierno de la Cuarta Transformación.

Pero el acto de hipocresía y doble moral panista no tiene mucho futuro. PAN y feminismo son como el agua y el aceite. Entonces, ¿que busca Acción Nacional? Busca sumarse a la provocación que consiste en inducir al gobierno obradorista a la represión del movimiento feminista en curso: palos, detenciones arbitrarias, encarcelamientos, invención de cargos monstruosos, torturas, vejaciones sexuales, humillaciones y violaciones carnales de las detenidas. Digamos la reedición del caso de Atenco en el sexenio foxista.

Y no tiene futuro porque López Obrador no acudirá a esos recursos ilegales e inmorales muy propios de la derecha. El Presidente no va a combatir el fuego con fuego. Será cosa de ver quién se cansa primero: los provocadores y provocadoras o el gobierno con muy probada vocación de respeto, tolerancia, ecuanimidad y respeto a la ley.

Así, mientras López Obrador gana en legitimidad y respaldo social, provocadores y provocadoras los pierden. Y sin legitimidad y respaldo social no hay movimiento sociopolítico que crezca y prevalezca por más justo que sea. En el duelo entre la violencia y la serenidad, sin duda ganará esta última.

www.economiaypoliticahoy.wordpress.com

mentorferrer@gmail.com



A lo largo de varios decenios la principal consigna y demanda del feminismo, al menos en Occidente, ha sido la despenalización del aborto. Un poco más cerca en el tiempo aquellas consigna y demanda se transformaron positivamente para exigir aborto libre y gratuito, es decir, con cargo al Estado.

Se trató de dos demandas del todo revolucionarias, es decir, típicamente de izquierda, a las que desde siempre se opusieron con vehemencia, en México y en todo el mundo, los sectores sociales conservadores. En tierras de Anáhuac, el abanderado político de estas posiciones retrógradas fue el Partido Acción Nacional (PAN).

Por ello es de llamar la atención que ahora y de pronto el PAN se sume al movimiento y a las tesis y demandas feministas. ¿Un partido antiaborto puede ser feminista? El asunto es de fácil dilucidación. Bastaría con que los más prominentes líderes del panismo, como Vicente Fox, Margarita Zavala y Diego Fernández de Cevallos, declararan públicamente su adhesión a la más característica de las demandas feministas: el aborto libre y gratuito.

No parece probable. Más bien parece que en otro acto de hipocresía y doble moral el PAN ha decidido, con muchos otros grupos conservadores, subirse al carro del feminismo solamente para golpear a López Obrador y al gobierno de la Cuarta Transformación.

Pero el acto de hipocresía y doble moral panista no tiene mucho futuro. PAN y feminismo son como el agua y el aceite. Entonces, ¿que busca Acción Nacional? Busca sumarse a la provocación que consiste en inducir al gobierno obradorista a la represión del movimiento feminista en curso: palos, detenciones arbitrarias, encarcelamientos, invención de cargos monstruosos, torturas, vejaciones sexuales, humillaciones y violaciones carnales de las detenidas. Digamos la reedición del caso de Atenco en el sexenio foxista.

Y no tiene futuro porque López Obrador no acudirá a esos recursos ilegales e inmorales muy propios de la derecha. El Presidente no va a combatir el fuego con fuego. Será cosa de ver quién se cansa primero: los provocadores y provocadoras o el gobierno con muy probada vocación de respeto, tolerancia, ecuanimidad y respeto a la ley.

Así, mientras López Obrador gana en legitimidad y respaldo social, provocadores y provocadoras los pierden. Y sin legitimidad y respaldo social no hay movimiento sociopolítico que crezca y prevalezca por más justo que sea. En el duelo entre la violencia y la serenidad, sin duda ganará esta última.

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