/ lunes 13 de julio de 2020

¡Viva México!

“…Hay agravios que todavía no se olvidan…”


Sólo un presidente que tiene la legitimidad y la fuerza que le da la inmensa mayoría del pueblo de México, pudo hablar claro y fuerte en el centro del poder económico mundial, con una dignidad que millones de mexicanos nunca habían escuchado.

El hombre que inició su vida y su actividad política en Macuspana, que comprendió y atendió la realidad de millones de indígenas pobres, que caminó con ellos entre la milpa y propuso programas sociales que incidieron directamente en la solución de las desigualdades, hoy es referente mundial de lo que un gobierno puede y debe hacer para mejorar la calidad de vida de todos sus habitantes.

Andrés Manuel lo ha hecho durante décadas, sin viajes al exterior ni gran parafernalia. Ha puesto el ejemplo, al trabajar diariamente desde las seis de la mañana en las reuniones del Gabinete de Seguridad, teniendo como eje la solidaridad en la solución de las crisis internacionales y acompañándose de un Gabinete que bien articula el proyecto de la Cuarta Transformación.

En estos años de gobierno obradorista, el discurso del presidente Donald Trump ha cambiado porque los mexicanos hemos cambiado de presidente. Votamos por recuperar lo mejor de nuestro país, porque lo que estamos haciendo ahora es reconstruir y combatir de manera frontal la delincuencia, la corrupción y la impunidad. Es un cambio que se reconoce en el contexto internacional y menciona directamente Trump: “Elegido para luchar en contra de la corrupción y para devolver el poder al pueblo…”.

Es una imagen totalmente nueva de las relaciones internacionales, ya no de entrega, de sumisión y saqueo. Hoy se comprende la historia de la inmigración y se le da un nuevo contexto; se entiende que los mexicanos en Estados Unidos “fortalecen nuestras iglesias, nuestras comunidades, y colorean todos los trazos de la vida de nuestra nación. Además, son grandes hombres y mujeres comerciantes. Son sumamente exitosos, como usted, señor presidente”. Así habló Trump de los mexicanos. Y por su parte, nuestro presidente dejó bien claro que Estados Unidos –para el caso de su relación con México– ha tenido que abandonar la Doctrina Monroe y seguir las premisas de George Washington, porque ahora se ha entendido que somos “un país y un pueblo digno, libre, democrático y soberano”.

Esa fue la dignidad que impregnó las negociaciones del T-MEC: se antepusieron mejores condiciones laborales para millones de mexicanos, se incluyó un capítulo especial sobre combate a la corrupción y se defendieron los intereses de los productores y los trabajadores nacionales. Por ello, se reconoce que “este es el acuerdo comercial de mayor magnitud ya firmado entre cualquier país, y le va a llevar prosperidad a los trabajadores de México, de Estados Unidos y de Canadá”.

La crisis de la pandemia ha puesto de manifiesto que todas las acciones tomadas en esta Cuarta Transformación han sido adecuadas, desde la protección a las personas más vulnerables, con la pensión de adultos mayores, el impulso al empleo mediante Jóvenes Construyendo el Futuro, la educación en los lugares de origen con las Universidades Benito Juárez y ahora con la negociación del T-MEC. Como lo expresó el Presidente en su memorable discurso: “Producir, crear empleos y fomentar el comercio sin necesidad de ir tan lejos de nuestros hogares… no se trata de cerrarnos al mundo, sino de aprovechar todas las ventajas que nos brinda la vecindad… atraer inversiones de otros lugares del hemisferio a nuestros países”.

Ésa es la visión que el hombre de Macuspana ha compartido con el mundo y hoy entendemos que es la correcta, y por ello podemos decir con verdadero orgullo en cualquier escenario internacional:


¡Viva México!

¡Viva México!

¡Viva México!


Diputada Federal Coordinadora Temática de Economía del Grupo Parlamentario de Morena

https://www.facebook.com/angeleshuertadip/

@gelahuerta

“…Hay agravios que todavía no se olvidan…”


Sólo un presidente que tiene la legitimidad y la fuerza que le da la inmensa mayoría del pueblo de México, pudo hablar claro y fuerte en el centro del poder económico mundial, con una dignidad que millones de mexicanos nunca habían escuchado.

El hombre que inició su vida y su actividad política en Macuspana, que comprendió y atendió la realidad de millones de indígenas pobres, que caminó con ellos entre la milpa y propuso programas sociales que incidieron directamente en la solución de las desigualdades, hoy es referente mundial de lo que un gobierno puede y debe hacer para mejorar la calidad de vida de todos sus habitantes.

Andrés Manuel lo ha hecho durante décadas, sin viajes al exterior ni gran parafernalia. Ha puesto el ejemplo, al trabajar diariamente desde las seis de la mañana en las reuniones del Gabinete de Seguridad, teniendo como eje la solidaridad en la solución de las crisis internacionales y acompañándose de un Gabinete que bien articula el proyecto de la Cuarta Transformación.

En estos años de gobierno obradorista, el discurso del presidente Donald Trump ha cambiado porque los mexicanos hemos cambiado de presidente. Votamos por recuperar lo mejor de nuestro país, porque lo que estamos haciendo ahora es reconstruir y combatir de manera frontal la delincuencia, la corrupción y la impunidad. Es un cambio que se reconoce en el contexto internacional y menciona directamente Trump: “Elegido para luchar en contra de la corrupción y para devolver el poder al pueblo…”.

Es una imagen totalmente nueva de las relaciones internacionales, ya no de entrega, de sumisión y saqueo. Hoy se comprende la historia de la inmigración y se le da un nuevo contexto; se entiende que los mexicanos en Estados Unidos “fortalecen nuestras iglesias, nuestras comunidades, y colorean todos los trazos de la vida de nuestra nación. Además, son grandes hombres y mujeres comerciantes. Son sumamente exitosos, como usted, señor presidente”. Así habló Trump de los mexicanos. Y por su parte, nuestro presidente dejó bien claro que Estados Unidos –para el caso de su relación con México– ha tenido que abandonar la Doctrina Monroe y seguir las premisas de George Washington, porque ahora se ha entendido que somos “un país y un pueblo digno, libre, democrático y soberano”.

Esa fue la dignidad que impregnó las negociaciones del T-MEC: se antepusieron mejores condiciones laborales para millones de mexicanos, se incluyó un capítulo especial sobre combate a la corrupción y se defendieron los intereses de los productores y los trabajadores nacionales. Por ello, se reconoce que “este es el acuerdo comercial de mayor magnitud ya firmado entre cualquier país, y le va a llevar prosperidad a los trabajadores de México, de Estados Unidos y de Canadá”.

La crisis de la pandemia ha puesto de manifiesto que todas las acciones tomadas en esta Cuarta Transformación han sido adecuadas, desde la protección a las personas más vulnerables, con la pensión de adultos mayores, el impulso al empleo mediante Jóvenes Construyendo el Futuro, la educación en los lugares de origen con las Universidades Benito Juárez y ahora con la negociación del T-MEC. Como lo expresó el Presidente en su memorable discurso: “Producir, crear empleos y fomentar el comercio sin necesidad de ir tan lejos de nuestros hogares… no se trata de cerrarnos al mundo, sino de aprovechar todas las ventajas que nos brinda la vecindad… atraer inversiones de otros lugares del hemisferio a nuestros países”.

Ésa es la visión que el hombre de Macuspana ha compartido con el mundo y hoy entendemos que es la correcta, y por ello podemos decir con verdadero orgullo en cualquier escenario internacional:


¡Viva México!

¡Viva México!

¡Viva México!


Diputada Federal Coordinadora Temática de Economía del Grupo Parlamentario de Morena

https://www.facebook.com/angeleshuertadip/

@gelahuerta