/ sábado 13 de julio de 2019

Vivir con menos

“Nadie puede gastar más de lo que gana” reza la sabia sentencia económica. O, dicho con otras palabras, el ingreso total de una persona es el límite de su egreso total. Sin embargo, frente a una baja temporal del ingreso, una persona puede acudir al crédito, es decir, a un préstamo o a la venta de algún bien: una casa, un coche, unas joyas, un terreno a fin de mantener el nivel histórico o acostumbrado del gasto.

Pero lógicamente esta es una solución temporal en espera de que el ingreso vuelva a sus niveles anteriores. Si no es este el caso, la única salida es la reducción del gasto. O, dicho en palabras sencillas, vivir con menos.

Esta solución al problema puede, a primera vista, no parecer grata. Porque, como decía John Maynard Keynes, el consumo es una función del ingreso presente y pretérito. Y personas y familias tienden a mantener un gasto correspondiente al antiguo ingreso. Pero una nueva situación económica exige una nueva conducta económica. Y una reducción del ingreso obliga irremediablemente a una disminución del gasto. Así que, como diría el clásico, la disminución del gasto es una “medida dolorosa pero necesaria”.

Sin embargo, lo que a primera vista puede parecer ingrato o doloroso, quizá no lo sea tanto si entra en juego el factor racionalidad económica. ¿Cuántos gastos de una persona o de una familia son en verdad necesarios y no superfluos? ¿Cuánto de ese gasto es racional y no caprichoso?

Todo esto en cuanto a personas y familias. Pero es igual en lo que respecta a las empresas. Una reducción de los ingresos lleva necesariamente a una disminución de los gastos. Y lo mismo hacen los gobiernos cuando se reducen sus ingresos.

La experiencia de personas, familias, empresas y gobiernos demuestra que es posible vivir con menos ingresos si se reducen los gastos. Y en este rubro siempre hay mucha tela de donde cortar.

Claro que la pérdida de ingresos es una eventualidad y no una fatalidad. Pero siempre será sensato y aconsejable estar preparados para esa eventualidad. Unos ahorros pueden paliar los efectos de una pérdida de renta. Y mientras más grandes sean esos ahorros, podrá por más tiempo sobrellevarse la caída en el ingreso.

Y he aquí la clave del razonamiento: si hay ahorros, que por definición no son gastos, quiere decir que es posible vivir con menores ingresos, es decir, con menos gastos.

www.economiaypoliticahoy.wordpress.com

mentorferrer@gmail.com


“Nadie puede gastar más de lo que gana” reza la sabia sentencia económica. O, dicho con otras palabras, el ingreso total de una persona es el límite de su egreso total. Sin embargo, frente a una baja temporal del ingreso, una persona puede acudir al crédito, es decir, a un préstamo o a la venta de algún bien: una casa, un coche, unas joyas, un terreno a fin de mantener el nivel histórico o acostumbrado del gasto.

Pero lógicamente esta es una solución temporal en espera de que el ingreso vuelva a sus niveles anteriores. Si no es este el caso, la única salida es la reducción del gasto. O, dicho en palabras sencillas, vivir con menos.

Esta solución al problema puede, a primera vista, no parecer grata. Porque, como decía John Maynard Keynes, el consumo es una función del ingreso presente y pretérito. Y personas y familias tienden a mantener un gasto correspondiente al antiguo ingreso. Pero una nueva situación económica exige una nueva conducta económica. Y una reducción del ingreso obliga irremediablemente a una disminución del gasto. Así que, como diría el clásico, la disminución del gasto es una “medida dolorosa pero necesaria”.

Sin embargo, lo que a primera vista puede parecer ingrato o doloroso, quizá no lo sea tanto si entra en juego el factor racionalidad económica. ¿Cuántos gastos de una persona o de una familia son en verdad necesarios y no superfluos? ¿Cuánto de ese gasto es racional y no caprichoso?

Todo esto en cuanto a personas y familias. Pero es igual en lo que respecta a las empresas. Una reducción de los ingresos lleva necesariamente a una disminución de los gastos. Y lo mismo hacen los gobiernos cuando se reducen sus ingresos.

La experiencia de personas, familias, empresas y gobiernos demuestra que es posible vivir con menos ingresos si se reducen los gastos. Y en este rubro siempre hay mucha tela de donde cortar.

Claro que la pérdida de ingresos es una eventualidad y no una fatalidad. Pero siempre será sensato y aconsejable estar preparados para esa eventualidad. Unos ahorros pueden paliar los efectos de una pérdida de renta. Y mientras más grandes sean esos ahorros, podrá por más tiempo sobrellevarse la caída en el ingreso.

Y he aquí la clave del razonamiento: si hay ahorros, que por definición no son gastos, quiere decir que es posible vivir con menores ingresos, es decir, con menos gastos.

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