/ miércoles 11 de julio de 2018

Walt Whitman, poesía para vivir

Basta un mínimo de sensibilidad para que como seres humanos respondamos a las artes, a la creatividad que nos caracteriza como especie y que es capaz de generar belleza a partir de nuestras naturales atribuciones. Una de las maravillas al respecto es la poesía, la forma de expresarnos con una envolvente belleza a través de las letras.

Con su belleza, la poesía nos hace meditar más a fondo sobre los temas que trata, nos sensibiliza y en amplia medida nos estimula a ser mejores en diferentes aspectos, de entrada en la forma en que nos expresamos de cuanto acontece en el mundo y muy especialmente de todo aquello que vivimos.

Justo pensando en versos y metáforas, me viene a la mente un muy grato recuerdo, el de la película “La Sociedad de los Poetas Muertos”, protagonizada por el gran actor Robin Williams y en la que salieron jóvenes valores de aquel 1991, como Christian Slater. El título y nombre del club de jóvenes literatos que era la mencionada sociedad, viene de un poema de un célebre autor estadounidense, Walt Whitman, titulado “Carpe Diem”, título que traducido al español significa Aprovecha el Día.

Justo ahora que vivimos tiempos que nos representan importantes retos, más que nunca se vuelve de primera importancia que nos incitemos a sacar el mayor provecho de cada día que vivimos, por supuesto sin el fatalismo de pensar que pudiera ser el último, simplemente por el placer de gozar la vida y de aprovechar al máximo nuestro paso por ella.

En su obra maestra, Walt Whitman, nos presenta párrafos como el siguiente:

No caigas en el peor de los errores: el silencio. La mayoría vive en un silencio espantoso. No te resignes, huye…

El silencio con frecuencia tiende a aislarnos, a poner una distancia con quienes apreciamos o amamos, en la que se rompen puentes y se establecen separaciones que con frecuencia no tienen punto de retorno. Dialogar nos acerca, ayuda a dirimir diferencias y elimina malas interpretaciones. Hagamos un uso moderado del silencio, pero que no sea nuestra divisa de vida, finalmente nos integramos en la medida en que hacemos un uso asertivo de la comunicación.


“Yo emito mi alarido por los tejados de este mundo”, dice el poeta; valora la belleza de las cosas simples, se puede hacer poesía sobre las pequeñas cosas.

La verdadera belleza se aprecia más a fondo si nos enseñamos a apreciarla a partir de las cosas más simples, aquello que nos rodea cotidianamente y que, con frecuencia, por la rutina de lo diario, no apreciamos en su justa dimensión. Ello va desde la enorme felicidad que está contenida en cada momento de convivencia con familiares, como en los botones que florecen en el rosal que puede estar a la puerta de nuestras casas. Por supuesto, ya habrá tiempo para que apreciemos una ciudad como París o la grandiosidad de un glaciar, pero vivamos en principio la belleza que nos rodea.


Walt Whitman decía: Aprende de quienes pueden enseñarte. Las experiencias de quienes se alimentaron de nuestros “Poetas Muertos”, te ayudarán a caminar por la vida. La sociedad de hoy somos nosotros, los “Poetas Vivos”.

Esa es la esencia, ya que nuestros poetas muertos nos dejaron enseñanzas, pero finalmente de una u otra forma nosotros somos los poetas vivos de hoy, quienes tenemos la misión de generar nueva belleza y hacer del mundo un lugar mejor, en donde se haga frente de óptima forma a los desafíos que la vida nos representa, algunos buscados y otros que simplemente saltan a nuestro encuentro. No hay reto con el que no podamos.

Senadora de la República

correo: yolandadelatorre@senado.gob.mx

FB: YolandaDeLaTorreV

Tw: @Yoladelatorre


Basta un mínimo de sensibilidad para que como seres humanos respondamos a las artes, a la creatividad que nos caracteriza como especie y que es capaz de generar belleza a partir de nuestras naturales atribuciones. Una de las maravillas al respecto es la poesía, la forma de expresarnos con una envolvente belleza a través de las letras.

Con su belleza, la poesía nos hace meditar más a fondo sobre los temas que trata, nos sensibiliza y en amplia medida nos estimula a ser mejores en diferentes aspectos, de entrada en la forma en que nos expresamos de cuanto acontece en el mundo y muy especialmente de todo aquello que vivimos.

Justo pensando en versos y metáforas, me viene a la mente un muy grato recuerdo, el de la película “La Sociedad de los Poetas Muertos”, protagonizada por el gran actor Robin Williams y en la que salieron jóvenes valores de aquel 1991, como Christian Slater. El título y nombre del club de jóvenes literatos que era la mencionada sociedad, viene de un poema de un célebre autor estadounidense, Walt Whitman, titulado “Carpe Diem”, título que traducido al español significa Aprovecha el Día.

Justo ahora que vivimos tiempos que nos representan importantes retos, más que nunca se vuelve de primera importancia que nos incitemos a sacar el mayor provecho de cada día que vivimos, por supuesto sin el fatalismo de pensar que pudiera ser el último, simplemente por el placer de gozar la vida y de aprovechar al máximo nuestro paso por ella.

En su obra maestra, Walt Whitman, nos presenta párrafos como el siguiente:

No caigas en el peor de los errores: el silencio. La mayoría vive en un silencio espantoso. No te resignes, huye…

El silencio con frecuencia tiende a aislarnos, a poner una distancia con quienes apreciamos o amamos, en la que se rompen puentes y se establecen separaciones que con frecuencia no tienen punto de retorno. Dialogar nos acerca, ayuda a dirimir diferencias y elimina malas interpretaciones. Hagamos un uso moderado del silencio, pero que no sea nuestra divisa de vida, finalmente nos integramos en la medida en que hacemos un uso asertivo de la comunicación.


“Yo emito mi alarido por los tejados de este mundo”, dice el poeta; valora la belleza de las cosas simples, se puede hacer poesía sobre las pequeñas cosas.

La verdadera belleza se aprecia más a fondo si nos enseñamos a apreciarla a partir de las cosas más simples, aquello que nos rodea cotidianamente y que, con frecuencia, por la rutina de lo diario, no apreciamos en su justa dimensión. Ello va desde la enorme felicidad que está contenida en cada momento de convivencia con familiares, como en los botones que florecen en el rosal que puede estar a la puerta de nuestras casas. Por supuesto, ya habrá tiempo para que apreciemos una ciudad como París o la grandiosidad de un glaciar, pero vivamos en principio la belleza que nos rodea.


Walt Whitman decía: Aprende de quienes pueden enseñarte. Las experiencias de quienes se alimentaron de nuestros “Poetas Muertos”, te ayudarán a caminar por la vida. La sociedad de hoy somos nosotros, los “Poetas Vivos”.

Esa es la esencia, ya que nuestros poetas muertos nos dejaron enseñanzas, pero finalmente de una u otra forma nosotros somos los poetas vivos de hoy, quienes tenemos la misión de generar nueva belleza y hacer del mundo un lugar mejor, en donde se haga frente de óptima forma a los desafíos que la vida nos representa, algunos buscados y otros que simplemente saltan a nuestro encuentro. No hay reto con el que no podamos.

Senadora de la República

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