/ jueves 28 de enero de 2021

XXI: el siglo de las mujeres

Nuria Palou Bueno


“Nuestro miedo más profundo no es el de ser inapropiados.

Nuestro miedo más profundo es el de ser poderosos más allá de toda medida.” – Marianne Williamson.

Hace unos 13 años un muy querido Embajador regresaba a vivir a México después de cerrar una vida diplomática y de estar más de una década en Asia. Lo invité a darnos unas palabras de cierre en una simulación de la Organización de las Naciones Unidas en Puebla. Recuerdo con nitidez lo que nos dijo a cientos de jóvenes mujeres en ese tiempo: “el siglo XXI les pertenece”, lo tenía claro, seríamos nosotras las que cambiaríamos el rumbo de cada uno de los países.

Hoy por hoy, todavía no vemos una mujer fungir como Secretaria General de las Naciones Unidas, sin embargo, existe desde hace quince años la Canciller Angela Merkel que mantiene el balance y dirige con toda certeza el rumbo de un país como Alemania, y no solo eso, también se ha encargado de sostener Europa.

El pasado miércoles 20 de enero, me resonaron esas palabras que escuché hace tantos años y que cada día se vuelven más evidentes porque veo, leo y conozco más historias de mujeres que están rompiendo el conocido “techo de cristal”, producto de una sociedad patriarcal que lentamente se enfrenta a la inevitable realidad de darnos paso a las mujeres.

Ver en pantalla a Kamala Devi Harris, vestida de morado, con su llamado de unidad y símbolo de lucha por la igualdad de género perpetua este dicho de que este siglo nos pertenece. Enlistemos todas las “primeras veces” que representa Harris: es la primera vicepresidentA de Estados Unidos (sí con mayúscula esa “A”); es la primera mujer negra y con ascendencia asiática en llegar a ese puesto; juró el cargo ante la primera jueza hispana de la Suprema Corte de ese país, Sonia Sotomayor. Subrayemos una y otra vez la palabra primera, porque como bien dice Melinda Gates “empoderar a mujeres cambia el mundo”.

Ahora ¿qué quiere hacer Kamala Harris? De entrada, ha jurado no ser una vicepresidenta prudente, una que se quede en las sombras del mandatario. Esto solo es permanecer congruente a su carrera política, Kamala toda la vida ha estado muy cerca del activísimo social, cada una de sus campañas han alzado la bandera de los derechos humanos y civiles, ambos inculcados por sus padres inmigrantes. En su libro “The Truths We Hold” (2019) escribe solemnemente que para ella la importancia de “trabajar con propósito” es sinónimo de trascendencia (pág. 214). El observar y dignificar el trabajo hace que nuestra sociedad funcione cada día mejor. Sus luchas seguirán siendo, la igualdad en la atención de la salud (siendo un derecho humano básico); el mejoramiento del sistema de justicia de Estados Unidos; los programas de vigilancia de drogas, venta y tráfico de opioides y narcóticos; buscar en todo momento el mejoramiento del estado de derecho; aumentar el salario mínimo y la protección de refugiados e inmigrantes.

Joel Goldstein, historiador y decano de la Universidad de St. Louis y autor del libro “The White House Vice Presidency: The Path to Significance, Mondale to Biden,” comentó que Harris estará en una posición única para tener un “efecto consecuencial” como vicepresidenta, no sólo por la naturaleza histórica de su ascenso -que la ha llevado hasta donde está-, sino también porque la magnitud de las crisis que enfrenta esta nueva administración no puede ser manejada por el presidente únicamente, nunca antes se habían necesitado cuatro manos en la Casa Blanca.

En una de las últimas entrevistas que dio a CBS News antes de tomar posesión como vicepresidenta, Harris habla de la prioridad de vacunar a 1 millón de personas en los primeros 100 días de la administración, reabrir escuelas de forma segura y habla de ese momento de horror, pero que le sirvió como punto de inflexión, la toma del Congreso el pasado 6 de enero. Para ella la democracia estadounidense está en absoluta vulnerabilidad, y ésta será la primera herida a sanar.

Creo que la figura, así como la representación de una activista, progresista liberal y liderando causas como la de los derechos LGBTI, migrantes, e impulsando una mejor legislación de la mariguana, el control de armas y una reforma policial, será más que una agenda proactiva, innovadora y controversial que ayudará a reimaginar un Estados Unidos más inclusivo.

Kamala Harris, no es resultado de la espontaneidad, es efecto ¿cuáles son estas causas? Movimientos feministas y mujeres que han pavimentado su llegada en el mundo como Michelle Bachelet en Chile, Cristina Fernández en Argentina y Dilma Rousseff en Brasil; evidentemente, en Estados Unidos pilares como Eleanor Roosevelt y Ruth Bader Ginsbourg; Alda Facio, la marea rosa y verde, tantas que han luchado en los últimos años.

Kamala ya no es futuro, es presente, es un camino a este siglo que nos pertenece ¿quién dará ese paso en México? ¿cómo aprovechar este impulso? Seremos testigas, pero también agentes fundamentales de este cambio que ya nadie detiene.

Nuria Palou Bueno


“Nuestro miedo más profundo no es el de ser inapropiados.

Nuestro miedo más profundo es el de ser poderosos más allá de toda medida.” – Marianne Williamson.

Hace unos 13 años un muy querido Embajador regresaba a vivir a México después de cerrar una vida diplomática y de estar más de una década en Asia. Lo invité a darnos unas palabras de cierre en una simulación de la Organización de las Naciones Unidas en Puebla. Recuerdo con nitidez lo que nos dijo a cientos de jóvenes mujeres en ese tiempo: “el siglo XXI les pertenece”, lo tenía claro, seríamos nosotras las que cambiaríamos el rumbo de cada uno de los países.

Hoy por hoy, todavía no vemos una mujer fungir como Secretaria General de las Naciones Unidas, sin embargo, existe desde hace quince años la Canciller Angela Merkel que mantiene el balance y dirige con toda certeza el rumbo de un país como Alemania, y no solo eso, también se ha encargado de sostener Europa.

El pasado miércoles 20 de enero, me resonaron esas palabras que escuché hace tantos años y que cada día se vuelven más evidentes porque veo, leo y conozco más historias de mujeres que están rompiendo el conocido “techo de cristal”, producto de una sociedad patriarcal que lentamente se enfrenta a la inevitable realidad de darnos paso a las mujeres.

Ver en pantalla a Kamala Devi Harris, vestida de morado, con su llamado de unidad y símbolo de lucha por la igualdad de género perpetua este dicho de que este siglo nos pertenece. Enlistemos todas las “primeras veces” que representa Harris: es la primera vicepresidentA de Estados Unidos (sí con mayúscula esa “A”); es la primera mujer negra y con ascendencia asiática en llegar a ese puesto; juró el cargo ante la primera jueza hispana de la Suprema Corte de ese país, Sonia Sotomayor. Subrayemos una y otra vez la palabra primera, porque como bien dice Melinda Gates “empoderar a mujeres cambia el mundo”.

Ahora ¿qué quiere hacer Kamala Harris? De entrada, ha jurado no ser una vicepresidenta prudente, una que se quede en las sombras del mandatario. Esto solo es permanecer congruente a su carrera política, Kamala toda la vida ha estado muy cerca del activísimo social, cada una de sus campañas han alzado la bandera de los derechos humanos y civiles, ambos inculcados por sus padres inmigrantes. En su libro “The Truths We Hold” (2019) escribe solemnemente que para ella la importancia de “trabajar con propósito” es sinónimo de trascendencia (pág. 214). El observar y dignificar el trabajo hace que nuestra sociedad funcione cada día mejor. Sus luchas seguirán siendo, la igualdad en la atención de la salud (siendo un derecho humano básico); el mejoramiento del sistema de justicia de Estados Unidos; los programas de vigilancia de drogas, venta y tráfico de opioides y narcóticos; buscar en todo momento el mejoramiento del estado de derecho; aumentar el salario mínimo y la protección de refugiados e inmigrantes.

Joel Goldstein, historiador y decano de la Universidad de St. Louis y autor del libro “The White House Vice Presidency: The Path to Significance, Mondale to Biden,” comentó que Harris estará en una posición única para tener un “efecto consecuencial” como vicepresidenta, no sólo por la naturaleza histórica de su ascenso -que la ha llevado hasta donde está-, sino también porque la magnitud de las crisis que enfrenta esta nueva administración no puede ser manejada por el presidente únicamente, nunca antes se habían necesitado cuatro manos en la Casa Blanca.

En una de las últimas entrevistas que dio a CBS News antes de tomar posesión como vicepresidenta, Harris habla de la prioridad de vacunar a 1 millón de personas en los primeros 100 días de la administración, reabrir escuelas de forma segura y habla de ese momento de horror, pero que le sirvió como punto de inflexión, la toma del Congreso el pasado 6 de enero. Para ella la democracia estadounidense está en absoluta vulnerabilidad, y ésta será la primera herida a sanar.

Creo que la figura, así como la representación de una activista, progresista liberal y liderando causas como la de los derechos LGBTI, migrantes, e impulsando una mejor legislación de la mariguana, el control de armas y una reforma policial, será más que una agenda proactiva, innovadora y controversial que ayudará a reimaginar un Estados Unidos más inclusivo.

Kamala Harris, no es resultado de la espontaneidad, es efecto ¿cuáles son estas causas? Movimientos feministas y mujeres que han pavimentado su llegada en el mundo como Michelle Bachelet en Chile, Cristina Fernández en Argentina y Dilma Rousseff en Brasil; evidentemente, en Estados Unidos pilares como Eleanor Roosevelt y Ruth Bader Ginsbourg; Alda Facio, la marea rosa y verde, tantas que han luchado en los últimos años.

Kamala ya no es futuro, es presente, es un camino a este siglo que nos pertenece ¿quién dará ese paso en México? ¿cómo aprovechar este impulso? Seremos testigas, pero también agentes fundamentales de este cambio que ya nadie detiene.

ÚLTIMASCOLUMNAS