/ miércoles 9 de junio de 2021

"¡Y el vencedor de este combate es…!”

Exultante, Andrés Manuel López Obrador celebra los triunfos de su partido en al menos diez estados de la República. Desde la tribuna de sus mañaneras --mostrándose feliz, feliz, feliz—, considera a Morena ganador en las elecciones intermedias por haber mantenido, junto con sus aliados la mayoría simple en la Cámara de Diputados, lo que le permite –afirma una y otra vez—controlar el presupuesto y aplicar así los despilfarros de sus obras y sus programas sociales. Para Morena lo importante es que el jefe esté contento, no importa la tunda que recibió con la pérdida de al menos seis de las más importantes alcaldías de la Ciudad de México; esa derrota se atribuye a la candidez de los votantes capitalinos que se dejaron llevar por las campañas de desprestigio de los conservadores y la prensa reaccionaria, incluidos medios extranjeros como el británico The Economist.

Para la oposición representada mayormente por la alianza PAN-PRI-PRD, la pérdida de al menos diez gubernaturas estatales se compensa con las victorias municipales en la capital y en la zona conurbada del Estado de México, pero sobre todo el haber impedido que Morena y sus validos alcancen la mayoría calificada que le permitiera reformas constitucionales y otras decisiones jurídicas que requieren una votación mínima de dos terceras partes en la Cámara baja. En los resultados de las elecciones intermedias, cada quien su interpretación y el derecho a proclamarse vencedor.

Pero en los comicios del domingo pasado sí hay un claro ganador: el Instituto Nacional Electoral como instrumento de la ciudadanía para la organización, desarrollo y calificación de las elecciones. Debe atribuirse al INE el mérito de haber logrado –aún en plena pandemia-- la votación más nutrida en la historia del país en elecciones intermedias con 53 por ciento del total del padrón, lo cual revela la confianza en el órgano que la sociedad se dio para administrar esta expresión de la democracia. Además de este mérito, cabe al INE --vale decir al ciudadano—otro tanto o más importante: alejar la amenaza de su desaparición por un capricho del presidente de la República que había expresado la aviesa intención de disolver ese órgano autónomo y devolver las funciones de los procesos electorales al gobierno federal, como ocurrió en tiempos muy anteriores. Sin la mayoría calificada, López Obrador y Morena carecerán del camino libre para desaparecer el INE, como lo ha hecho o pretende hacerlo con otros órganos autónomos.

Sin la mayoría calificada, López Obrador y Morena carecerán del camino libre para desaparecer el INE, como lo ha hecho o pretende hacerlo con otros órganos autónomos.

srio1934@gmail.com

Exultante, Andrés Manuel López Obrador celebra los triunfos de su partido en al menos diez estados de la República. Desde la tribuna de sus mañaneras --mostrándose feliz, feliz, feliz—, considera a Morena ganador en las elecciones intermedias por haber mantenido, junto con sus aliados la mayoría simple en la Cámara de Diputados, lo que le permite –afirma una y otra vez—controlar el presupuesto y aplicar así los despilfarros de sus obras y sus programas sociales. Para Morena lo importante es que el jefe esté contento, no importa la tunda que recibió con la pérdida de al menos seis de las más importantes alcaldías de la Ciudad de México; esa derrota se atribuye a la candidez de los votantes capitalinos que se dejaron llevar por las campañas de desprestigio de los conservadores y la prensa reaccionaria, incluidos medios extranjeros como el británico The Economist.

Para la oposición representada mayormente por la alianza PAN-PRI-PRD, la pérdida de al menos diez gubernaturas estatales se compensa con las victorias municipales en la capital y en la zona conurbada del Estado de México, pero sobre todo el haber impedido que Morena y sus validos alcancen la mayoría calificada que le permitiera reformas constitucionales y otras decisiones jurídicas que requieren una votación mínima de dos terceras partes en la Cámara baja. En los resultados de las elecciones intermedias, cada quien su interpretación y el derecho a proclamarse vencedor.

Pero en los comicios del domingo pasado sí hay un claro ganador: el Instituto Nacional Electoral como instrumento de la ciudadanía para la organización, desarrollo y calificación de las elecciones. Debe atribuirse al INE el mérito de haber logrado –aún en plena pandemia-- la votación más nutrida en la historia del país en elecciones intermedias con 53 por ciento del total del padrón, lo cual revela la confianza en el órgano que la sociedad se dio para administrar esta expresión de la democracia. Además de este mérito, cabe al INE --vale decir al ciudadano—otro tanto o más importante: alejar la amenaza de su desaparición por un capricho del presidente de la República que había expresado la aviesa intención de disolver ese órgano autónomo y devolver las funciones de los procesos electorales al gobierno federal, como ocurrió en tiempos muy anteriores. Sin la mayoría calificada, López Obrador y Morena carecerán del camino libre para desaparecer el INE, como lo ha hecho o pretende hacerlo con otros órganos autónomos.

Sin la mayoría calificada, López Obrador y Morena carecerán del camino libre para desaparecer el INE, como lo ha hecho o pretende hacerlo con otros órganos autónomos.

srio1934@gmail.com