/ lunes 21 de octubre de 2019

Y tú… ¿qué prefieres? Cambio de fórmula, cambio de etiqueta o alimentación

Por Dr. Víctor Manuel Hernández Pimentel

La obesidad y sobrepeso son enfermedades crónico-multifactoriales, donde se involucran aspectos de tipo genómico, ambiental y de estilo de vida. En México, 7 de cada 10 personas adultas presenta alguna de estas enfermedades siendo causante directo de otras enfermedades crónico como hipertensión, dislipidemia y enfermedades osteoartritis.

Diversas políticas se han implementado a nivel mundial con el fin de reducir el consumo de ciertos alimentos por supuestamente contribuir al desarrollo de estas enfermedades, dentro de las cuales tenemos incremento a impuestos a bebidas azucaradas, subsidios para favorecer el consumo de alimentos más sanos. No obstante, la política que ha mostrado el mayor costo/beneficio en algunos países de Latinoamérica es la reformulación de alimentos, con el fin de obtener alimentos de mejor calidad nutricional.

La reformulación alimentaria, se refiere a una estrategia empleada para modificar una receta alimentaria, reemplazando, adicionando o eliminando algunos ingredientes para mejorar el perfil nutricional en un alimento, eliminando principalmente grasas de tipo saturadas y trans, azúcares y sodio.

En algunos países de Latinoamérica, esta medida se ha aplicado de manera voluntaria por lo que no se ha visto un efecto significativo en la salud de los consumidores, sin embargo, en otros países como Chile, se ha implementado de manera obligatoria lo que ha provocado que algunas empresas se involucren de una manera más activa desarrollando productos cada vez más sanos. Como ejemplo la empresa Nestlé, que desde el año 2005, ha impulsado el producir algunos de sus productos con menor aporte calórico mediante la sustitución de algunos ingredientes, o la disminución del tamaño de sus chocolates y de igual forma PEPSICO tiene como objetivo para el 2025, que sus bebidas refrescantes tengan 100 kcal o menos.

Un aspecto negativo de la reformulación es que algunas empresas no se están sensibilizando y únicamente reformulan sus productos al mínimo cambio para evitar ser etiquetados con un sello precautorio. Un estudio realizado en Chile aplicado a consumidores de salchichas tipo Frankfurt donde se entrevistaron a 495 personas demostró que las salchichas etiquetadas sin sellos precautorios fueron percibidas como más saludables y con una mayor intención de compra. Por otro lado, los sellos precautorios en el otro grupo de salchichas no mostraron un efecto significativo en la percepción de los consumidores.

El discurso que se está llevando al respecto resulta idealista, que en un mundo perfecto pudiera funcionar, y que al decirle a una persona no hagas o no consumas esto porque hace daño lo va a dejar de hacer o consumir. La realidad es que, en Chile, según entrevistas a diputados que votaron por la ley en su momento, reconocen que, por el contrario, al objetivo inicial, la obesidad ha aumentado.

El etiquetado de alimentos en nuestro país actualmente está por demás completo, se tiene una lista de ingredientes y con ellos el porcentaje de composición según su aparición, se cuenta con una tabla nutrimental, y una guía alimentaria que son las cápsulas con el contenido calórico que aporta el alimento. En Chile, el efecto principal es que la gente dejó de comprar inicialmente los alimentos con nota precautoria a las grasas.

Con lo anterior, me pregunto, ¿la nueva ley de etiquetado realmente busca combatir problemas de salud en las personas? O simplemente busca presentar un alimento señalado como peligroso que el consumidor puede ser que ni tome el tiempo de leer su nueva etiqueta.

En una encuesta que realicé con 100 personas observé que la gente compra ciertos productos por su precio y costumbre, y que solo el 12% leían su información nutrimental, sin entenderla, y el 5% sabían lo que representaban las calorías de un alimento en su dieta. Lo que realmente generaría un cambio es que se busquen mejoras en otros ámbitos, que realmente impacten en la salud de la población y que demuestren una verdadera preocupación de las autoridades, como podrían ser programas de educación desde edades tempranas para crear el hábito, y esperando ver un efecto dentro de 5 a 10 años.

Para concluir, dejo una pregunta ¿qué cree usted que sea más factible que pase? Opción 1.- se cambia el etiquetado, y en unos días puede ser que nos vendan otros productos con menor cantidad de producto para no superar las calorías por porción y los consumidores compren más raciones. Opción 2.- Se cambia el etiquetado y se permite que las empresas reformulen sus alimentos empleando otros nutrientes más sanos. Opción 3.- Se cambia el etiquetado y los consumidores seguirán comprando los alimentos que les gustan.

Por Dr. Víctor Manuel Hernández Pimentel

La obesidad y sobrepeso son enfermedades crónico-multifactoriales, donde se involucran aspectos de tipo genómico, ambiental y de estilo de vida. En México, 7 de cada 10 personas adultas presenta alguna de estas enfermedades siendo causante directo de otras enfermedades crónico como hipertensión, dislipidemia y enfermedades osteoartritis.

Diversas políticas se han implementado a nivel mundial con el fin de reducir el consumo de ciertos alimentos por supuestamente contribuir al desarrollo de estas enfermedades, dentro de las cuales tenemos incremento a impuestos a bebidas azucaradas, subsidios para favorecer el consumo de alimentos más sanos. No obstante, la política que ha mostrado el mayor costo/beneficio en algunos países de Latinoamérica es la reformulación de alimentos, con el fin de obtener alimentos de mejor calidad nutricional.

La reformulación alimentaria, se refiere a una estrategia empleada para modificar una receta alimentaria, reemplazando, adicionando o eliminando algunos ingredientes para mejorar el perfil nutricional en un alimento, eliminando principalmente grasas de tipo saturadas y trans, azúcares y sodio.

En algunos países de Latinoamérica, esta medida se ha aplicado de manera voluntaria por lo que no se ha visto un efecto significativo en la salud de los consumidores, sin embargo, en otros países como Chile, se ha implementado de manera obligatoria lo que ha provocado que algunas empresas se involucren de una manera más activa desarrollando productos cada vez más sanos. Como ejemplo la empresa Nestlé, que desde el año 2005, ha impulsado el producir algunos de sus productos con menor aporte calórico mediante la sustitución de algunos ingredientes, o la disminución del tamaño de sus chocolates y de igual forma PEPSICO tiene como objetivo para el 2025, que sus bebidas refrescantes tengan 100 kcal o menos.

Un aspecto negativo de la reformulación es que algunas empresas no se están sensibilizando y únicamente reformulan sus productos al mínimo cambio para evitar ser etiquetados con un sello precautorio. Un estudio realizado en Chile aplicado a consumidores de salchichas tipo Frankfurt donde se entrevistaron a 495 personas demostró que las salchichas etiquetadas sin sellos precautorios fueron percibidas como más saludables y con una mayor intención de compra. Por otro lado, los sellos precautorios en el otro grupo de salchichas no mostraron un efecto significativo en la percepción de los consumidores.

El discurso que se está llevando al respecto resulta idealista, que en un mundo perfecto pudiera funcionar, y que al decirle a una persona no hagas o no consumas esto porque hace daño lo va a dejar de hacer o consumir. La realidad es que, en Chile, según entrevistas a diputados que votaron por la ley en su momento, reconocen que, por el contrario, al objetivo inicial, la obesidad ha aumentado.

El etiquetado de alimentos en nuestro país actualmente está por demás completo, se tiene una lista de ingredientes y con ellos el porcentaje de composición según su aparición, se cuenta con una tabla nutrimental, y una guía alimentaria que son las cápsulas con el contenido calórico que aporta el alimento. En Chile, el efecto principal es que la gente dejó de comprar inicialmente los alimentos con nota precautoria a las grasas.

Con lo anterior, me pregunto, ¿la nueva ley de etiquetado realmente busca combatir problemas de salud en las personas? O simplemente busca presentar un alimento señalado como peligroso que el consumidor puede ser que ni tome el tiempo de leer su nueva etiqueta.

En una encuesta que realicé con 100 personas observé que la gente compra ciertos productos por su precio y costumbre, y que solo el 12% leían su información nutrimental, sin entenderla, y el 5% sabían lo que representaban las calorías de un alimento en su dieta. Lo que realmente generaría un cambio es que se busquen mejoras en otros ámbitos, que realmente impacten en la salud de la población y que demuestren una verdadera preocupación de las autoridades, como podrían ser programas de educación desde edades tempranas para crear el hábito, y esperando ver un efecto dentro de 5 a 10 años.

Para concluir, dejo una pregunta ¿qué cree usted que sea más factible que pase? Opción 1.- se cambia el etiquetado, y en unos días puede ser que nos vendan otros productos con menor cantidad de producto para no superar las calorías por porción y los consumidores compren más raciones. Opción 2.- Se cambia el etiquetado y se permite que las empresas reformulen sus alimentos empleando otros nutrientes más sanos. Opción 3.- Se cambia el etiquetado y los consumidores seguirán comprando los alimentos que les gustan.

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