/ viernes 9 de octubre de 2015

“100 mitos desmentidos por la ciencia”

Roberto Rondero / El Sol de México

Únicamente utilizamos el 10 por ciento de nuestro cerebro, en el cerebro adulto ya no se generan nuevas neuronas, el cabello y las uñas nos siguen creciendo después de que morimos, arrancar una cana hace que salgan otras seis, un disgusto puede hacer que el cabello se vuelva blanco en una noche, podemos aprender idiomas mientras dormimos, diariamente hay que tomar dos litros de agua, son tan solo algunos de los “100 Mitos desmentidos por la ciencia” (Ediciones B, 331 páginas), escrito por Daniel Closa i Auter (Barcelona, 1961), doctor en biología e investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Bien se dice que de tanto repetir una mentira se vuelve una realidad, máxime en el imaginario colectivo, pero en “100 mitos desmentidos por la ciencia” se analiza la causa y la explicación de cómo estos mitos han sido aceptados y resultan estimulantes para la imaginación.

-Mitos de todo tipo

“Al igual que los mitos clásicos –previene Closa i Auter- los mitos modernos son fruto del desconocimiento y de nuestros propios deseos. Nos gustaría que quedase un poco de magia en el mundo y, por lo tanto, atribuir propiedades místicas a la Luna o a los astros. Interpretamos el comportamiento de los animales desde nuestro punto de vista, llegando a dar interpretaciones absurdas a comportamientos muy simples. Echamos de menos una vida sencilla, que en realidad nunca ha existido, y atribuimos propiedades supuestamente saludables a cosas naturales y otras malignas a los productos artificiales.

“Los mitos se mantienen a base de ser repetidos una y otra vez. Con internet han aparecido nuevos mitos, mientras que otros se han reforzado. Pero por más interesantes e incluso divertidos que sean los mitos, hay que recordar que normalmente las cosas tienen una explicación que podemos conocer. A menudo la realidad resulta ser más interesante que el propio mito”.

El cabello y las unas nos siguen creciendo después de que morimos.- Es uno de los mitos más clásicos, mitos relacionados con cadáveres y muertos; una de las cosas que se cuentan para asustar a los niños en las noches de tormenta y, de paso, impresionar a los adultos; de inmediato nos vienen a la mente imágenes pavorosas de esqueletos provistos de largas cabelleras y amenazantes uñas; una imagen ciertamente espeluznante, que en realidad es falsa.

“Cuando el cuerpo muere, las células dejan de funcionar y esto también incluye a las células que dan lugar a las uñas y el cabello. Al final del trayecto vital, la parada es completa y definitiva, también para las uñas y el cabello. ¿Cómo se originó esta idea? Seguramente porque es cierto que los difuntos parecen tener las uñas y el cabello más largos de como los recordaban sus familiares. Debe ser muy impresionante exhumar un cuerpo y ver las uñas exageradamente grandes o un cabello mucho más largo.

“Lo que sucede es que no tenemos claro el tamaño de las uñas de los dedos porque en realidad no vemos la totalidad de la uña. En la raíz de la uña hay una parte que queda oculta por la piel, mientras estamos vivos. Pero las cosas cambian después de la muerte: cuando el metabolismo se detiene, el organismo experimenta una rápida e intensa pérdida de agua. Esta deshidratación hace que los tejidos del cuerpo se encojan y se retraigan. Esto conlleva a que la parte de las uñas que normalmente no se ve quede al descubierto y la uña completa, de la raíz a la punta, sea visible. En realidad las uñas no crecen tras la muerte, simplemente se hace evidente una parte que habitualmente estaba oculta”…

Roberto Rondero / El Sol de México

Únicamente utilizamos el 10 por ciento de nuestro cerebro, en el cerebro adulto ya no se generan nuevas neuronas, el cabello y las uñas nos siguen creciendo después de que morimos, arrancar una cana hace que salgan otras seis, un disgusto puede hacer que el cabello se vuelva blanco en una noche, podemos aprender idiomas mientras dormimos, diariamente hay que tomar dos litros de agua, son tan solo algunos de los “100 Mitos desmentidos por la ciencia” (Ediciones B, 331 páginas), escrito por Daniel Closa i Auter (Barcelona, 1961), doctor en biología e investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Bien se dice que de tanto repetir una mentira se vuelve una realidad, máxime en el imaginario colectivo, pero en “100 mitos desmentidos por la ciencia” se analiza la causa y la explicación de cómo estos mitos han sido aceptados y resultan estimulantes para la imaginación.

-Mitos de todo tipo

“Al igual que los mitos clásicos –previene Closa i Auter- los mitos modernos son fruto del desconocimiento y de nuestros propios deseos. Nos gustaría que quedase un poco de magia en el mundo y, por lo tanto, atribuir propiedades místicas a la Luna o a los astros. Interpretamos el comportamiento de los animales desde nuestro punto de vista, llegando a dar interpretaciones absurdas a comportamientos muy simples. Echamos de menos una vida sencilla, que en realidad nunca ha existido, y atribuimos propiedades supuestamente saludables a cosas naturales y otras malignas a los productos artificiales.

“Los mitos se mantienen a base de ser repetidos una y otra vez. Con internet han aparecido nuevos mitos, mientras que otros se han reforzado. Pero por más interesantes e incluso divertidos que sean los mitos, hay que recordar que normalmente las cosas tienen una explicación que podemos conocer. A menudo la realidad resulta ser más interesante que el propio mito”.

El cabello y las unas nos siguen creciendo después de que morimos.- Es uno de los mitos más clásicos, mitos relacionados con cadáveres y muertos; una de las cosas que se cuentan para asustar a los niños en las noches de tormenta y, de paso, impresionar a los adultos; de inmediato nos vienen a la mente imágenes pavorosas de esqueletos provistos de largas cabelleras y amenazantes uñas; una imagen ciertamente espeluznante, que en realidad es falsa.

“Cuando el cuerpo muere, las células dejan de funcionar y esto también incluye a las células que dan lugar a las uñas y el cabello. Al final del trayecto vital, la parada es completa y definitiva, también para las uñas y el cabello. ¿Cómo se originó esta idea? Seguramente porque es cierto que los difuntos parecen tener las uñas y el cabello más largos de como los recordaban sus familiares. Debe ser muy impresionante exhumar un cuerpo y ver las uñas exageradamente grandes o un cabello mucho más largo.

“Lo que sucede es que no tenemos claro el tamaño de las uñas de los dedos porque en realidad no vemos la totalidad de la uña. En la raíz de la uña hay una parte que queda oculta por la piel, mientras estamos vivos. Pero las cosas cambian después de la muerte: cuando el metabolismo se detiene, el organismo experimenta una rápida e intensa pérdida de agua. Esta deshidratación hace que los tejidos del cuerpo se encojan y se retraigan. Esto conlleva a que la parte de las uñas que normalmente no se ve quede al descubierto y la uña completa, de la raíz a la punta, sea visible. En realidad las uñas no crecen tras la muerte, simplemente se hace evidente una parte que habitualmente estaba oculta”…