/ miércoles 30 de noviembre de 2016

Cristo articulado del siglo XIX regresó al barrio de Acapantzingo, en Morelos

Autoridades del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en el Estado de Morelos realizaron la entrega formal de un Cristo articulado del siglo XIX a la Parroquia de San Miguel Arcángel, ubicada en el barrio de Acapantzingo, en Cuernavaca, luego de varios meses de trabajos de restauración en los que expertos unieron elementos fracturados, recuperaron la función de las articulaciones, eliminaron repintes y recobraron la policromía original.

A la ceremonia de entrega-recepción asistieron miembros de la comunidad de Acapantzingo, quienes junto con una banda de música escoltaron al Cristo desde el Taller de Restauración del Centro INAH Morelos hasta el atrio de la parroquia, ubicado en la acera de enfrente, al tiempo que repicaban las campanas y lanzaban cohetones en señal de júbilo por su retorno.

En el atrio lo esperaba un catafalco en el que fue colocado para su conservación y veneración, al tiempo que los fieles lo recibieron con aplausos y globos blancos y amarillos.

Al hacer la entrega de la escultura, el director del Centro INAH Morelos, el antropólogo Víctor Hugo Valencia señaló que para el INAH la intervención de este Cristo significó estrechar los vínculos con la comunidad de Acapantzingo, con la que diariamente conviven los especialistas de la institución, ya que les permitió restaurar un bien histórico mueble que para esta localidad representa una imagen de gran devoción.

“Los restauradores y los antropólogos hacen su trabajo con gran responsabilidad, pero la labor que realizan con las comunidades a veces no se percibe, pese a que es una de las actividades más valiosas porque permite conservar su identidad cultural a través de estas acciones”.

Durante la ceremonia se firmó el acta de entrega-recepción del Cristo del siglo XIX, por el antropólogo Víctor Hugo Valencia y el presbítero Álvaro del Carmen Masis Solano, y se proporcionó una copia del informe técnico de la intervención. Asimismo, el párroco entregó un diploma de reconocimiento a los especialistas por la restauración de la pieza religiosa.

La talla, elaborada en madera de colorín que la hace ligera y apta para participar en la Pasión de Cristo durante la Semana Santa, presentaba múltiples fracturas en ambos pies y el cuello, así como en los ensambles que dan movilidad a las articulaciones de las rodillas y el cuello, además de rotura de los goznes ubicados en los hombros y desgarre de las cubiertas de piel de vacuno. Tales daños se produjeron durante un fuerte sismo registrado en 2012, que provocó que el Cristo se desprendiera del muro en el que colgaba sobre su cruz y se impactara en el piso.

La restauradora Elda Anrubio Vega, responsable del proyecto de intervención, informó que el Cristo —de 1.40 m de alto x 40 cm de ancho— se utilizaba en procesiones y participaba en la representación de la Crucifixión durante la Semana Santa, por lo que antes de la caída ya presentaba varias intervenciones no profesionales, amén de modificaciones estructurales y funcionales, la más notoria en las piernas para hacerlas articuladas y poder escenificar el pasaje bíblico del viacrucis, pero después fue inmovilizado nuevamente mediante un cendal hecho de pergamino, que aún conserva.

La especialista, adscrita a la Sección de Conservación y Restauración del Centro INAH Morelos, señaló que como parte de la restauración se estabilizó la estructura y se unieron los fragmentos de los pies y los ensambles fracturados, también, se rehabilitaron los goznes, en tanto que las cubiertas de piel reseca y desgarrada se sustituyeron con piel de vacuna nueva que permite la flexión de las articulaciones.

La pieza se sometió a un proceso de limpieza y se retiraron varias capas de repintes, aplicadas a lo largo del siglo XX, hasta llegar a la policromía original. “El rostro rígido y sin expresión del Señor de Acapantzingo pasó a ser una pieza de gran dramatismo y belleza”.

Elda Anrubio dijo que la escultura recobró su valor estético al recuperar la encarnación original, en la que se representa el cuerpo inerte de Cristo con muchas heridas y laceraciones en la espalda, además de que en las espinillas se aprecian incrustaciones de hueso, mientras que el rostro cuenta con postizos de dientes y ojos de vidrio.

Por motivos de conservación, indico la restauradora, el Cristo de Acapantzingo ya no estará crucificado ni saldrá a procesión, en tanto que fue colocado en una urna de forma permanente, similar a las que protegen a las imágenes del Cristo del Santo Sepulcro.

En la ceremonia de entrega de la talla también estuvieron las restauradoras Teresita Loera Cabeza de Vaca, Daniela Robles y Tania Quevedo, así como Alma Rosa Cienfuegos, jefa de Servicios Legales del Centro INAH Morelos.

Autoridades del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en el Estado de Morelos realizaron la entrega formal de un Cristo articulado del siglo XIX a la Parroquia de San Miguel Arcángel, ubicada en el barrio de Acapantzingo, en Cuernavaca, luego de varios meses de trabajos de restauración en los que expertos unieron elementos fracturados, recuperaron la función de las articulaciones, eliminaron repintes y recobraron la policromía original.

A la ceremonia de entrega-recepción asistieron miembros de la comunidad de Acapantzingo, quienes junto con una banda de música escoltaron al Cristo desde el Taller de Restauración del Centro INAH Morelos hasta el atrio de la parroquia, ubicado en la acera de enfrente, al tiempo que repicaban las campanas y lanzaban cohetones en señal de júbilo por su retorno.

En el atrio lo esperaba un catafalco en el que fue colocado para su conservación y veneración, al tiempo que los fieles lo recibieron con aplausos y globos blancos y amarillos.

Al hacer la entrega de la escultura, el director del Centro INAH Morelos, el antropólogo Víctor Hugo Valencia señaló que para el INAH la intervención de este Cristo significó estrechar los vínculos con la comunidad de Acapantzingo, con la que diariamente conviven los especialistas de la institución, ya que les permitió restaurar un bien histórico mueble que para esta localidad representa una imagen de gran devoción.

“Los restauradores y los antropólogos hacen su trabajo con gran responsabilidad, pero la labor que realizan con las comunidades a veces no se percibe, pese a que es una de las actividades más valiosas porque permite conservar su identidad cultural a través de estas acciones”.

Durante la ceremonia se firmó el acta de entrega-recepción del Cristo del siglo XIX, por el antropólogo Víctor Hugo Valencia y el presbítero Álvaro del Carmen Masis Solano, y se proporcionó una copia del informe técnico de la intervención. Asimismo, el párroco entregó un diploma de reconocimiento a los especialistas por la restauración de la pieza religiosa.

La talla, elaborada en madera de colorín que la hace ligera y apta para participar en la Pasión de Cristo durante la Semana Santa, presentaba múltiples fracturas en ambos pies y el cuello, así como en los ensambles que dan movilidad a las articulaciones de las rodillas y el cuello, además de rotura de los goznes ubicados en los hombros y desgarre de las cubiertas de piel de vacuno. Tales daños se produjeron durante un fuerte sismo registrado en 2012, que provocó que el Cristo se desprendiera del muro en el que colgaba sobre su cruz y se impactara en el piso.

La restauradora Elda Anrubio Vega, responsable del proyecto de intervención, informó que el Cristo —de 1.40 m de alto x 40 cm de ancho— se utilizaba en procesiones y participaba en la representación de la Crucifixión durante la Semana Santa, por lo que antes de la caída ya presentaba varias intervenciones no profesionales, amén de modificaciones estructurales y funcionales, la más notoria en las piernas para hacerlas articuladas y poder escenificar el pasaje bíblico del viacrucis, pero después fue inmovilizado nuevamente mediante un cendal hecho de pergamino, que aún conserva.

La especialista, adscrita a la Sección de Conservación y Restauración del Centro INAH Morelos, señaló que como parte de la restauración se estabilizó la estructura y se unieron los fragmentos de los pies y los ensambles fracturados, también, se rehabilitaron los goznes, en tanto que las cubiertas de piel reseca y desgarrada se sustituyeron con piel de vacuna nueva que permite la flexión de las articulaciones.

La pieza se sometió a un proceso de limpieza y se retiraron varias capas de repintes, aplicadas a lo largo del siglo XX, hasta llegar a la policromía original. “El rostro rígido y sin expresión del Señor de Acapantzingo pasó a ser una pieza de gran dramatismo y belleza”.

Elda Anrubio dijo que la escultura recobró su valor estético al recuperar la encarnación original, en la que se representa el cuerpo inerte de Cristo con muchas heridas y laceraciones en la espalda, además de que en las espinillas se aprecian incrustaciones de hueso, mientras que el rostro cuenta con postizos de dientes y ojos de vidrio.

Por motivos de conservación, indico la restauradora, el Cristo de Acapantzingo ya no estará crucificado ni saldrá a procesión, en tanto que fue colocado en una urna de forma permanente, similar a las que protegen a las imágenes del Cristo del Santo Sepulcro.

En la ceremonia de entrega de la talla también estuvieron las restauradoras Teresita Loera Cabeza de Vaca, Daniela Robles y Tania Quevedo, así como Alma Rosa Cienfuegos, jefa de Servicios Legales del Centro INAH Morelos.