/ jueves 29 de septiembre de 2016

Enlace matrimonial Malacara-Ruiz

El sueño de toda mujer es llegar al altar vestida de blanco y que enfrente de éste se encuentre esperándola su príncipe azul, pues ese día especial llegó para Patricia Eugenia Ruiz Ortega, quien rodeada de familia, amigos e invitados especiales arribó con un hermoso vestido strapless con detalles bordados, a la Parroquia de San Pablo Apóstol ubicada en la calzada de Tlalpan de la Ciudad de México, para unir su vida con Adrián Malacara Inclán.

La novia recorrió la alfombra roja de la mano de su padre Felipe Ruiz, que la encaminó al altar, donde ya la estaba esperando su futuro esposo acompañado de su madre, Adriana Inclán, para dar inicio a la ceremonia religiosa que fue liderada por el párroco Aturo Vidal Zuazua, en donde los novios se dieron el sí y con el tradicional “puede besar a la novia” sellaron su gran amor y prometieron ante Dios respetarse todos los días de su vida.

Posteriormente, los asistentes se dirigieron a la recepción que se realizó en las instalaciones del Museo Anahuacalli, donde la feliz pareja llegó en una limusina Jaguar blanca, para ser recibidos con aplausos y ovaciones de sus invitados, quienes les arrojaron pétalos de rosas blancas mientras caminaban a la mesa de honor que estaba adornada con un bonito arreglo floral, velas y con los nombres de ambos en letras plateadas.

En la velada especial los presentes pudieron disfrutar de un exquisito menú en tres tiempos, en la entrada se pudo degustar de un joque seco o con queso roquefort y granada, tabulee, fatoush, shanclish, keppe crudo, keppe bola, garbanza molida, berenjena molina, hojas de parra en aceite o con carne, calabaza rellena en salsa de joque y arroz con lenteja; para el plato fuerte se ofreció una parrilla con alambre de arrachera, shistaouk y de kafta; en el postre deleitaron sus paladares con dulces árabes surtidos y empanadas de nata.

El tradicional brindis no pudo faltar y estuvo acompañado de buenos deseos para la felicidad eterna de los anfitriones, así como de felicitaciones. La noche estuvo llena de baile, risas, alegría que sin duda alguna se volvió un día inolvidable para los ya esposos.

El sueño de toda mujer es llegar al altar vestida de blanco y que enfrente de éste se encuentre esperándola su príncipe azul, pues ese día especial llegó para Patricia Eugenia Ruiz Ortega, quien rodeada de familia, amigos e invitados especiales arribó con un hermoso vestido strapless con detalles bordados, a la Parroquia de San Pablo Apóstol ubicada en la calzada de Tlalpan de la Ciudad de México, para unir su vida con Adrián Malacara Inclán.

La novia recorrió la alfombra roja de la mano de su padre Felipe Ruiz, que la encaminó al altar, donde ya la estaba esperando su futuro esposo acompañado de su madre, Adriana Inclán, para dar inicio a la ceremonia religiosa que fue liderada por el párroco Aturo Vidal Zuazua, en donde los novios se dieron el sí y con el tradicional “puede besar a la novia” sellaron su gran amor y prometieron ante Dios respetarse todos los días de su vida.

Posteriormente, los asistentes se dirigieron a la recepción que se realizó en las instalaciones del Museo Anahuacalli, donde la feliz pareja llegó en una limusina Jaguar blanca, para ser recibidos con aplausos y ovaciones de sus invitados, quienes les arrojaron pétalos de rosas blancas mientras caminaban a la mesa de honor que estaba adornada con un bonito arreglo floral, velas y con los nombres de ambos en letras plateadas.

En la velada especial los presentes pudieron disfrutar de un exquisito menú en tres tiempos, en la entrada se pudo degustar de un joque seco o con queso roquefort y granada, tabulee, fatoush, shanclish, keppe crudo, keppe bola, garbanza molida, berenjena molina, hojas de parra en aceite o con carne, calabaza rellena en salsa de joque y arroz con lenteja; para el plato fuerte se ofreció una parrilla con alambre de arrachera, shistaouk y de kafta; en el postre deleitaron sus paladares con dulces árabes surtidos y empanadas de nata.

El tradicional brindis no pudo faltar y estuvo acompañado de buenos deseos para la felicidad eterna de los anfitriones, así como de felicitaciones. La noche estuvo llena de baile, risas, alegría que sin duda alguna se volvió un día inolvidable para los ya esposos.