/ viernes 14 de febrero de 2020

A través de la moda llaman a salvar el planeta

Expertos denuncian que instan a una transformación profunda de una de las industrias más contaminantes

Las firmas de moda multiplican sus llamados a salvar el planeta en sus desfiles, pero su gesto corresponde sobre todo a un lavado de imagen, denuncian expertos que instan a una transformación profunda de una de las industrias más contaminantes.

Siempre atenta a las tendencias sociales, la moda busca ser portavoz de la lucha contra el cambio climático. Por ejemplo, los desfiles masculinos de la pasada Semana de la Moda en París, el diseñador belga Walter Van Beirendonck. escribió en sus prendas "Salvemos el planeta Tierra", "Dejen de comprar ropa pronta y barata". Un desfile "totalmente sostenible", clamó la marca Vetements.

Por su parte, la firma estadounidense Rhude abrió su pase con un mensaje apocalíptico sobre el fin de la Madre Tierra. Pero su diseñador Rhuigi Villaseñor quien dijo haber hallado la víspera el texto en internet y afirmó desconocer su autor.

Sin embargo, para Christie Miedema, de la red internacional Clean Clothes Campaign, que reúne más de 200 organizaciones el clima y el medioambiente “se han convertido en lemas de marketing de la moda, obviando que ella misma representa una de las industrias más contaminantes".

De acuerdo con las cifras de la ONU, la producción de ropa y calzado es responsable del 8% de las emisiones en el mundo. Cada año, se venden globalmente unos 100 mil millones de prendas, cuya producción se duplicó entre 2000 y 2014, según Greenpeace.

"El primer mensaje es reducir las cantidades, hay demasiadas colecciones", afirma Catherine Rolin, de la ONG France Nature Environnement.

En la pasarela, las firmas presentan una colección cada seis meses, mientras que en las tiendas el plazo puede ser todavía más corto, lo que alienta al consumidor a renovar su guardarropa constantemente.

Miedema lamenta incluso que algunas iniciativas supuestamente ecológicas se hayan distorsionado, como las de firmas como "H&M, que ofrecen un descuento si se deposita (en la tienda) la ropa vieja... de manera a seguir consumiendo más".

FASHION PACT

También los materiales y tejidos tienen su impacto ecológico. Las microfibras de las prendas sintéticas acaban contaminando el mar y el algodón requiere "pesticidas y mucha agua" para su producción, detalla Rolin.

Los menos impactantes, afirma, son el "lino y el cáñamo, así como el algodón sostenible".

En cuanto a la viscosa, una alternativa barata a la seda que se vende como un "producto mágico porque no procede de la industria petroquímica, pero abre la puerta al `greenwashing`", según Urska Trunk, autora de un reciente informe de la Fundación Changing Markets que critica la falta de transparencia y control sobre este material por parte de marcas como Dior, Prada, Versace, Fendi y Dolce & Gabbana.

"Lo que es frustrante es que la gente pague más por un producto de lujo sin garantía de una producción más sostenible. Estas marcas no informan sobre cómo fabrican su ropa ni quiénes son sus proveedores. No son transparentes", lamenta Trunk, asegurando que hay excepciones, como la británica Stella McCartney.

Pero para Joël Hazan, director asociado de Boston Consulting Group, a la industria de la moda no le queda más remedio que emprender la transición ecológica.

"Hoy, 80% de los milenials esperan de las marcas que desempeñen un papel medioambiental y social fuerte". Y "el 80% del crecimiento del mercado del lujo en los próximos cinco años vendrá" de esta generación, afirma Hazan, especialista en esta industria.

Por lo tanto, "no habrá elección. Nadie comprará productos" en el futuro que no respeten el medioambiente, afirma.

Seguramente conscientes de estas expectativas, grandes grupos del textil, como el gigante del lujo francés Kering, Chanel, H&M, Inditex, Gap y Nike, lanzaron el año pasado el "Fashion Pact", una coalición llamada a "dirigir sus empresas hacia acciones compatibles" con un calentamiento global de +1.5 ºC, objetivo del Acuerdo de París.

Pero "el problema de estos compromisos voluntarios es que no hay control", lamenta Rolin.

"Hace falta una trazabilidad, transparencia y prever sanciones", subraya.

¿Y LA SEMANA DE LA MODA?

En pleno debate sobre la emergencia climática, la propia organización de las Semanas de la Moda, - que incluyen el viaje en avión de miles de personas, el montaje de decenas de escenarios efímeros y el transporte de las colecciones -, también suscita debate.

La de Estocolmo fue directamente suspendida el año pasado y en París, la Federación de la Alta Costura y de la Moda prepara medidas para evaluar su impacto climático con miras a reducirlo.

Hazan subraya que, en la capital mundial de la moda, la solución pasará por cambios que "tomarán su tiempo".

Si se incluye la cosmética, la industria del lujo "es el segundo sector que más empleo crea en Francia. Es importante que los clientes vengan para ver y comprar", defiende.

Pero "el modelo deberá adaptarse. Ha habido abusos y excesos, y la manera en que las Semanas de la Moda se organizan contribuye a todo ello".

FAST FASHION

Se entiende por moda rápida el fenómeno por el cual se introducen colecciones de ropa que siguen las últimas tendencias de la moda y que han sido diseñadas y fabricadas de forma acelerada y a bajo costo. Así, la industria le ofrece al consumidor la posibilidad de acceder a prendas novedosas a precios asequibles y de forma continua, con cerca de 50 colecciones al año -distinto a las tradicionales colecciones anuales de primavera/verano y otoño/invierno.

  • 7 veces se usa una prenda antes de ser desechada (Fuente WRI)
  • 2 mil 700 litros de agua consume producir una camisa de algodón (Fuente: World Resources Institute -WRI)
  • 20% de la contaminación industrial del agua la genera la producción textil
  • 5% del comercio mundial de los productos de manufactura representan las prendas de vestir y los textiles
  • 40 millones de obreros del textil hay en el mundo; 85% son mujeres, muchas de ellas menores de edad, ganando dos dólares al día (Fuente documental 'The True Cost').
  • 8 pares de zapatos y 68 prendas de ropa compra al año un consumidor promedio, cada una con un tiempo de vida máximo de tres meses (Fuente documental 'The True Cost')

Las firmas de moda multiplican sus llamados a salvar el planeta en sus desfiles, pero su gesto corresponde sobre todo a un lavado de imagen, denuncian expertos que instan a una transformación profunda de una de las industrias más contaminantes.

Siempre atenta a las tendencias sociales, la moda busca ser portavoz de la lucha contra el cambio climático. Por ejemplo, los desfiles masculinos de la pasada Semana de la Moda en París, el diseñador belga Walter Van Beirendonck. escribió en sus prendas "Salvemos el planeta Tierra", "Dejen de comprar ropa pronta y barata". Un desfile "totalmente sostenible", clamó la marca Vetements.

Por su parte, la firma estadounidense Rhude abrió su pase con un mensaje apocalíptico sobre el fin de la Madre Tierra. Pero su diseñador Rhuigi Villaseñor quien dijo haber hallado la víspera el texto en internet y afirmó desconocer su autor.

Sin embargo, para Christie Miedema, de la red internacional Clean Clothes Campaign, que reúne más de 200 organizaciones el clima y el medioambiente “se han convertido en lemas de marketing de la moda, obviando que ella misma representa una de las industrias más contaminantes".

De acuerdo con las cifras de la ONU, la producción de ropa y calzado es responsable del 8% de las emisiones en el mundo. Cada año, se venden globalmente unos 100 mil millones de prendas, cuya producción se duplicó entre 2000 y 2014, según Greenpeace.

"El primer mensaje es reducir las cantidades, hay demasiadas colecciones", afirma Catherine Rolin, de la ONG France Nature Environnement.

En la pasarela, las firmas presentan una colección cada seis meses, mientras que en las tiendas el plazo puede ser todavía más corto, lo que alienta al consumidor a renovar su guardarropa constantemente.

Miedema lamenta incluso que algunas iniciativas supuestamente ecológicas se hayan distorsionado, como las de firmas como "H&M, que ofrecen un descuento si se deposita (en la tienda) la ropa vieja... de manera a seguir consumiendo más".

FASHION PACT

También los materiales y tejidos tienen su impacto ecológico. Las microfibras de las prendas sintéticas acaban contaminando el mar y el algodón requiere "pesticidas y mucha agua" para su producción, detalla Rolin.

Los menos impactantes, afirma, son el "lino y el cáñamo, así como el algodón sostenible".

En cuanto a la viscosa, una alternativa barata a la seda que se vende como un "producto mágico porque no procede de la industria petroquímica, pero abre la puerta al `greenwashing`", según Urska Trunk, autora de un reciente informe de la Fundación Changing Markets que critica la falta de transparencia y control sobre este material por parte de marcas como Dior, Prada, Versace, Fendi y Dolce & Gabbana.

"Lo que es frustrante es que la gente pague más por un producto de lujo sin garantía de una producción más sostenible. Estas marcas no informan sobre cómo fabrican su ropa ni quiénes son sus proveedores. No son transparentes", lamenta Trunk, asegurando que hay excepciones, como la británica Stella McCartney.

Pero para Joël Hazan, director asociado de Boston Consulting Group, a la industria de la moda no le queda más remedio que emprender la transición ecológica.

"Hoy, 80% de los milenials esperan de las marcas que desempeñen un papel medioambiental y social fuerte". Y "el 80% del crecimiento del mercado del lujo en los próximos cinco años vendrá" de esta generación, afirma Hazan, especialista en esta industria.

Por lo tanto, "no habrá elección. Nadie comprará productos" en el futuro que no respeten el medioambiente, afirma.

Seguramente conscientes de estas expectativas, grandes grupos del textil, como el gigante del lujo francés Kering, Chanel, H&M, Inditex, Gap y Nike, lanzaron el año pasado el "Fashion Pact", una coalición llamada a "dirigir sus empresas hacia acciones compatibles" con un calentamiento global de +1.5 ºC, objetivo del Acuerdo de París.

Pero "el problema de estos compromisos voluntarios es que no hay control", lamenta Rolin.

"Hace falta una trazabilidad, transparencia y prever sanciones", subraya.

¿Y LA SEMANA DE LA MODA?

En pleno debate sobre la emergencia climática, la propia organización de las Semanas de la Moda, - que incluyen el viaje en avión de miles de personas, el montaje de decenas de escenarios efímeros y el transporte de las colecciones -, también suscita debate.

La de Estocolmo fue directamente suspendida el año pasado y en París, la Federación de la Alta Costura y de la Moda prepara medidas para evaluar su impacto climático con miras a reducirlo.

Hazan subraya que, en la capital mundial de la moda, la solución pasará por cambios que "tomarán su tiempo".

Si se incluye la cosmética, la industria del lujo "es el segundo sector que más empleo crea en Francia. Es importante que los clientes vengan para ver y comprar", defiende.

Pero "el modelo deberá adaptarse. Ha habido abusos y excesos, y la manera en que las Semanas de la Moda se organizan contribuye a todo ello".

FAST FASHION

Se entiende por moda rápida el fenómeno por el cual se introducen colecciones de ropa que siguen las últimas tendencias de la moda y que han sido diseñadas y fabricadas de forma acelerada y a bajo costo. Así, la industria le ofrece al consumidor la posibilidad de acceder a prendas novedosas a precios asequibles y de forma continua, con cerca de 50 colecciones al año -distinto a las tradicionales colecciones anuales de primavera/verano y otoño/invierno.

  • 7 veces se usa una prenda antes de ser desechada (Fuente WRI)
  • 2 mil 700 litros de agua consume producir una camisa de algodón (Fuente: World Resources Institute -WRI)
  • 20% de la contaminación industrial del agua la genera la producción textil
  • 5% del comercio mundial de los productos de manufactura representan las prendas de vestir y los textiles
  • 40 millones de obreros del textil hay en el mundo; 85% son mujeres, muchas de ellas menores de edad, ganando dos dólares al día (Fuente documental 'The True Cost').
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