/ lunes 12 de octubre de 2015

Día de Muertos en Michoacán

por Ricardo Olivares Garciafigueroa

Staff:

D.G.: Brisa Leticia Arenas Rios.

Eduardo Ramírez Rodríguez.

Huele a incienso, a copal, y se asoma por ahí en diferentes jardineras la flor de cempasúchil, que dan fuerza a esta gran fiesta que se avecina. Estimado lector de Turismo Xplora, esta vez le sugerimos la visita al estado de Michoacán, que estará conmemorando a partir del día de mañana y durante el fin de semana la Noche de Muertos, que en esta ocasión estará realizando diversos eventos, dándole realce a esta entidad, misma que en estos días generará una expresión máxima del alma de México.

En Michoacán, la conmemoración del Día de Muertos es una tradición solemne, que aún conserva esa genuina manifestación de un profundo respeto y veneración a los seres que materialmente ya no existen, y a los que a través de la ofrenda se les rinde tributo.

El visitante encontrará diversas actividades, entre las cuales destacan presentaciones de ofrendas, tianguis y concursos artesanales, muestras gastronómicas, danza, música y otras manifestaciones culturales que le darán fuerza al evento.

De la riqueza cultural-espiritual de los purépechas, adicionada con la conquista espiritual española, resultó un rico sincretismo religioso, siendo una de sus muestras la conmemoración de muertos.

Cosmogonía prehispánica

Querido lector, es importante hacer mención que durante la época precolombina los pueblos prehispánicos concebían al universo bajo una ley de contrarios que daba origen, dentro de esta concepción, al binomio vida-muerte, que eran considerados como dos aspectos de una misma realidad; una es consecuencia de la otra, parte de un mismo proceso de relación-destrucción que había dado origen al universo, al planeta y a la Humanidad.

El mundo mesoamericano estaba dividido en tres planos que constituían una unidad en la que ninguna de las partes podía prevalecer sobre las otras: la parte superior o cielo, el plano medio o mundo de los hombres y la parte inferior o inframundo, que es el reino de la oscuridad y de la muerte.

Los purépechas compartieron esta misma concepción, en donde su universo también era tripartita: el cielo se definía como el Auándaro, que era habitado por los dioses celestes o engendradores, representados por el sol, la luna, las estrellas, las águilas mayores y menores, y otras aves. El Echerrendo o la tierra donde habitaban los dioses terrestres, que habían descendido para convivir con los hombres, los cuales se hacían presentes en el fuego del hogar o en espíritus que moraban en los animales del monte, en el aire, en el agua de los lagos y ríos, y en las grandes rocas; y el Cumiechúcuaro o región inferior, lo profundo de la tierra que era morada de los dioses que gobernaban el mundo de la muerte.

La fiesta hoy y las ofrendas

Hoy en día la conmemoración de los muertos conserva una carga significativa religiosa y popular, que sigue rindiendo tributo a los ya idos, en un ambiente de duelo y fiesta, de tristeza y algarabía, porque vive la creencia en la continuidad de la vida después de la muerte, de que las almas de los muertos viajan y se comunican con los vivos. La incertidumbre acerca del destino de las almas, provocada por la certeza del juicio final, que enviará a los espíritus al cielo, infierno, purgatorio o al limbo, siguen siendo el sustento y la razón de ser de los rituales funerarios.

Velación de los angelitos

El día 1º de noviembre se instalan ofrendas y altares a los infantes que han dejado el mundo de los vivos; al principio, el padrino de bautizo lleva un arco, el cual será arreglado con flor de cempasúchil o flor de ánima, junto con dulces de azúcar con figura de ángel o animalitos, juguetes e inclusive ropa, como parte de la ofrenda.

Durante la preparación, el evento es anunciado con cohetes y camino a la casa de los papás del ahijado, los acompañantes van cantando alabanzas y rezando; mientras en el hogar del pequeño difunto los padres han dispuesto el altar donde se colocará la ofrenda y le han preparado platillos de la cocina tradicional.

La mañana del día primero, muy temprano, los papás y los padrinos del niño se dirigen al panteón a llevar la ofrenda, en la tumba permanecen entre las 5 y las 9 horas, tiempo en el que encienden las velas como un recordatorio de la luz de Cristo y le tributan lo que le han llevado en su ofrenda.

La velación de los muertos

El día 2 de noviembre la ofrenda está dedicada a los difuntos mayores. La velación comienza la noche del día primero con la preparación de las ofrendas que se han de colocar en las tumbas o en los altares familiares y concluye ya entrada la mañana del día 2. Finalizadas las actividades en la casa, salen con la ofrenda hacia el cementerio, donde habrán de permanecer, al igual que los demás habitantes de la localidad, ofrendando a sus deudos. Durante la velación acostumbran a intercambiar las ofrendas con las personas cercanas o conocidas, como una forma de regresar las mismas cosas a sus hogares.

En los sepulcros se colocan arcos de varas entrelazadas, arreglados con flores amarillas de cempasúchil, de los que prenden frutas como plátanos, naranjas, limas, jícamas y panes. Las  tumbas son cubiertas con servilletas bordadas y sobre ellas ponen cazuelas, jarros y canastas con la comida que fuera del gusto del difunto y las velas que guiarán el camino de los muertos.

El altar familiar que se coloca en los hogares se compone, según la costumbre de cada lugar, de imágenes religiosas y fotografías de los familiares que han dejado este mundo. En ocasiones, ropa y objetos personales y de trabajo; para evocar su presencia, se encienden velas alrededor de una cruz de pétalos de flor de cempasúchil, las cuales deben permanecer encendidas, pues serán la guía para iluminar el camino de ida y de regreso.

Todo esto en un ambiente muy oloroso y humeante de copal, acompañado de vasos con agua para las ánimas que llegan sedientas; por su parte, los recipientes con sal tienen diversos significados, para algunos representa el sudor y para otros evitar la corrupción de los cuerpos.

¿Cómo llegar?

Línea de autobús: ETN.

Terminal: Observatorio.

Precio: $430.00.

Tiempo de recorrido: 4 Horas.

Sujeto a cambios sin previo aviso.

por Ricardo Olivares Garciafigueroa

Staff:

D.G.: Brisa Leticia Arenas Rios.

Eduardo Ramírez Rodríguez.

Huele a incienso, a copal, y se asoma por ahí en diferentes jardineras la flor de cempasúchil, que dan fuerza a esta gran fiesta que se avecina. Estimado lector de Turismo Xplora, esta vez le sugerimos la visita al estado de Michoacán, que estará conmemorando a partir del día de mañana y durante el fin de semana la Noche de Muertos, que en esta ocasión estará realizando diversos eventos, dándole realce a esta entidad, misma que en estos días generará una expresión máxima del alma de México.

En Michoacán, la conmemoración del Día de Muertos es una tradición solemne, que aún conserva esa genuina manifestación de un profundo respeto y veneración a los seres que materialmente ya no existen, y a los que a través de la ofrenda se les rinde tributo.

El visitante encontrará diversas actividades, entre las cuales destacan presentaciones de ofrendas, tianguis y concursos artesanales, muestras gastronómicas, danza, música y otras manifestaciones culturales que le darán fuerza al evento.

De la riqueza cultural-espiritual de los purépechas, adicionada con la conquista espiritual española, resultó un rico sincretismo religioso, siendo una de sus muestras la conmemoración de muertos.

Cosmogonía prehispánica

Querido lector, es importante hacer mención que durante la época precolombina los pueblos prehispánicos concebían al universo bajo una ley de contrarios que daba origen, dentro de esta concepción, al binomio vida-muerte, que eran considerados como dos aspectos de una misma realidad; una es consecuencia de la otra, parte de un mismo proceso de relación-destrucción que había dado origen al universo, al planeta y a la Humanidad.

El mundo mesoamericano estaba dividido en tres planos que constituían una unidad en la que ninguna de las partes podía prevalecer sobre las otras: la parte superior o cielo, el plano medio o mundo de los hombres y la parte inferior o inframundo, que es el reino de la oscuridad y de la muerte.

Los purépechas compartieron esta misma concepción, en donde su universo también era tripartita: el cielo se definía como el Auándaro, que era habitado por los dioses celestes o engendradores, representados por el sol, la luna, las estrellas, las águilas mayores y menores, y otras aves. El Echerrendo o la tierra donde habitaban los dioses terrestres, que habían descendido para convivir con los hombres, los cuales se hacían presentes en el fuego del hogar o en espíritus que moraban en los animales del monte, en el aire, en el agua de los lagos y ríos, y en las grandes rocas; y el Cumiechúcuaro o región inferior, lo profundo de la tierra que era morada de los dioses que gobernaban el mundo de la muerte.

La fiesta hoy y las ofrendas

Hoy en día la conmemoración de los muertos conserva una carga significativa religiosa y popular, que sigue rindiendo tributo a los ya idos, en un ambiente de duelo y fiesta, de tristeza y algarabía, porque vive la creencia en la continuidad de la vida después de la muerte, de que las almas de los muertos viajan y se comunican con los vivos. La incertidumbre acerca del destino de las almas, provocada por la certeza del juicio final, que enviará a los espíritus al cielo, infierno, purgatorio o al limbo, siguen siendo el sustento y la razón de ser de los rituales funerarios.

Velación de los angelitos

El día 1º de noviembre se instalan ofrendas y altares a los infantes que han dejado el mundo de los vivos; al principio, el padrino de bautizo lleva un arco, el cual será arreglado con flor de cempasúchil o flor de ánima, junto con dulces de azúcar con figura de ángel o animalitos, juguetes e inclusive ropa, como parte de la ofrenda.

Durante la preparación, el evento es anunciado con cohetes y camino a la casa de los papás del ahijado, los acompañantes van cantando alabanzas y rezando; mientras en el hogar del pequeño difunto los padres han dispuesto el altar donde se colocará la ofrenda y le han preparado platillos de la cocina tradicional.

La mañana del día primero, muy temprano, los papás y los padrinos del niño se dirigen al panteón a llevar la ofrenda, en la tumba permanecen entre las 5 y las 9 horas, tiempo en el que encienden las velas como un recordatorio de la luz de Cristo y le tributan lo que le han llevado en su ofrenda.

La velación de los muertos

El día 2 de noviembre la ofrenda está dedicada a los difuntos mayores. La velación comienza la noche del día primero con la preparación de las ofrendas que se han de colocar en las tumbas o en los altares familiares y concluye ya entrada la mañana del día 2. Finalizadas las actividades en la casa, salen con la ofrenda hacia el cementerio, donde habrán de permanecer, al igual que los demás habitantes de la localidad, ofrendando a sus deudos. Durante la velación acostumbran a intercambiar las ofrendas con las personas cercanas o conocidas, como una forma de regresar las mismas cosas a sus hogares.

En los sepulcros se colocan arcos de varas entrelazadas, arreglados con flores amarillas de cempasúchil, de los que prenden frutas como plátanos, naranjas, limas, jícamas y panes. Las  tumbas son cubiertas con servilletas bordadas y sobre ellas ponen cazuelas, jarros y canastas con la comida que fuera del gusto del difunto y las velas que guiarán el camino de los muertos.

El altar familiar que se coloca en los hogares se compone, según la costumbre de cada lugar, de imágenes religiosas y fotografías de los familiares que han dejado este mundo. En ocasiones, ropa y objetos personales y de trabajo; para evocar su presencia, se encienden velas alrededor de una cruz de pétalos de flor de cempasúchil, las cuales deben permanecer encendidas, pues serán la guía para iluminar el camino de ida y de regreso.

Todo esto en un ambiente muy oloroso y humeante de copal, acompañado de vasos con agua para las ánimas que llegan sedientas; por su parte, los recipientes con sal tienen diversos significados, para algunos representa el sudor y para otros evitar la corrupción de los cuerpos.

¿Cómo llegar?

Línea de autobús: ETN.

Terminal: Observatorio.

Precio: $430.00.

Tiempo de recorrido: 4 Horas.

Sujeto a cambios sin previo aviso.