/ lunes 21 de septiembre de 2015

Fiesta de San Miguel Arcángel en Atlixco

Por Ricardo Olivares Garciafigueroa

Staff:

D.G.: Brisa Leticia Arenas Rios

Eduardo Ramírez Rodríguez

Hoy le invitamos, querido lector, a romper el ritmo informativo por la gran cantidad de tinta vertida en los periódicos, haciendo alusión a las desgracias ocasionadas por las intensas lluvias en el país; también le sugerimos dejar de lado la impotencia y los sinsabores por tanto bloqueo, marchas y mítines que abundan en la ciudad de México.

Por ello, el equipo de Turismo Xplora estará recomendando una visita al bello estado de Puebla, particularmente al municipio de Atlixco, en donde se celebra a partir del 27 de este mes la fiesta del Huey Atlixcáyotl.

El Huey Atlixcáyotl es un festival cultural que se realiza en torno a las fiestas de San Miguel Arcángel, celebrado allá en el cerro del mismo nombre, pero en la parte conocida como Netotiloaya, que quiere decir “cerro de la danza”.

Este glorioso arcángel apareció en 493 en el monte Gargano en Italia. Esta aparición fue muy consoladora,  célebre y en reconocimiento de los beneficios que procuró a la Iglesia el enviado del Omnipotente, donde se estableció una fiesta para recordar este acontecimiento y en honra de San Miguel, que desde el siglo V se celebra, y que en otro tiempo era muy solemne en varios países de occidente.

Una vez que llegue a las faldas del cerro, despréndase de su auto por unas horas y siga por el estrecho camino que lo llevará a lo alto junto con varios feligreses, turistas y curiosos, entre ellos decenas de vendedores ambulantes, que hacen su mejor esfuerzo para ofrecer algunas de sus mercancías y así llevar el pan a sus hogares; aquí se pueden observar diversos platillos con un gran colorido en la presentación, en sus sabores, olores y colores. Por supuesto, no falta aquel vendedor de ronco pecho con voz fuerte que persuade constantemente a los transeúntes que van en dirección a la pequeña capilla de San Miguel, erigida por franciscanos y terminada en el año de 1571. Un enjambre de feligreses espera turno para entrar al recinto religioso… a lo lejos se podrán escuchar las tradicionales “Mañanitas”.

En la cumbre del cerro se puede sentir la paz y tranquilidad que se respira por este lugar, el paisaje rebana las emociones de cada uno de los integrantes de Turismo Xplora, abriendo los ojos y los sentimientos al poder contemplar sin prisas el azul intenso del cielo, cuya pureza persuade al más pecador de los pecadores para apreciar la grandeza de la naturaleza. Así mismo, los visitantes podrán apreciar diversas montañas bien perfiladas, grandes proporciones de sembradíos de varios tonos y hectáreas bordadas de flores, a lo lejos destaca el Volcán Popocatépetl con su nieve por siempre, por los siglos de los siglos. El Huey Atlixcáyotl aglutina 11 delegaciones de las regiones etnográficas del estado de Puebla.

Los visitantes quedan asombrados y este equipo no es la excepción al conocer los diversos grupos étnicos que se congregan aquí; conviven nahuas, otomíes, totonacas, tepehuas, popolocas, mixtecos, mazatecos, yaquis, zapotecas, huicholes, mazahuas, triques, mixes, tarascos y los reconocidos mayas que nunca faltan, que, orgullosos de sus antepasados y de lo que son, caminan bien espigados con mano en pecho, sintiendo toda la energía del cosmos, todos ellos y nosotros en una sola voz y en un solo grito.

Una vez en la punta del cerro y en el teatro al aire libre, ubicado en el cerro de San Miguel, cada uno de los asistentes se dispone a ubicarse en el mejor lugar para poder disfrutar del mágico espectáculo; la fiesta crece conforme avanzan los minutos y el lugar se convierte en un crisol de etnias que, unidas, forman una fuerza divina para rendirle tributo al dios Quetzalcóatl, agradeciendo el fruto de la siembra.

Los rituales dan inicio en la Plaza de la Danza de San Miguel con la representación de la danza apache de un grupo totonaco y un son tehuano de un grupo originario de Salina Cruz, Oaxaca, pero sin duda uno de los números que causan más expectación, jalando la mirada de los 30 mil asistentes que alcanzaron la cima del famoso cerro, es el de los Voladores de Papantla, que da inicio con el sonido de la flauta (chirimía) y el tamborcito (teponaztle), donde los danzantes, con una precisión milimétrica, iniciarán el ascenso al famoso poste que alcanza una altura de 35 metros; ya en el tope, el caporal se coloca de cara al cielo, en el centro, sentado se dirige a los dioses, pidiendo protección para cada uno de sus compañeros y para él. La primera invocación la hace para el volador que se sitúa al oriente, luego para el del poniente y el del norte, para concluir con el del sur.

Así, los danzantes inician la primera de las 13 vueltas, que multiplicadas por 4 voladores suman 52, que son los años que completaban un siglo indígena; años que significaban el fin y el comienzo de una nueva era en la vida de los pueblos, que fueron raíz del México antiguo.

Vaya pues, estimado amigo, haga el esfuerzo por asistir a esta hermosa fiesta, para conocer un poco más de nuestra tierra.

Por Ricardo Olivares Garciafigueroa

Staff:

D.G.: Brisa Leticia Arenas Rios

Eduardo Ramírez Rodríguez

Hoy le invitamos, querido lector, a romper el ritmo informativo por la gran cantidad de tinta vertida en los periódicos, haciendo alusión a las desgracias ocasionadas por las intensas lluvias en el país; también le sugerimos dejar de lado la impotencia y los sinsabores por tanto bloqueo, marchas y mítines que abundan en la ciudad de México.

Por ello, el equipo de Turismo Xplora estará recomendando una visita al bello estado de Puebla, particularmente al municipio de Atlixco, en donde se celebra a partir del 27 de este mes la fiesta del Huey Atlixcáyotl.

El Huey Atlixcáyotl es un festival cultural que se realiza en torno a las fiestas de San Miguel Arcángel, celebrado allá en el cerro del mismo nombre, pero en la parte conocida como Netotiloaya, que quiere decir “cerro de la danza”.

Este glorioso arcángel apareció en 493 en el monte Gargano en Italia. Esta aparición fue muy consoladora,  célebre y en reconocimiento de los beneficios que procuró a la Iglesia el enviado del Omnipotente, donde se estableció una fiesta para recordar este acontecimiento y en honra de San Miguel, que desde el siglo V se celebra, y que en otro tiempo era muy solemne en varios países de occidente.

Una vez que llegue a las faldas del cerro, despréndase de su auto por unas horas y siga por el estrecho camino que lo llevará a lo alto junto con varios feligreses, turistas y curiosos, entre ellos decenas de vendedores ambulantes, que hacen su mejor esfuerzo para ofrecer algunas de sus mercancías y así llevar el pan a sus hogares; aquí se pueden observar diversos platillos con un gran colorido en la presentación, en sus sabores, olores y colores. Por supuesto, no falta aquel vendedor de ronco pecho con voz fuerte que persuade constantemente a los transeúntes que van en dirección a la pequeña capilla de San Miguel, erigida por franciscanos y terminada en el año de 1571. Un enjambre de feligreses espera turno para entrar al recinto religioso… a lo lejos se podrán escuchar las tradicionales “Mañanitas”.

En la cumbre del cerro se puede sentir la paz y tranquilidad que se respira por este lugar, el paisaje rebana las emociones de cada uno de los integrantes de Turismo Xplora, abriendo los ojos y los sentimientos al poder contemplar sin prisas el azul intenso del cielo, cuya pureza persuade al más pecador de los pecadores para apreciar la grandeza de la naturaleza. Así mismo, los visitantes podrán apreciar diversas montañas bien perfiladas, grandes proporciones de sembradíos de varios tonos y hectáreas bordadas de flores, a lo lejos destaca el Volcán Popocatépetl con su nieve por siempre, por los siglos de los siglos. El Huey Atlixcáyotl aglutina 11 delegaciones de las regiones etnográficas del estado de Puebla.

Los visitantes quedan asombrados y este equipo no es la excepción al conocer los diversos grupos étnicos que se congregan aquí; conviven nahuas, otomíes, totonacas, tepehuas, popolocas, mixtecos, mazatecos, yaquis, zapotecas, huicholes, mazahuas, triques, mixes, tarascos y los reconocidos mayas que nunca faltan, que, orgullosos de sus antepasados y de lo que son, caminan bien espigados con mano en pecho, sintiendo toda la energía del cosmos, todos ellos y nosotros en una sola voz y en un solo grito.

Una vez en la punta del cerro y en el teatro al aire libre, ubicado en el cerro de San Miguel, cada uno de los asistentes se dispone a ubicarse en el mejor lugar para poder disfrutar del mágico espectáculo; la fiesta crece conforme avanzan los minutos y el lugar se convierte en un crisol de etnias que, unidas, forman una fuerza divina para rendirle tributo al dios Quetzalcóatl, agradeciendo el fruto de la siembra.

Los rituales dan inicio en la Plaza de la Danza de San Miguel con la representación de la danza apache de un grupo totonaco y un son tehuano de un grupo originario de Salina Cruz, Oaxaca, pero sin duda uno de los números que causan más expectación, jalando la mirada de los 30 mil asistentes que alcanzaron la cima del famoso cerro, es el de los Voladores de Papantla, que da inicio con el sonido de la flauta (chirimía) y el tamborcito (teponaztle), donde los danzantes, con una precisión milimétrica, iniciarán el ascenso al famoso poste que alcanza una altura de 35 metros; ya en el tope, el caporal se coloca de cara al cielo, en el centro, sentado se dirige a los dioses, pidiendo protección para cada uno de sus compañeros y para él. La primera invocación la hace para el volador que se sitúa al oriente, luego para el del poniente y el del norte, para concluir con el del sur.

Así, los danzantes inician la primera de las 13 vueltas, que multiplicadas por 4 voladores suman 52, que son los años que completaban un siglo indígena; años que significaban el fin y el comienzo de una nueva era en la vida de los pueblos, que fueron raíz del México antiguo.

Vaya pues, estimado amigo, haga el esfuerzo por asistir a esta hermosa fiesta, para conocer un poco más de nuestra tierra.