imagotipo

100 años de la Constitución / Raúl Aarón Pozos Lanz

  • Raúl Aarón Pozos

Esta semana celebramos el aniversario de la Constitución General de la República. Año con año conmemoramos la importancia de contar con un ordenamiento legal supremo, que le da viabilidad al pacto político fundamental y da cauce a los sueños y expectativas de toda la nación. Hoy, cada vez más cerca de su centenario, es importante recordar lo que la Constitución y los derechos que se consagran en ella representan.

Fue Ferdinand Lassalle quien dijo que la Constitución es la suma de los factores reales de poder. Esto es muy cierto, sin embargo me gusta pensar que no solo es eso. La Constitución es también la materialización de la conciencia colectiva de la nación. Refleja las grandes transformaciones impulsadas por sueños y valores de libertad y democracia. Es producto de luchas sociales, pero también la causa de expectativas y aspiraciones colectivas. La Constitución no solo es un documento escrito hace casi 100 años, es un documento vivo que refleja la identidad de una nación, es también un plano de aspiración colectiva que permite la modificación de esos factores reales de poder y que los redefine, pero siempre, con una vocación de libertad, democracia y la búsqueda de la dignidad humana. En nuestro caso, refleja no solo los factores de poder tal y como hoy se configuran, sino también los sueños de una nación, la madurez de los mexicanos y su vocación democrática.

Una de las características más polémicas de nuestra constitución ha sido el innumerable número de reformas que ha sufrido a lo largo de estos años. Para muchos, los cambios realizados a lo largo de casi un siglo, harían imposible que sus creadores de 1917 la reconocieran el día de hoy, y por ello, se arguye que estaríamos celebrando algo que dejó de existir hace tiempo. Estos críticos se olvidan de algo que me parece fundamental: las figuras fundamentales que nos representan como nación siguen intactos. En primer lugar me refiero al “…concepto de soberanía popular el cual no se ha alterado y es lo que hace posible la construcción y permanencia del Estado mexicano; segundo, la división de poderes es la misma en las tres constituciones federales; y por último, la República como forma de Gobierno también se ha mantenido vigente en esas tres constituciones”.(1) No es poca cosa, como se puede apreciar. Bastarían estas razones para celebrar estos primeros 100 años de nuestra Constitución.

A partir de esos cimientos inamovibles, nuestra Constitución fue la pionera en la inclusión de derechos sociales como la educación laica, el reparto de tierras y los derechos de los trabajadores. Ese carácter innovador también dio paso a reformas como la definición del régimen económico propuesto durante la administración del presidente de la Madrid, y más recientemente, con las reformas del 2011, sobresale la obligación del Estado mexicano de respetar, proteger, garantizar y promover los derechos humanos. De ahí precisamente que el presidente Peña Nieto haya hecho suya esa obligación de Estado y que desde el inicio de su administración se insista no solo en la construcción de un Estado de Derecho, sino de un Estado de derechos. Esta evolución hacia un Estado respetuoso de los derechos de todos es la razón por la cual los cambios en nuestra Constitución son bienvenidos.

Como senador de la República soy consciente de que todo reconocimiento de derechos a nivel constitucional debe permear en el sistema jurídico, las reformas deben ser integrales y deben hacerse de manera armónica con los ideales de nuestra Carta Magna. Una de las conclusiones del seminario llevado a cabo en el Senado de la República fue que “nuestra Constitución, actualizada a través de sucesivas reformas que han tenido lugar hasta la fecha, consigna un amplio catálogo de derechos; sin embargo, a pesar de que hoy garantiza libertades políticas e incluye un conjunto de derechos sociales, no ha resultado eficaz para resolver la desigualdad, que sigue siendo el problema central de nuestra convivencia y el desafío más significativo del Estado mexicano”.

Por ello, en el Senado de la República estamos comprometidos con el trabajo legislativo para reconstruir y adaptar la arquitectura institucional del país, para que esté a la altura de las aspiraciones de nuestra Constitución, que son las aspiraciones de los mexicanos. La mejor celebración de nuestra Constitución, es crear la legislación secundaria o las modificaciones necesarias al ordenamiento jurídico, para que sea no solo la suma de los factores reales de poder, sino el instrumento que permita materializar las aspiraciones de libertad, democracia y dignidad de las y los mexicanos.

* Senador de la República por el Estado de Campeche. Partido Revolucionario Institucional.

(1) Discusión con expertos en el foro “La Constitución: análisis rumbo a su centenario”, llevado a cabo en el Senado de la República.